Masha Dusnet era una joven trabajadora de una familia de gran estatus, donde siempre recibió un buen trato y respeto. Todo transcurría en calma hasta que una enfermedad grave afectó profundamente a su madre; se necesitaba una suma enorme de dinero para salvarla, pero nadie quiso ayudarla. Fue entonces cuando descubrió la verdadera cara de quienes una vez admiró y en quienes confiaba plenamente: sus propios jefes le dieron la espalda, abandonándola precisamente en el momento más difícil de su vida. Sentía que se quedaba completamente sola, sin apoyo ni consuelo, cuando más lo necesitaba. Desesperada y sin ninguna otra salida, se vio obligada a tomar una decisión arriesgada por el bien de su madre: tuvo que dejar atrás sus raíces, su hogar y todo lo que conocía, para adentrarse en un mundo hostil que la trataría como una esclava, quien quedara luchando por sobrevivir
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6 Un cómplice de inez (1/2)
—¿Estuviste siguiendo mis movimientos como una espía para usar eso en mi contra? Te lo advertiré una sola vez: no sabes de lo que soy capaz. Te destruiré si revelas algo de lo que sabes sobre mi salud —dijo Inés en un tono amenazante, sujetando a Doris del brazo con fuerza, sin mostrarle ninguna piedad.
—Señora, ¡me va a lastimar! No entiendo por qué me amenaza; yo solo quiero que cuide su salud, porque me angustia ver que se mantiene en silencio sobre lo que le pasa —respondió Doris, nerviosa, tratando de hacerle entender que no buscaba ningún beneficio propio, sino solo su bienestar.
—Mira bien, Doris: esto no es asunto tuyo. Mantén la boca cerrada y haz como si no supieras nada, o te arrepentirás de lo que te haré pasar. Vas a sufrir mucho —dijo Inés, molesta, sin soltarla del brazo.
—Está bien, estaré callada… pero solo le aseguro una cosa: eso que le pasa podría matarla en cualquier momento —dijo Doris, su empleada, anteS de salir de la cocina, queriendo evitar sufrir más maltratos por parte de su jefa.
Inés, sin cambiar de opinión y quedándose sola, murmuró:
—No permitiré que nadie se entere. Si lo hacen, correrá sangre aquí.
Doris se apresuró a salir, pero de golpe se encontró de frente con Miguel.
—Así que tú sabes qué problema de salud sufre mi cuñada… Me lo dirás ahora mismo, o yo mismo contaré que tomaste dinero de la caja sin permiso de mi hermano —dijo Miguel, quien había escuchado toda la conversación entre ellas, dejando claro además que sabía que Doris había robado dinero.
Ella se quedó un momento sorprendida y avergonzada, totalmente acorralada por el miedo, sin forma alguna de salir de esa situación sin hablar.
—Papá, reprobé el examen. Así que ya puedes ir olvidándote de mi viaje de egresados; por lo visto, la maestra no tuvo un buen día y no le pareció correcto ponerme una buena nota —dijo Noha quien entro a la mancion con calma y desánimo, mientras tiraba la mochila sobre el sofá y se sentaba para abrir una lata que sacó de la heladera pequeña que estaba cerca.
Inés, al escuchar que hablaba Miguel, se asomó para mirar.
—¿Me estás tomando el pelo, Noha? ¡Yo te pagué todo el año de colegio para que hicieras esto! Esto ya es el límite, y ya he tomado una decisión: te voy a enviar a una escuela militar en Londres —respondió Miguel, furioso, confrontando a su hijo, a quien parecía no importarle nada.
—¡Ándale, jefe! Sí, claro… total, para ti solo soy una carga que tienes que aguantar —respondió Noha, y le echó en cara algo doloroso—: Solo te advierto una cosa: estás actuando igual que mi madre, que desapareció para ser libre y recorrer el mundo.
Miguel se enfureció al escuchar esa comparación, le quitó la lata de la mano de un golpe y la lanzó con fuerza contra la pared.
—¡Ya basta de usar esas palabras para tocarme la fibra sensible cuando tú no eres responsable en nada! No te estoy abandonando, te estoy guiando por el camino correcto. Aunque a mí, como padre, también me duela ser así, tú tienes que ser alguien en la vida y valerte por ti mismo.
Doris observaba toda esa situación desde la distancia, mirando con atención y sin moverse, cuando apareció Inés a su lado.
—¿Qué haces ahí parada? Vete a limpiar el baño y no te quedes mirando —le dijo Inés de mala gana, regañándola y obligándola a retirarse de allí.
Doris, mientras caminaba despacio, miró una vez más hacia ellos y luego se fue, como si algo se le hubiera clavado en el corazón al ver el modo tan duro en que Miguel trataba a su propio hijo.
—¿Te parece correcto enviarlo a una escuela militar? Tú bien sabes lo que tú sufriste allá adentro… ¿Acaso quieres que la historia se repita otra vez? —lo confrontó Inéz, acercándose a él con tono acusador y desafiante.
Miguel se quedó serio un momento, sin saber qué responder, golpeado por esa verdad.
—Sabes, Inés, él es mi hijo y yo decido sobre su vida. No necesito tus consejos ni tus opiniones —respondió con dureza—. Ahora me retiro, porque no pienso seguir discutiendo sobre un asunto que solo le corresponde a mi hijo y a mí.
Miguel subió las escaleras alejándose de allí, como si estuviera huyendo de la conversación, porque en el fondo sabía que ella tenía razón, y detestaba admitir que estaba equivocado.
Gracias mi bella.
Decis Noha, al ver a su padre irse, y le levantó la mano hacia su ella con una sonrisa atrevida y mirada de complicidad.
Inéz le dio un ligero golpe con la mano, pero se sentó a su lado para hablar, manteniendo una distancia fría y calculadora.
—Te ayudaré siempre, pero solo si tú también me ayudas a mí a cambio —le dijo ella, dejando claro desde el principio que todo era un trato y nada era gratuito.
—Dime en qué te puedo servir. Ya sabes que siempre puedes contar conmigo, tía —respondió Noha, con una actitud muy obediente y afectuosa, y la abrazó con demasiada confianza, demostrando claramente que sentía algo más que cariño familiar por ella.
—Incluso… si quieres, podríamos divertirnos un rato nosotros solos —le susurró él, insinuándose sin ningún reparo, sin importarle que ella fuera la mujer de su tío, ya que le gustaban mucho las mujeres mayores y ella le parecía irresistible.
Inéz entendió perfectamente a qué se refería, y lo rechazó de inmediato con una frialdad absoluta, apartándose de él bruscamente.
—No te confundas, no me refiero a lo que tú estás pensando. Además, soy mucho mayor que tú y soy tu tía política. Solo te veo como a un chico cercano, nada más allá de eso. Olvida esa idea de una vez y búscate una novia de tu edad, que yo no soy ningún juego para ti.
Luego cambió de tono, volviendo a ser la mujer astuta que buscaba información, y agregó:
—Pero vamos a lo que importa. Tengo un problema: creo que tu tío me está engañando. Así que quiero que empieces a vigilar todos sus movimientos, y también los de mi empleada, Sasha. Si lo haces bien, yo te pagaré muy bien.
Dijo esto mientras se levantaba para retirarse, molesta porque él seguía insistiendo y no le soltaba la mano, usándolo solo como una herramienta para sus planes.
—¿Tengo que hacer solo eso? ¿No tienes nada más interesante o divertido para mí? —se quejó Noha, incómodo y decepcionado por tener que hacer ese trabajo de vigilancia, aunque sabía que lo aceptaría por el dinero y por estar cerca de ella.
Mientras hablaba, tomó otra lata de la pequeña heladera que estaba al lado del sofá, se puso de pie y subió las escaleras bebiendo de ella, pensando todavía en su tía y en lo que sentía por ella.