Salvatore Greco nunca tuvo problemas con la tentación.
Hasta que una mujer que no lo necesita se cruza en su camino.
Elira Rama es una sobreviviente.
No cree en rescates ni en promesas. Ha pasado su vida cuidando a otros y luchando por no perder el control de la suya.
Mientras él intenta protegerla y mantenerla a salvo, ella lucha por no depender de nadie.
Y cuando el deseo, el pasado y la ambición chocan, ambos deberán decidir si la tentación es una promesa… o una condena.
Porque no todas las mujeres quieren ser rescatadas.
Y no todos los capos sobreviven a aquello que no pueden dominar.
NovelToon tiene autorización de Yesenia Stefany Bello González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
¿Amor u obsesión?
Salvatore
–Son hermosos –digo con una sonrisa mientras sostengo a mis sobrinos por primera vez.
Stefy sonríe a mi lado y apoya su mentón en mi hombro mientras sus ojos se recrean en la visión de sus hijos. Y este momento, este maravilloso momento, pudo no haber pasado jamás, porque Stefy estuvo dispuesta a morir por amor.
Sacrificó su vida y la de sus hijos por mi hermano.
–¿Por qué lo hiciste? –le pregunto mientras me acomodo contra uno de los almohadones.
Stefy tendrá que estar mucho tiempo en cama y con terapia diaria si quiere volver a caminar. Eso es lo que Damián me explicó cuando lo llamé.
–¿Por qué? –insisto cuando sus ojos grises se clavan en los míos con conocimiento, como si supiera todos mis secretos, como si pudiera verla a ella riendo detrás de mis párpados.
–Esa pregunta no es justa y creo que ahora lo sabes. ¿O me equivoco? –pregunta alzando su perfecta ceja rubia.
–No sé de qué hablas –digo y vuelvo mi mirada a mis sobrinos, que son el reflejo de su madre.
–Cuéntame todo –pide mientras vuelve a apoyarse en mi hombro–. Soy tu amiga.
–No me has contestado –insisto.
Stefy suspira. –Sabes por qué lo hice. Lo hice porque amar es más que decirle a la otra persona que la amas, es demostrarlo, es sacrificarse. Es dar tu vida por la suya. No importa el precio que tengas que pagar, no cuando la felicidad de la persona que amas está en juego. Es devoción, es… es más sagrado que respirar.
Trago el nudo que se forma en mi garganta al escucharla. –Un amor así de intenso puede volverse obsesivo... Dañino –termino en un susurro.
Mi amiga y cuñada sonríe. –Soy una Messina. Así amamos. No hay matices con nosotros. Es todo o nada –se excusa mirando a sus hijos con toda la fuerza del amor que acaba de describir–. Pero los Greco aman igual. Y tú eres un Greco.
Arrugo mi ceño. –Apolo no.
–Apolo ama de una forma tan intensa, que Damián y tú no pueden reconocerlo. No todavía. Ama desde la soledad. Se aleja para poder amar con seguridad. Y eso también es un sacrificio, un peso que se lleva en el alma toda la vida, Salvatore. Un peso que no todos pueden cargar. Apolo los ama. Amó a la mamá de Damián, pero ama a Iris con todas sus fuerzas –declara y yo retrocedo con la sola imagen mental de ver a mi madre con un hombre–. Y cuando ellos den ese paso, tendrán que dejarlos. Se lo han ganado a pulso. Iris amó de una forma tan profunda que se quedó sin nada. Sin el amor de su vida. Sin una familia que darle a su hijo… sin nada. Incluso ahora ha perdido más. Perdió tu respeto –dice y siento como mi corazón se encoge dentro de mi pecho, porque es verdad. Algo se rompió entre mamá y yo, y no sé si quiero repararlo–. Pero no se arrepiente, y no lo hará jamás, porque el amor la llevó hasta dónde está. El amor no es suave, es fuerte. Es doloroso. Es aterrador. Pero vale la pena –termina antes de acariciar la mejilla de su hijo.
–Y si…–callo mientras mis ojos recorren las mejillas de mi sobrina–, y si esa persona no puede amarte de vuelta.
Sus ojos se estrechan y luego pone los ojos en blanco, haciendo un bufido muy poco femenino. –¡Mírate! –espeta con despreocupación–. ¿Quién podría no amarte?
El hielo baja por mi espalda cuando sé la respuesta.
–Alguien que no sabe cómo. Alguien que nunca se ha permitido disfrutar de nada en la vida, ni de una caricia, ni de un poco de helado, porque siempre ha estado luchando… Luchando, porque este mundo no puede verla como yo la veo, este mundo siempre está tratando de romperla… Una mujer que está cansada, pero sigue adelante, porque no tiene otra alternativa. Una mujer que no espera nada, porque cuando lo hizo nada pasó. Una niña que tuvo que crecer y cuidarse, porque perdió a todos. Una niña que no sabe sonreír, que no sabe vivir… solo sabe sobrevivir –digo al recordar el momento que se rompió. Fue fugaz, pero me dijo más de lo que ella me dirá alguna vez–. Una mujer que no sabe pedir ni recibir ayuda. Una mujer que preferiría arrancarse la mano antes de tomar la mía, porque la parte de ella que confiaba en los demás ya no está. Esa niña fue asesinada por este mundo mientras todos miraban –continúo con un sabor amargo en la boca–. Una mujer que puede cuidar de todos, menos de sí misma.
Stefy clava su mirada gris en la mía. –Cuéntame todo –exige y lo hago.
Le cuento desde que la vi sentada en el puente, mirando al vacío como si estuviera buscando una razón para seguir luchando. Le cuento cada abertura que pude vislumbrar en su escudo, cada pedazo de su vida que compartió conmigo. Lo que hizo para conseguir dinero y la desconexión que tiene con su cuerpo.
–Es doctora –interrumpe Stefy–. Un cuerpo es solo eso, carne y sangre.
–Está entregándole su alma a quiénes no la merecen.
–No lo hace –devuelve–. Eso es lo que tú quieres creer. La mujer que describes no siente nada, no puede hacerlo. Bailar desnuda o con ropa, con personas o sin ellas, solo sigue siendo un cuerpo moviéndose –insiste–. Pero no es lo que tú sientes. Tú crees que ella te pertenece, amigo. Y la verdad es que ni siquiera se pertenece a sí misma, solo lo hace a las circunstancias que la han llevado hasta dónde está. Y quizá, mientras no pueda reconciliarse con quién es y con la niña que fue, no podrá sentir, porque sencillamente su alma y su cuerpo se desconectaron a una temprana edad. El dolor hace eso. Te anestesia. Es un método de defensa y es a lo único que se va a aferrar, porque es todo lo que conoce, lo que le ha servido.
–No quiero que siga luchando. No quiero que siga sobreviviendo... quiero que pueda vivir, como todos lo hemos hecho. Pero sé que no soy el hombre que puede enseñarle a vivir. Soy el hombre que, sin querer, la haría elegir entre respirar y quedarse.
Stefy acaricia mi hombro con su barbilla y me sonríe. –Quizá tan solo necesita un amigo que pueda enseñarle cómo hacerlo.
Niego de inmediato. –No puedo ser su amigo…
–Porque la amas y la deseas tanto que no te vas a conformar con menos –termina por mí–. Quizá, si la amaras como tus papás lo hicieron con ustedes, entenderías que a veces hay que retroceder y dejar que los demás puedan avanzar y ser felices, aunque no sea a tu lado. Porque si puedes hacerlo, entenderás que el amor puede ser intenso y obsesivo, pero una obsesión nunca se transformará en amor… Creo que necesitas averiguar qué es lo que realmente sientes por ella.
Miro a mi amiga mientras pienso en lo que acaba de decir.
–Y creo que ya tomaste una decisión –continúa–. Por algo te quedaste con Albania y no con Grecia. Y no creo que esto solo sea por tus padres. Quieres mantenerla vigilada.
–Quiero cuidarla, pero entendí que amar a alguien no siempre significa quedarse. A veces significa retirarse antes de convertirse en aquello que más daño le haría.
–Creo que lo estás entendiendo mal. Elira no necesita un guardaespaldas ni alguien que limpie el camino que tiene que transitar. Necesita alguien que pueda caminar a su lado aunque el camino sea intransitable. Es lo que no ha tenido y lo que necesita. Si quieres recuperar a esa niña, a esa sonrisa, tendrás que sacrificar tus propios sueños y deseos –dice con una sonrisa triste–. Y tendrás que aceptar que recuperar a esa niña no hará que te ame de vuelta, pero quizá podrá amar a otro . Y eso, amigo, es el sacrificio más grande. El mismo que hicieron tus padres.
La puerta se abre y entra Damián con una sonrisa que nunca he visto en su rostro. La sonrisa de un hombre que tiene más de lo que alguna vez deseó. La sonrisa de un hombre que puede tocar el cielo cada día.
–Princesa –susurra, y mi sobrina gira el rostro hacia su padre de inmediato mientras sus labios se alzan en una adorable sonrisa–. Ven acá, mi amor –dice y la quita de mis brazos–. ¿Me lo perdí?
Stefy niega. –No, aún no los he alimentado, pero llegaste justo a tiempo para el cambio de pañales.
Le entrego a Adamo a mi cuñada. –Es la campana que necesitaba para volver –digo–. Cuídalos –le pido mirando a mi hermano, que está embobado con su hija, y a mis sobrinos.
–Siempre –dice de inmediato–. Me interpondría ante una bala por ellos –agrega con su particular humor, porque eso es justo lo que hizo cuando la esposa de Apolo casi acaba con la vida de mi hermano–. Ve a construir algo más que un imperio –me ordena–. Ve a buscar tu hogar.
Asiento y luego golpeo el hombro de mi hermano antes de salir.
Necesito volver esta noche.
❤️🩹🥲🥹
ojalá no deje que la otra vuelva, ya es hora de que disfrute su vida a su manera y con Salvatore que la ama