En una manada donde todos nacen marcados por la Luna, Lyra es la única que jamás recibió una marca. Creció siendo ignorada, despreciada y tratada como un error incluso por quienes debían protegerla. Para la manada, alguien sin marca no tiene lugar, poder… ni valor. Pero todo cambia cuando comienza a encontrarse en secreto con Rowan, el heredero de una manada vecina que nunca la miró con rechazo. Mientras él le enseña a confiar en sí misma, Kael —el futuro alfa que siempre la despreció— empieza a verla de una forma diferente tras descubrir que Lyra oculta algo imposible. Entre antiguas profecías, secretos de las manadas y un poder que podría cambiarlo todo, Lyra tendrá que decidir quién es realmente… antes de que otros decidan por ella.
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pulsera
La luna llena iluminaba el bosque con un brillo plateado suave.
El arroyo corría tranquilo cerca de ellos mientras el viento movía lentamente las ramas sobre sus cabezas.
Lyra estaba sentada sobre una roca, abrazando sus piernas contra el pecho.
Rowan permanecía recostado junto al tronco de un árbol, observándola en silencio.
—¿Por qué me miras así? —preguntó ella sin levantar la vista.
—Porque llevas diez minutos escondiendo algo detrás de la espalda.
Lyra frunció el ceño. Había sido tan obvia?
—Eres molesto.
—Y tú muy obvia.
Ella dudó unos segundos antes de suspirar exageradamente escondiendo una sonrisa emocionada
—Bien. Toma.
Rowan alzó una ceja cuando Lyra extendió la mano.
Era una pulsera sencilla.
Cordones oscuros entrelazados con pequeñas cuentas de madera y una diminuta piedra plateada en el centro.
Hecha a mano.
Él la observó sorprendido.
—¿La hiciste tú?
Lyra apartó la mirada inmediatamente.
—No es gran cosa.
Rowan tomó la pulsera con cuidado, como si fuera algo frágil.
—¿Por qué me la das?
Ella tragó saliva lentamente.
Porque había demasiadas respuestas para eso.
Porque él escuchaba.
Porque él la hacía sentir normal.
Porque junto a Rowan no parecía existir ese vacío horrible que cargaba desde niña.
Pero Lyra nunca había sido buena diciendo lo que sentía.
Así que solo murmuró:
—Gracias por no despreciarme como todos.
El silencio cayó entre ellos.
Rowan levantó lentamente la mirada hacia ella.
Y algo en su pecho se tensó.
Porque Lyra lo dijo como si realmente no esperara nada bueno de nadie.
Como si la amabilidad fuera algo raro.
Doloroso.
—Lyra…
Ella finalmente lo miró.
Y por un segundo…
sus ojos brillaron de rojo.
Fue fugaz.
Apenas un destello bajo la luz de la luna.
Pero Rowan lo vio.
Su expresión cambió apenas.
No miedo.
No rechazo.
Sorpresa.
Lyra parpadeó confundida.
—¿Qué pasa?
Rowan dudó unos segundos antes de negar suavemente con la cabeza.
—Nada.
Pero estaba mintiendo.
Porque jamás había visto ojos rojos en un lobo común.
Jamás.
Y la forma en que el aire vibró alrededor de ella durante ese instante hizo que sus instintos reaccionaran de inmediato.
Antiguo.
Peligroso.
Poderoso.
Lyra bajó la mirada nerviosa.
—Seguro piensas que el regalo es horrible.
La voz de Rowan volvió suave.
Demasiado suave.
—Es lo más valioso que me regalaron nunca.
Ella soltó una pequeña risa incrédula.
—Mentiroso.
Rowan sonrió apenas mientras se colocaba la pulsera alrededor de la muñeca.
—Ahora no pienso quitármela jamás.
Y no era una promesa pequeña.
Porque como heredero de su manada, Rowan sabía perfectamente lo que significaba aceptar algo hecho a mano por alguien.
Era confianza.
Vínculo.
Elección.
Lyra observó la pulsera en su muñeca y sintió el pecho extrañamente cálido.
Entonces Rowan habló otra vez.
—¿Sabes qué creo?
—¿Qué?
Él sostuvo su mirada bajo la luz de la luna.
—Creo que todavía no entiendes lo especial que eres.
Y por primera vez en mucho tiempo…
Lyra quiso creerle.
Porque nadie le diría que era especial pero escucharlo de el la hacía sentir un poco feliz