¿Qué harías si la única persona que puede salvarte es un "fantasma" que solo tú puedes ver?
Hades está en coma, pero su espíritu está atrapado en el mundo de los vivos, atado a Ela por un hilo rojo incandescente. Él busca una salida; ella busca una razón para seguir adelante. Están anclados el uno al otro en una lucha desesperada contra el destino. Juntos deberán enfrentar los nudos de dolor que los unen antes de que sea demasiado tarde. Una historia sobre la vida, la muerte y el poder de una conexión que no se puede romper.
Descubre "Rojo destino: El último nudo", una novela donde el amor es la única luz en la oscuridad del vacío.
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Cada pieza en su lugar.
El aula de informática estaba sumida en una penumbra azulada, solo interrumpida por el parpadeo de los monitores que Hades manipulaba sin necesidad de tocar el teclado. Isela sentía el pulso en sus oídos, una marcha constante que marcaba el ritmo de su nerviosismo. El aire en la habitación se sentía cargado, denso, como si la presencia de Hades estuviera consumiendo el oxígeno para alimentar su procesamiento de datos. Ella se mantenía cerca, dejando que su brazo rozara el aire frío que emanaba de él, sirviendo como una antena biológica para que él pudiera mantenerse estable en el sistema del instituto.
—He logrado saltar el primer protocolo de seguridad del Director —susurró Hades. Su imagen se veía extrañamente nítida frente a la pantalla principal. Sus ojos oscuros reflejaban cascadas de datos que Isela no alcanzaba a comprender—. Hay una carpeta encriptada bajo un nombre de archivo administrativo: "Programas de Becas Externas". Pero los montos no tienen sentido, Ela. Son cifras demasiado altas para ser ayudas escolares.
Isela se acercó, apoyando las manos en el borde del escritorio, mirando los números que desfilaban.
—¿De dónde viene ese dinero?
—De empresas que no existen. Y aquí es donde la frecuencia de la imagen del Director se vuelve turbia —Hades se detuvo y una línea de interferencia cruzó su pecho. Sus dedos espectrales se movieron sobre un archivo específico—. Hay comunicaciones con Miller. Hablan de "limpiar el terreno" y de una "zona de distribución" cerca de los límites de la ciudad. No es solo dinero, Ela. Es una red de logística. Están moviendo algo a través del instituto, usando los vehículos y los depósitos del colegio como pantalla.
Isela sintió un escalofrío. La idea de que el lugar donde estudiaba fuera el centro de una operación de tráfico era aterradora, pero lo que vino después la dejó sin aliento. Hades comenzó a abrir una subcarpeta de fotos y archivos personales que el Director guardaba bajo llave digital. De repente, la pantalla se llenó de fichas de jóvenes, algunos alumnos y otros externos, con anotaciones sobre su "rendimiento" y "consumo".
Hades se quedó petrificado. Su figura parpadeó violentamente y el nudo violeta de su pecho lanzó un destello doloroso.
—Esa chica... —susurró él, señalando una foto pequeña en la esquina inferior—. La conozco.
Isela miró la imagen. Era una adolescente de unos quince años, con el cabello revuelto y una mirada desafiante que recordaba vagamente a la de Hades. Tenía una anotación al margen escrita a mano: "Falla en el suministro. Caso cerrado".
—Es Luna —la voz de Hades sonó como un cristal rompiéndose. Sus manos espectrales temblaban mientras intentaba abrir el expediente de la chica—. Es mi hermana pequeña. Ella... ella siempre fue rebelde, quería dinero rápido, quería salir de la sombra de nuestra familia. Yo sabía que andaba en cosas raras, que estaba experimentando con sustancias, pero pensé que yo lo tenía bajo control. Pensé que mis propios negocios digitales me daban el poder para protegerla.
Hades bajó la mirada, y la estática alrededor de él se volvió pesada, cargada de una tristeza asfixiante.
—Fui un estúpido, Ela. Estaba tan metido en mis propios códigos que no vi que ella estaba cayendo en la red de estos tipos. Este archivo dice que murió por una sobredosis en una de las casas de seguridad de la red. Y Miller fue quien firmó el acta de defunción como un accidente callejero.
Isela sintió que el corazón se le encogía. No era solo una investigación criminal; era la historia de una tragedia familiar que Hades apenas estaba empezando a procesar. La culpa emanaba de él como una corriente eléctrica que a ella le dolía en la piel.
—No sabías en qué estaban metidos, Hades. No podías saberlo todo —intentó consolarlo ella, pero él negó con la cabeza, su imagen volviéndose un poco más borrosa por la angustia.
—Hay más —dijo él, forzando su mirada a volver a la pantalla, aunque le costara—. Hay una nota de Miller al Director mencionando que "el oficial a cargo" estaba empezando a hacer preguntas molestas sobre el caso de Luna. Dicen que ese oficial sospechaba por las inconsistencias en los detalles del caso, el sospechaba que era parte de una distribución controlada de una nueva sustancia.
Isela contuvo el aliento. No necesitaban nombres para saber de quién hablaban. Sus sospechas sobre la muerte de su padre cobraron una forma nueva y más oscura. Su padre no solo estaba investigando una red de tráfico; estaba investigando la muerte de la hermana de Hades, acercándose demasiado a la verdad que Miller y el Director necesitaban enterrar.
—Mi padre estaba buscando la verdad sobre tu hermana —susurró Isela, sintiendo cómo las lágrimas quemaban sus ojos—. Y por eso lo silenciaron.
Hades la miró, y en ese momento, la sincronía entre ellos fue total. El dolor de él por la pérdida de Luna y la rabia de ella por el asesinato de su padre se fundieron en una sola frecuencia. El secreto no estaba revelado por completo; todavía no sabían exactamente cómo operaba la red ni quiénes eran todos los implicados, pero ya tenían el hilo conductor: la sangre de sus seres queridos manchaba las manos de las mismas personas.
—Alguien estaba metiendo las narices en sus negocios —dijo Hades, recuperando una frialdad técnica que asustaba—. Miller y el Director sabían que un hacker estaba rastreando sus cuentas y que un policía estaba rastreando sus cadáveres. Lo que no sabían es que ese hacker y ese policía estaban conectados por nosotros.
Isela cerró la sesión con un movimiento firme, guardando lo poco que habían podido extraer en su propia memoria. El aula de informática volvía a la oscuridad total, pero el fuego ya estaba encendido.
—Esto es solo el principio —sentenció Isela—. No sabemos todo, pero ahora sabemos por qué nos duele tanto. Vamos a descubrir qué pasó realmente con Luna y quién dio la orden contra mi padre.
Caminaron hacia la salida, con Hades flotando a su lado, más sombrío y decidido que nunca. El lunes escolar seguía su curso normal para los demás, pero para Isela Novak y Hades Belmont, la guerra acababa de volverse personal.