⚠️🔞🚫Un detective, hombre de acción, serio y dedicado. Su matrimonio con su esposa es más una sociedad de convivencia que una relación romántica. Él se siente vacío, pero es leal. La falta de hijos y de sexo ha convertido su hogar en una oficina más.
Un mafioso que no es el típico villano que quiere dinero. Quiere el control total sobre la única persona que se atrevió a perseguirlo. Su obsesión es física y psicológica. Al descubrir que el detective es un hombre insatisfecho, usa eso para tentarlo y quebrarlo.
Esto contiene maltrato físico y psicológico.🚫🔞⚠️
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Un detective no merece vivir como la mascota
La habitación estaba sumida en una penumbra roja. El aire era tan espeso por el olor a sexo, sudor y el aroma metálico de la sangre fresca que se sentía difícil de respirar. Ethan yacía sobre la alfombra, con los brazos extendidos y el pecho subiendo y bajando en espasmos cortos. Lantz acababa de terminar una de sus sesiones más agresivas, un castigo que no tenía otro propósito más que recordarle a Ethan que su cuerpo ya no le pertenecía.
El mafioso se levantó, limpiándose el sudor de la frente con el antebrazo. Miró al hombre, que tenía los ojos vidriosos y la piel llena de marcas de dedos, mordiscos y el roce violento de la alfombra.
-Ven aquí.- Ordenó Lantz con una voz que, por primera vez en horas, era suave.
Ethan intentó moverse, pero sus piernas no le respondían. El alfa, con una fuerza que siempre sorprendía al detective, lo levantó en brazos como si fuera un niño y lo llevó al baño adjunto. El baño era de mármol blanco, con una tina inmensa que ya estaba llena de agua caliente.
Lantz sumergió al policía en el agua. El contacto del calor con las heridas abiertas en su espalda y nalgas hizo que el detective soltara un grito de dolor, pero el alfa lo mantuvo firme contra su pecho.
-Tranquilo...- Susurró, tomando una esponja suave y comenzando a lavar los restos de la sesión -Ya pasó. Ahora papá va a cuidarte.-
Este era el momento que más confundía a Ethan. El hombre que hacía solo unos minutos lo asfixiaba y lo penetraba con furia, ahora lo lavaba con una delicadeza extrema. Usaba un jabón con olor a lavanda y sándalo, eliminando la suciedad y el rastro de los fluidos. Sus manos grandes recorrían el cuerpo de Julián, pero esta vez no para golpear, sino para masajear los músculos entumecidos.
Ethan, en su estado de shock y agotamiento, se dejaba hacer. Su mente, fragmentada por el trauma, empezaba a asociar el dolor de la habitación con el alivio de la tina. Empezaba a necesitar el dolor para poder recibir este "amor" retorcido.
Lantz sacó al hombre de la tina y lo envolvió en una toalla blanca y mullida. Lo llevó de vuelta a la cama y sacó un kit médico. Con una paciencia infinita, comenzó a limpiar los cortes que Franz y él mismo le habían provocado. Aplicó ungüentos frescos sobre los moretones y vendó sus muñecas heridas por las cadenas.
-¿Ves? Solo yo te cuido así.- Decía mientras le daba de beber agua fresca en la boca -Ari nunca lavaría tus heridas. Ella se daría la vuelta con asco. Pero yo amo cada marca que hay en ti, porque cada una dice mi nombre.-
Ethan cerró los ojos, sintiendo cómo las lágrimas rodaban por sus mejillas. No lloraba de dolor, sino de una dependencia que lo aterraba. Empezaba a sentir que sin el alfa, sin sus golpes y sus cuidados, no era nada.
Pero el cuidado de Lantz era solo el preámbulo para la posesión final de la noche. Una vez que el hombre estuvo limpio y curado, el alfa lo acomodó en la cama. El ambiente cambió de nuevo. El aire de "enfermero" desapareció y la mirada del depredador regresó.
Dante se posicionó encima de él, separando sus piernas vendadas con una firmeza que hizo que Ethan soltara un gemido de anticipación. Esta vez, el sexo no fue solo violento, fue invasivo de una manera psicológica. Lantz lo penetró lentamente, mirando al policía directamente a los ojos, obligándolo a ver la devoción enferma en su rostro.
-Dime que me necesitas.- Exigió, aumentando el ritmo -Dime que prefieres mis golpes a su indiferencia.-
-Te necesito...- Jadeó, arqueando la espalda, buscando el contacto de la piel de Lantz contra la suya -Por favor... no me dejes solo.-
El mafioso lo tomó de las manos, entrelazando sus dedos sobre la cabeza de Ethan. La penetración era profunda, rítmica, cada estocada diseñada para hacer vibrar las paredes internas del detective. Lantz lo besaba con una sed insaciable, mordiendo sus labios hasta que el sabor a hierro volvió a llenar sus bocas. Las posiciones cambiaban: el alfa lo giraba, lo ponía de lado, lo obligaba a sentarse sobre él, siempre manteniendo el contacto visual, siempre recordándole que ese placer que sentía era un regalo de su captor.
Ethan llegó al clímax gritando el nombre de su captor, con el cuerpo sacudiéndose en una convulsión de placer y agonía. Lantz lo siguió poco después, marcando el pecho del hombre con sus uñas mientras terminaba.
Al final, Lantz no se fue. Se quedó abrazado a él, dejando que sus cuerpos sudados se secaran juntos. Ethan, totalmente domesticado por el ciclo de crueldad y ternura, se quedó dormido con la cabeza apoyada en el pecho del mafioso, escuchando el latido del corazón del hombre que lo había destruido.
Lejos de la mansión, en un pequeño departamento oscuro que olía a colillas de cigarro y whisky barato, Martin estaba sentado en su silla de ruedas. Su pierna derecha estaba rígida, atrapada en una estructura de metal que le recordaba cada segundo su fracaso en el rescate.
Cecil estaba frente a él, con el brazo en cabestrillo y una cicatriz que le cruzaba la mejilla.
-El caso está cerrado.- Dijo la chica con una voz muerta -El Comisario firmó los papeles hoy. Ethan Richter ha sido declarado muerto en acto de servicio corrupto. No habrá más investigaciones.-
Martin golpeó la mesa con el puño, haciendo que las botellas temblaran.
-¡No está muerto! ¡Lo vimos! Ese beso... Cecil, ese beso que le dio a Lantz... Ethan no es así. Lo tienen drogado, le han lavado el cerebro.-
-O tal vez simplemente se rindió.- Respondió Cecil, bajando la mirada -Martin, nos dispararon. Casi morimos. Si él se queda ahí, es porque sabe que no podemos hacer nada más.-
-Yo no me he rendido.- Gruñó Martin, sacando un sobre amarillo de debajo de su cojín -He estado hablando con algunos viejos contactos. Gente que odia a los Schwarz tanto como yo. Si la policía no va a entrar en esa mansión, lo haremos nosotros con un ejército de mercenarios.-
-¿Mercenarios?- Cecil lo miró horrorizada -Eso es ilegal. Nos meterán en la cárcel.-
-Ya no soy policía. Soy un hombre lisiado que perdió a su mejor amigo.- Martin encendió un cigarrillo, la luz de la cerilla iluminó sus ojos llenos de odio -Voy a quemar esa mansión hasta los cimientos. Y si Richter no quiere salir, entonces que arda con ellos. Pero Lantz Schwarz no se quedará con él.-
Martin extendió un mapa de los túneles de desagüe que pasaban por debajo de la propiedad. Había estado estudiando los planos durante semanas. Sabía que Lantz tenía una seguridad impecable en la superficie, pero nadie esperaba un ataque desde las entrañas de la tierra. -¿Estás conmigo?- Preguntó Martin.
La chica miró su brazo herido, luego miró la foto de Ethan que todavía guardaba en su cartera. Sabía que era una misión suicida, pero el silencio de la ciudad era insoportable.
-Estoy contigo.- Asintió -Pero si lo encontramos y él no quiere venir... ¿qué haremos?-
Martin guardó silencio por un largo rato, viendo el humo del cigarrillo subir hacia el techo.
-Si ya no es Ethan... le daré la paz que se merece. Un detective no merece vivir como la mascota de un monstruo.-