Jessica trabaja como secretaria en una empresa de comida enlatada. Su vida es rutinaria, predecible… segura.
Aquella mañana, como cualquier otra, estaba en el comedor desayunando junto a sus compañeros, ajena a lo que estaba a punto de ocurrir.
Entonces, un escándalo estalló en la recepción.
Gritos. Golpes. Algo no estaba bien.
Movida por la curiosidad, Jessica se acercó con los demás, sin imaginar que ese sería el último momento de normalidad en sus vidas.
Porque lo que vieron… no era humano.
Ese día, el mundo cambió.
Y nadie estaba preparado para sobrevivir.
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CAPÍTULO 6
Di un paso al frente, sintiendo cómo la desesperación comenzaba a cerrarse en mi pecho.
—Por favor… déjennos entrar.
Por un momento no hubo respuesta, y el silencio del otro lado de la puerta se sintió más pesado que el caos que habíamos dejado atrás.
Entonces, la voz de una mujer rompió esa quietud, cargada de urgencia.
—¿Ves? ¡Te lo dije! ¡Sabía que aún quedaban supervivientes!
Quise sentir alivio, pero otra voz la interrumpió de inmediato.
Masculina. Fría.
—No. No podemos dejarlos pasar. Podrían estar infectados.
Apreté los puños sin darme cuenta.
—No nos han mordido —respondí, intentando mantener la calma—. Estamos bien.
—¡Largo! —dijo él sin dudar—. ¡No vamos a abrir!
Sentí cómo el tiempo se nos escapaba.
Enrique dio un paso al frente.
—No estás siendo razonable. Si no abren, esas cosas nos van a alcanzar.
Omar habló después, con esa calma firme que siempre tenía.
—Déjanos entrar. Podemos ayudar a fortificar este lugar.
Hubo una pausa.
—No lo creo —respondió el hombre—. Busquen otro sitio donde esconderse.
Mi corazón empezó a latir más rápido.
No podíamos quedarnos ahí.
—Podemos ser útiles —insistí.
—Escucho.
Tragué saliva.
—Trabajamos aquí. Conocemos la empresa… sabemos dónde están los suministros, las rutas… podemos ayudar a organizar todo y encontrar una salida.
Una risa se escuchó del otro lado.
—Buen intento. Pero ya tenemos empleados aquí. No los necesitamos.
Sentí cómo la esperanza se desmoronaba.
Entonces Omar habló.
—Fui soldado.
El silencio cambió.
Se volvió más denso.
—Puedo ser útil… si nos dejan pasar.
—Mmm… no lo sé…
—¡No seas estúpido, Logan! —dijo la mujer—. ¡Nos vendría bien alguien con entrenamiento!
Nadie dijo nada durante unos segundos que se sintieron eternos.
Omar volvió a hablar.
—Sería una tontería desperdiciar recursos humanos en una situación como esta.
Mi respiración se detuvo.
—Está bien —dijo finalmente el hombre—. Pueden entrar… pero si intentan algo raro, los echamos a los muertos.
Un segundo después añadió:
—Estefany, tú los revisaras.
El sonido del seguro abriéndose fue lo más cercano al alivio que había sentido en todo ese tiempo.
La puerta se abrió.
Una mujer de cabello castaño y ojos cafés nos observó con atención.
Estefany.
A su lado estaba un hombre alto, musculoso, de mirada dura.
Logan.
Entramos rápido, sin decir nada.
En cuanto cruzamos, cerraron la puerta de inmediato y comenzaron a bloquearla con escritorios y sillas, empujando todo contra ella como si el mundo entero estuviera intentando entrar.
Bajé la mirada por un momento.
—Si la bloquean completamente… los que vengan después no tendrán ninguna oportunidad…
No me di cuenta de que lo había dicho en voz alta.
—Jessica tiene razón —añadió Enrique—. Logan, estás condenando a cualquiera que intente subir.
Logan ni siquiera dudó.
—Déjame decirte algo, cara bonita —dijo con frialdad—. Estamos en un punto donde matas o mueres. Sí, gente allá afuera va a morir… pero yo he mantenido este piso seguro.
Nos miró uno por uno.
—Y eso ahora los incluye a ustedes.
El silencio se volvió incómodo.
—Aunque no me guste admitirlo… tiene razón —dijo Omar.
Sentí un nudo formarse en mi estómago.
Estefany habló, claramente incómoda.
—Incluso bloqueaste los ascensores… eso fue demasiado.
Logan se acercó a ella con una calma que no me gustó.
Le levantó el rostro con la mano.
—Cariño… si no te gusta, eres libre de irte.
Su voz era suave, pero sus palabras no lo eran.
—Cerramos la puerta detrás de ti.
Nadie dijo nada.
El aire se volvió pesado.
......................
Observé con más atención el lugar.
Detrás de Logan y Stefany había dos grupos bien marcados. No estaban mezclados, ni siquiera intentaban disimularlo. Se notaba en la distancia entre ellos, en las miradas, en la forma en que se mantenían alerta unos de otros.
Ese lugar ya estaba dividido.
Tragué saliva y hablé, intentando mantener la voz firme.
—¿Por qué no mejor vigilamos la puerta? Podemos colocar una barricada más atrás… así, cuando sea necesario, podemos dejar pasar a otros sobrevivientes y volver a cerrarla si hay… esas cosas cerca.
Por un segundo, nadie dijo nada.
Luego, Stefany sonrió ligeramente.
—Es una gran idea. Incluso podríamos hacer turnos para vigilar.
Sentí un pequeño alivio… pero duró poco.
Logan soltó una risa burlona.
—¿De verdad creen que voy a dejar que hagan eso…?
—Es suficiente.
La voz de Enrique lo interrumpió antes de que terminara.
El cambio fue inmediato.
—Ya oíste a las damas —continuó, con firmeza—. A trabajar.
Logan lo miró.
Por un momento pensé que iba a responder… pero no lo hizo.
Retrocedió apenas, visiblemente molesto, y giró hacia los suyos.
—Quiten eso de la puerta —ordenó con desgana.
Entre todos comenzamos a mover escritorios, sillas y lo que encontrábamos, formando una barricada más alejada de la entrada. No era perfecta, pero creaba un pequeño margen… una oportunidad.
Una forma de no condenar a los que vinieran después.
Cuando terminamos—
lo vimos.
Un hombre subiendo por las escaleras.
Cubierto de sangre.
Mi cuerpo se tensó de inmediato.
—¡Es uno de ellos! —gritó Logan—. ¡Manténlo!
El hombre levantó las manos, jadeando.
—¡Déjenme pasar! ¡La sangre no es mía!
Mi corazón latía con fuerza.
Enrique dio un paso adelante.
—¿Cómo te llamas?
—Jackson… —respondió con dificultad.
Estefany frunció el ceño.
—Tenemos que revisarlo. Asegurarnos de que no esté herido.
El silencio volvió.
Nadie se movía.
Nadie quería acercarse.
Podía verlo en sus rostros.
El miedo.
Di un paso al frente.
—Déjenme hacerlo.
Enrique me miró de inmediato.
—No tienes que hacer eso.
Negué suavemente.
—No pasa nada… míralo. No parece peligroso.
Aunque, en el fondo…
ya no sabía si eso significaba algo.
Enrique dudó.
Pude verlo en sus ojos.
El conflicto.
Pero al final suspiró.
—Está bien… pero con cuidado.
Asentí.
Abrimos lo suficiente para dejarlo pasar y cerramos de inmediato detrás de él, asegurando otra vez la entrada.
El hombre respiraba con dificultad, claramente agotado.
—Ven —le dije—. Vamos a un lugar más tranquilo.
Lo guié hacia una oficina cercana, sintiendo las miradas del resto clavadas en mi espalda.
Nadie confiaba.
Nadie se sentía seguro.
Cerré la puerta detrás de nosotros.
absurdo pelearle a la mujer que básicamente se salvó sola de morir en último minuto.
😒😒
en fin, se creen que la mujer es de hierro.
que goze hasta que se transforme otra vez
es que tonsentia que iba a estar con Jackson alias dos
bello
autora aaaaa necesitamos más capitulos, en qué altar te ponemos ? 🤣🤣🤣
cómo me dejas con semejante evento 🤩🤩🤩🤩🤩
necesito más capitulos esto está intensoooo