Desilusionada por la traición de su esposo, Tamara encontrará refugio en donde menos lo espera, los brazos de su jefe. Un importante joyero, un ceo de renombre, un artista único y excéntrico que viaja por el mundo exponiendo sus magníficas colecciones, sin interesarse realmente en el amor y solo le importan sus piedras preciosas. Sin embargo pronto descubrirá que la joya más invaluable e inalcanzable es la mujer que se hospeda bajo su mismo techo y a la cual pretende conquistar.
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Capítulo N°10
Franco llegó a la clínica cerca del mediodía. Estaba algo nervioso, los doctores le habían confirmado por teléfono que Tamara efectivamente estaba embarazada y no podía imaginar su reacción frente a esa noticia; aunque en el fondo de su corazón confiaba en que ella sabría separar las cosas y con el tiempo se daría cuenta que su hijo era lo más hermoso que le podía pasar a pesar de quien fuera el padre.
—¡Estúpido, no sabes lo afortunado que eres!—dijo en voz alta una vez que las puertas del ascensor se cerraron y vio su reflejo .
A él le hubiera encantado estar en su lugar ser el padre de ese bebé o al menos estar en la sala de imágenes sosteniendo la mano de su secretaria para brindarle su apoyo y ver con sus propios ojos a esa personita tan especial; sin embargo ella le pidió que la dejara sola, quería afrontar la situación de manera adulta y responsable sin involucrar a terceros en ese momento y a pesar de que la idea le pareció algo extremista, él respetó su decisión.
Sin hacer mucho ruido, ingresó a la habitación, con pasos lentos y pausados.
Su secretaria dormía plácidamente abrazada del peluche, su rostro estaba iluminado por la claridad del día y sus labios formaban una tímida sonrisa, era evidente que estaba feliz a pesar de las circunstancias. Franco se sentó en el sofá y la contempló en silencio, era una imagen muy tierna, la cual atesoraría para siempre en su memoria.
—Deja de mirarme de esa manera, te puedo demandar por acoso, recuerda que aún eres mi jefe—murmuró Tamara abriendo lentamente sus ojos y tomándolo por sorpresa.
—Lo siento, no quise incomodarte ni mucho menos interrumpir tu descanso—se disculpó al mismo tiempo que se incorporaba del sofá y se acercaba a la cama.
—Descuida, solo estaba pensando con los ojos cerrados—respondió mientras se incorporaba y movía el oso nerviosamente entre sus manos—. Gracias por los regalos, fue un gesto muy bonito de tu parte—dijo ampliando su sonrisa mientras que sus mejillas se teñían de rojo intenso contrastando con su piel pálida.
—De nada, fue un placer.
Ambos por un momento se contemplaron en silencio, ninguno apartaba la vista del otro, era como si por primera vez se miraran y se descubrieran. Franco estaba idiotizado con esa mujer, su cabello estaba completamente desordenado y caía sin control alguno detrás de sus hombros; Sus mejillas sonrojadas le daban un toque tierno a su hermoso y perfecto rostro; Sus labios carnosos que temblaban ligeramente cada vez que intentaba decir algo pero se arrepentida instantáneamente y cerrando nuevamente su boca la cual deseaba besar una vez más; Y ese brillo en los ojos al mirar eran el reflejo perfecto de su alma.
Tamara se sintió incomoda, algo en la forma en que la miraba su jefe estaba cambiando, así que por instinto bajó la vista y llevando su mano hasta vientre plano comenzó a hablar intentando romper con el silencio abrumador que se estaba formando dentro del cuarto.
—Franco, debemos hablar—aclaró su garganta nerviosamente mientras hacía un lado el oso y se sentaba en la cama, sabía que los días junto al joyero estaban contados, pero debía ser completamente honesta con él—. Como ya sabes es verdad que estoy embarazada, no hay ningún error posible y eso complica las cosas entre nosotros. Soy consciente que al ingresar a tu compañía firme un contrato donde explícitamente se prohíbe que tu asistente quedará embarazada al menos los primeros que permanezcan a tu lado. Te juró que lo intenté seguir al pie de la letra pero lamentablemente he fallado—sus ojos se nublaron, su voz salió entrecortada, renunciar al trabajo de su vida era lo más difícil que había hecho hasta ese momento, por alguna extraña razón no quería seguir su vida y que Franco no estuviera en ella, renunciar a estar a su lado le dolía mucho más que la traición de su marido y eso la sorprendió sobremanera—. Lo siento, te prometo que apenas salga de la clínica presentaré mi renuncia, no tiene caso seguir dilatando lo inevitable, mi contrato laboral era muy explícito con respecto al personal femenino embarazado, así que lo justo es que ya no trabaje para ti—pronuncio esas últimas palabras y podía jurar que él pudo sentir cómo su corazón se rompió en mil pedazos.
Franco guardó silencio, se sentó en la cama y mirando un pájaro que revoloteaba frente a la ventana y respondió
—No pienso aceptar tu renuncia, eres una excelente asistente…
—Pero la cláusula…
— Esa cláusula, es absurda, solo la hice por razones egoístas que solo a mí me competen, así que deja de preocuparte por tu trabajo—dijo tomando su mano—. En este momento lo único que debe acaparar cada uno de tus pensamientos es el bebé—respondió posando su mano sobre la de ella que se encontraba en el estómago—. No te alteres, piensa en él—comentó sonriendo.
—Es muy difícil mantener la calma cuando todo a mi alrededor se derrumba. Soy un desastre, no tengo donde vivir, ni siquiera tengo ropa para cambiarme—comentó desanimada pensando en que tendría que volver a su antigua casa a buscar sus objetos personales—. Ayer salí tan aprisa de la casa que se me olvidó agarrar la valija que estaba en la sala y solo tengo un pijama prestado.
—Por el momento puedes quedarte conmigo, mi casa tiene varias habitaciones y estoy seguro que a Telma le encantará cuidar de ti y con respecto a la ropa y artículos personales, puedes usar la tarjeta que le regale a todo el personal para navidad, nunca hiciste ni una sola compra con ese plástico y era tu bono navideño.
—Eso es mucho dinero, jamás podría usarlo.
—Es un regalo y todos ya lo gastaron salvo tú.
—Gracias, no sé como agradecer todo lo que haces por mí—dijo mientras se arrojaba a sus brazos y lo abrazaba.
—Muñeca, no tienes nada que agradecer, al contrario creo que en parte soy responsable por lo que sucede en tu matrimonio, si no te hubiera exigido que viajes tanto a mi lado, nada de esto hubiera ocurrido—comentó con pesar.
Tamara se apartó un poco para mirarlo a los ojos, aún estaba entre sus brazos recibiendo el calor que emanaba de su cuerpo; sus rostros estaban tan cercas que ella podía sentir el tibio aliento que se escapaba de entre sus labios y le rozaba suavemente su piel haciendo que se estremeciera de solo imaginar que la besaba nuevamente.
—No tienes la culpa de nada, Saimon es un maldito traidor, con viajes o sin viajes de por medio de todas formas me hubiera engañado. Él solo me usaba para que le pague sus caprichos y ahora que abrí los ojos y vi su verdadera esencia, me importa un comino su traición. Solo quiero divorciarme lo antes posible de él y que desaparezca por completo de mi vida.
Franco ya no se podía seguir resistiendo, así que acortó la distancia que los separaba y la besó con ternura, despacio y con calma. No deseaba asustarla, era muy pronto para iniciar algo sin embargo ella respondió con la mismas ansias, suspirando entre sus labios y reprimiendo los gemidos en el interior de su boca.