Alessio De Luca compró un esposo omega para que fuera un adorno en su vida de capo, pero esa noche Renato Vieri murió de miedo. En su cuerpo despertó Dante, un alfa estratega que perdió su vida en otro mundo.
Ahora, fingiendo sumisión, Renato usará a Alessio para escalar hasta la cima del hampa. Su plan: ser la mano en la sombra que guíe cada movimiento de su alfa. Pero su verdadera naturaleza empieza a filtrarse en su aroma, lo que debería oler solo a algodón y flor de cerezo comienza a liberar pimienta rosa, un picante que Alessio no puede ignorar.
Entre la atracción de sus feromonas y la admiración por esa mente criminal, el alfa se verá obligado a replantearse todo lo que creía sobre los omegas, el poder y la lealtad. Juntos formarán una alianza letal. Pero cuando la máscara caiga y Alessio descubra que su esposo no es quien dice ser, ¿serán dueños de la ciudad o enemigos mortales?
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Capítulo 10: El primer encuentro
Esa mañana cuando Renato bajó al comedor, Alessio estaba allí.
Sentado a la cabecera de la mesa, con una taza de café humeante entre las manos y un documento desplegado frente a él. Su aroma —ébano y pimienta negra— llenaba la habitación.
Renato se detuvo en el umbral, su cuerpo omega reaccionó antes que su mente: pulso acelerado, nuca tensa, un temblor en las piernas que controló apretando los puños.
—Siéntate —dijo Alessio, sin levantar la vista—. Esta noche hay una cena, en casa de Rinaldi.
Renato ocupó su lugar, al otro extremo de la mesa. El silencio se alargó. Alessio pasó una página, Renato observó sus manos, la forma en que sostenía la taza, la línea de su mandíbula.
—Vístete bien —dijo Alessio, sin mirarlo—. No me hagas quedar mal.
Renato asintió, con la cabeza baja.
Alessio dejó la pluma y levantó la vista por primera vez, sus ojos negros se clavaron en Renato con una frialdad que helaba.
—Y no hagas ninguna estupidez —dijo, con la voz plana—. Recuerda para qué fuiste comprado. Te lo dije cuando llegaste: no des problemas, no lo olvides.
Renato sintió las palabras como un latigazo. Su mente alfa quiso levantarse, soltar una respuesta cortante, recordarle que él no era un perro adiestrado, que no era una cosa que había sido vendido, sí, pero no roto.
Respiró hondo., apretó los puños bajo la mesa.
—¿Entendido? —Alessio sostuvo su mirada.
Renato levantó la cabeza. Un segundo, solo uno, dejó que su molestia asomara, un brillo frío en sus ojos avellana, un desafío silencioso que duró menos de un latido.
Luego bajó la cabeza.
—Entendido —dijo, con la voz sumisa.
Alessio arqueó una ceja, algo en esa mirada le resultó extraño, pero Renato ya estaba bebiendo agua, con la cabeza inclinada, los hombros encogidos.
Imaginación, pensó Alessio, este omega es callado, sumiso, no sabe enfrentarme.
Terminó su café y se levantó.
—No quiero que me hagas quedar mal —dijo, ajustándose la chaqueta—. Sonríe cuando tengas que sonreír, calla cuando tengas que callar. No hables si no te hablan.
—Sí —respondió Renato, sin levantar la cabeza.
Alessio salió, Renato se quedó solo.
Apretó los puños hasta que los nudillos se le blanquearon. No soy un adorno, pensó no soy un vientre, no soy un problema.
Pero lo dijo en silencio, oorque las paredes tenían oídos y aún no era el momento.
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La mansión Rinaldi estaba en lo alto de una colina, rodeada de pinos y farolas de hierro forjado. El coche de Alessio se detuvo frente a una escalinata de mármol.
Renato lo siguió en silencio. Las piernas le temblaban —no de miedo, de tensión— pero caminó con la cabeza alta y los hombros hacia atrás. Sumiso, pero no encogido.
El salón era una galería de mármol y arañas de cristal, una mesa larga, cubierta de blanco. Los alfas ocupaban un extremo, los omegas, el otro.
Renato se sentó en el lugar que le señalaron, entre otros omegas de mirada baja y sonrisas ensayadas.
—Eres el nuevo De Luca, ¿verdad? El Vieri —dijo un omega de cabello rubio y ojos azules, a su derecha. Joyas en el cuello, pulseras anchas que tintineaban al mover las manos.
Renato asintió, bajando la mirada.
—Los Vieri eran alguien, hace tiempo —el rubio sonrió, pero sus ojos no—. Ahora… bueno, supongo que De Luca vio algo en ti.
Renato observó sus manos: anillos, pulseras, uñas perfectas. Y debajo de las pulseras, un moretón que empezaba a amarillear. A su izquierda, otro omega más joven, de mirada vacía y sonrisa fija, llevaba un collar de perlas que le cubría parte del cuello, pero no todo. Un dedo se le escapaba, marcando la piel en un tono violáceo.
Los omegas hablaban de modistas, de joyeros, de qué alfa había ascendido y cuál había caído en desgracia. Competían entre ellos con la dulzura de quien no puede mostrar los dientes.
—Ese collar es precioso —dijo el rubio, señalando el de Renato—. ¿De Luca te lo regaló?
—Sí —mintió Renato. No sabía de dónde había salido, se lo habían puesto esa mañana, como el traje, como los anillos. Como un escaparate.
El rubio tocó sus propias perlas.
—El mío vale el doble, pero claro, mi esposo puede permitírselo.
Renato asintió, bebió un sorbo de vino.
Así que esto es lo que son, pensó, adornos que compiten por ser el más brillante. Escondiendo moretones bajo las joyas, ocultando el vacío detrás de las sonrisas.
Desvió la mirada hacia los alfas. Allí estaban los dueños del mundo.
Alessio presidía un extremo de la mesa, conversando con Don Carlo Rinaldi, el anfitrión: barba cana, dedos gruesos. Alianzas inestables.
A su izquierda, Enzo Rizzuto: mandíbula cuadrada, ojos de tiburón. Ambicioso.
—Los Calabresi están presionando el puerto —decía Rinaldi, en voz baja—. No sé cuánto tiempo podremos contenerlos.
—Los contenderemos el tiempo que haga falta —respondió Alessio.
Rizutto sonrió.
—O tal vez necesites ayuda, De Luca, no todos podemos mantener el norte solos.
Alessio lo miró. Un segundo. Dos.
—Cuando la necesite, la pediré.
Renato escuchaba cada palabra, cada silencio, cada cruce de miradas.
Rinaldi es un aliado incómodo, demasiado viejo para ser leal, demasiado poderoso para ignorarlo. Rizzuto quiere el norte, los Calabresi son su excusa.
Entonces sintió una mirada.
Un alfa al fondo de la mesa. No había hablado en toda la cena, sus ojos recorrieron a Renato de arriba abajo, despacio, como quien evalúa una compra.
Renato sintió el asco caliente en el estómago, su cuerpo omega quería encogerse, su mente alfa quería levantarse, escupirle en la cara.
Respiró. Bebió otro sorbo de vino.
El alfa se inclinó hacia Alessio.
—Has conseguido un omega de la mejor calidad, De Luca. Hermoso, callado, así me gustan.
Alessio no respondió, solo asintió, como si fuera un cumplido más.
Renato apretó la copa, el rubio a su lado lo miró.
—¿Estás bien, Vieri?
—Sí —respondió Renato. Su voz sonó sumisa, sus ojos, no, pero los mantuvo bajos.
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La cena terminó. Los alfas se retiraron a fumar al jardín, los omegas se dispersaron hacia los salones secundarios.
Renato se quedó unos minutos en uno de los salones, con una copa de prosecco que no bebía. A su alrededor, los otros omegas reían, cuchicheaban, exhibían sus joyas como trofeos de guerra. Él no pertenecía a ese mundo, tampoco quería pertenecer.
Cuando calculó que los alfas habrían terminado sus cigarros y sus conversaciones de poder, dejó la copa sobre una mesa y caminó hacia la salida. El vestíbulo estaba vacío, las voces del jardín llegaban amortiguadas, ya en despedida.
Salió al aire frío de la noche, el coche de Alessio esperaba junto a la escalinata, con el motor encendido. Renato abrió la puerta y se deslizó en el asiento del copiloto, Alessio ya estaba allí, repasando documentos a la luz del teléfono.
—¿Cómo te fue con los otros omegas? —preguntó, sin levantar la vista.
Renato se quedó en silencio un momento.
—Bien. Fue interesante.
Alessio alzó la mirada, algo en su tono le resultó extraño, pero Renato ya miraba por la ventana, con la cabeza apoyada en el cristal. El coche arrancó, las luces de la ciudad pasaban como estrellas fugaces.
Renato cerró los ojos.
Rinaldi, Rizutto, el de la mirada. Nombres. Caras. Debilidades. Alessio no sabía lo que llevaba sentado a su lado.
Pero lo aprendería.
Ale cada día me gusta más, está aprendiendo a coexistir con todo lo que es y significa Ren. Todavía falta pero va por buen camino🤓🤓🤓
pasión y estrategia, se lo dejo a ahí autora, para título de próxima obra 🤪🤪🤪🤪