Siempre hubo odio entre ellos. Desde el primer momento, las miradas estaban cargadas de desprecio, las palabras eran cuchillos y las peleas, inevitables. Eran enemigos por naturaleza… o eso creían.
Pero todo cambia cuando él descubre un secreto que nunca debió salir a la luz.
A partir de ese instante, la tensión deja de ser solo odio. Las emociones se vuelven confusas, peligrosas, irresistibles. Lo que antes era rechazo empieza a transformarse en algo mucho más intenso… algo que ninguno de los dos sabe cómo controlar.
¿Es posible que entre enemigos nazca el amor?
¿O todo es solo una ilusión provocada por lo que ahora los une?
En un mundo donde los instintos pueden más que la razón, cruzar esa línea podría cambiarlo todo… para siempre.
NovelToon tiene autorización de juliana scotella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 19 : Vete
—¿No cuándo qué? —espeté, casi gritando.
Mi respiración se volvió errática.
Rápida.
Demasiado rápida.
Mi pecho subía y bajaba con fuerza mientras lo miraba, esperando.
Temiendo.
Deseando escuchar algo que sabía que probablemente no llegaría.
Irán sostuvo mi mirada.
Por un instante, vi vacilación en sus ojos.
Una grieta en su habitual control.
Luego dio un paso hacia mí.
Solo uno.
Pero fue suficiente para que todo mi cuerpo se tensara.
—Dante, cariño...
Su voz bajó, más suave.
Demasiado suave.
Como si intentara calmar a una bestia herida.
—No cuando no quiero perderte.
Las palabras me atravesaron.
Directo al pecho.
Mi corazón tropezó dentro de mi pecho.
Una vez.
Y luego otra.
Pero Irán continuó antes de que pudiera reaccionar.
—No cuando tu guerra es con mi familia.
Ahí estaba.
La realidad.
Siempre regresando para arruinarlo todo.
...Dante (pensamiento)...
Su familia.
Yo nunca podría competir contra eso.
Apreté los puños con fuerza.
Tanta que mis uñas se clavaron en las palmas.
—Tu familia...
Reí sin alegría.
—Siempre tu maldita familia.
Irán frunció el ceño.
—Dante...
—No.
Lo interrumpí, retrocediendo un paso.
Necesitaba aire.
Necesitaba espacio.
Necesitaba que dejara de mirarme así.
Como si realmente le importara.
Porque eso era lo peligroso.
Que quizás sí le importaba.
Y aun así, nunca sería suficiente.
...Dante (pensamiento)...
Ese es el problema.
Siempre seré importante... pero nunca la prioridad.
Eso dolía más de lo que estaba dispuesto a admitir.
Mucho más.
—Vete, o haré que te saquen de aquí.
Mi voz salió más firme de lo que me sentía.
Era eso o derrumbarme frente a él.
Y esa opción estaba descartada.
Irán entrecerró los ojos.
—Dante...
—Tu familia arruinó la vida de mi madre.
Me giré para enfrentarlo una última vez.
La rabia volvió a arder en mi pecho.
Pura.
Antigua.
Imposible de apagar.
—Yo peleo esta guerra por mi familia.
Por ella.
Por mi padre.
Por todo lo que nos arrebataron.
Por todo lo que intentaron destruir.
Y ahora...
Por alguien más.
Aunque él todavía no lo supiera.
...Dante (pensamiento)...
Por nuestro hijo.
La idea me golpeó con tanta fuerza que casi perdí el equilibrio.
Pero mantuve el rostro inexpresivo.
Irán dio un paso hacia mí.
—No me iré.
Por supuesto que no.
El hombre jamás entendía la palabra "no".
Solté una risa breve, amarga.
—Sí.
Levanté la mano e hice una seña.
Mis hombres aparecieron de inmediato, rodeándolo con la precisión de años de entrenamiento.
—Sí lo harás.
Irán miró a los guardias y luego a mí.
No había miedo en su expresión.
Solo frustración.
Y algo más.
Algo que me negaba a nombrar.
—Sáquenlo de aquí.
Las palabras me supieron a veneno.
Pero eran necesarias.
Antes de que mi determinación se quebrara.
Antes de que cometiera la estupidez de pedirle que se quedara.
Antes de que le dijera la verdad.
Me di la vuelta sin esperar respuesta.
Cada paso hacia mi habitación pesaba más que el anterior.
No miré atrás.
No podía.
Porque sabía que si lo hacía...
correría hacia él en lugar de alejarme.
...Dante (pensamiento)...
No vuelvas.
Por favor... vuelve.
Y esa contradicción era exactamente la razón por la que debía mantenerlo lejos.
Me encerré en mi habitación apenas crucé la puerta.
El sonido del cerrojo resonó como una sentencia.
Como si al girarlo pudiera mantener afuera todo lo que me estaba destruyendo por dentro.
Pero no funcionó.
Nunca funcionaba.
Mis piernas cedieron antes de que pudiera llegar a la cama.
Caí de rodillas sobre el suelo.
El aire abandonó mis pulmones en una exhalación temblorosa.
Y entonces todo se vino abajo.
Mi cuerpo comenzó a temblar sin control.
Las lágrimas, que había contenido con tanta fuerza, finalmente escaparon.
Una tras otra.
Silenciosas al principio.
Desesperadas después.
Me dejé caer por completo, apoyando la espalda contra la cama mientras llevaba las rodillas al pecho.
Me sentía roto.
Cansado.
Aterrorizado.
Lentamente, mi mano se deslizó hasta descansar sobre mi vientre.
El gesto ya se estaba volviendo natural.
Instintivo.
Protector.
Y eso me asustaba tanto como me reconfortaba.
...Dante (pensamiento)...
Ya no soy solo yo.
Las palabras de mi madre regresaron con una claridad dolorosa.
"Aléjate, aunque duela."
"Si es por tu bien, aunque sea injusto."
"Primero protégete a ti... y al bebé que llevas dentro."
Cerré los ojos con fuerza.
Una nueva oleada de lágrimas resbaló por mis mejillas.
—¿Cómo se supone que haga eso? —susurré al vacío.
¿Cómo se alejaba uno de su alma gemela?
¿Cómo se renunciaba a la persona que el destino había elegido para ti?
¿Cómo se protegía a un hijo sin romperse en el intento?
...Dante (pensamiento)...
No lo sé.
Pero tengo que hacerlo.
Apreté suavemente mi vientre.
Allí estabas.
Pequeño.
Inocente.
Completamente ajeno al caos que nos rodeaba.
Y ya eras lo más importante de mi vida.
—Te protegeré.
Mi voz salió rota, pero firme.
—Aunque tenga que odiarme por ello.
Aunque tuviera que alejar al hombre que amaba.
Aunque eso me destrozara.
Aunque el destino quisiera otra cosa.
Porque esta vez...
no podía ser egoísta.
No podía elegir solo con el corazón.
Ahora tenía que elegir con el alma.
Y con la vida de alguien más en mis manos.
...Dante (pensamiento)...
Irán puede romperme el corazón.
Pero nadie romperá tu futuro.
Me acurruqué sobre mí mismo, abrazando mi vientre como si ya pudiera sostenerte entre mis brazos.
Lloré hasta que el cansancio comenzó a vencerme.
Hasta que las lágrimas dejaron de salir.
Hasta que solo quedó el silencio.
Y una decisión que, aunque me estaba matando, sabía que era la correcta.
Mi cuerpo colapsó.
No recordaba en qué momento exacto el llanto se transformó en agotamiento.
Solo sabía que, en algún punto, el cansancio fue más fuerte que el dolor.
Me quedé dormido en el suelo, acurrucado contra la cama, con una mano protectora sobre mi vientre.
Como si incluso dormido mi cuerpo supiera que debía cuidarte.
Había sido demasiado.
Demasiado en un solo día.
Demasiadas emociones.
Demasiadas verdades.
Demasiadas heridas abiertas al mismo tiempo.
Y lo peor era que nada había salido como lo había planeado.
Yo había ido dispuesto a decirle la verdad a Irán.
A contarle sobre ti.
A darle la oportunidad de reaccionar.
Quizá incluso de alegrarse.
O al menos... de intentarlo.
Pero su padre había aparecido.
Y con él, había llegado una verdad mucho más cruel.
Una que seguía repitiéndose en mi cabeza como una maldita condena.
"Yo le enseñé a mi hijo a no tener debilidades."
"A no amar lo suficiente."
"A no tener hijos."
Incluso dormido, aquellas palabras me perseguían.
Se clavaban en mi pecho una y otra vez.
...Dante (pensamiento)...
...¿Y si tiene razón?...
¿Y si Irán realmente no quiere esto?
¿Y si nunca quiso algo más que control?
Mi respiración se agitó ligeramente en sueños.
Las lágrimas secas tiraban de mi piel.
Quería creer que Irán era distinto a su padre.
Que, pese a todo, él podría elegir otro camino.
Pero las palabras seguían allí.
Inamovibles.
Crueles.
Recordándome lo fácil que sería para él alejarse.
Recordándome lo devastador que sería si decidía hacerlo.
...Dante (pensamiento)...
No puedo arriesgarme.
Ya no.
No cuando ya no estaba solo.
No cuando una pequeña vida dependía completamente de mí.
Por primera vez, proteger mi corazón dejó de ser lo más importante.
Ahora debía proteger algo mucho más valioso.
Aunque eso significara romperme en el proceso.
Aunque eso significara renunciar al hombre que amaba.
Y, mientras el sueño finalmente me reclamaba por completo, una última verdad se instaló en mi pecho.
Dolorosa.
Inevitable.
Definitiva.
...Dante (pensamiento)...
Si Irán no puede elegirnos...
Entonces yo lo haré por los dos.