Tras despertar en el cuerpo de la villana condenada a muerte de su novela favorita, una mujer de la época moderna tiene una sola misión: ¡Sobrevivir! Para lograrlo, debe alejarse del imponente Héroe, el hombre destinado a matarla por amor a la protagonista original. Sin embargo, el destino tiene otros planes. Cada intento de huida termina en un encuentro desastroso que ella interpreta como una sentencia de muerte, mientras que él... empieza a ver en la "villana" algo que nunca esperó: un corazón que lo cautiva. Ella corre por su vida, pero él ya ha empezado la cacería... por su amor.
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Capitulo 18: El secreto del emperador
El traqueteo rítmico de las ruedas del carruaje sobre el empedrado de la capital es el único sonido que rompe la calma artificial del interior. Afuera, la escolta real avanza con precisión militar, y entre ellos, Harald, la sombra del emperador, cabalga con una rectitud que resulta casi inhumana. Sin embargo, dentro del carruaje, el aire se siente mucho más pesado, cargado de una energía que no proviene del poder, sino de la cercanía sofocante entre dos personas que, apenas hace unas horas, son extraños destinados a una tragedia y ahora estan encadenados por un documento de compromiso.
Isabella observa el paisaje pasar por la ventana, evitando mirar a Einar, quien ocupa el asiento frente a ella con una naturalidad tan absoluta que parece ser dueño del espacio, del carruaje y, probablemente, de la gravedad misma.
__Gracias__. Murmuró Isabella de repente, rompiendo el silencio. Su voz sonó pequeña, pero firme. Se giró hacia él, encontrándose con esa mirada oscura que siempre parece estar analizando cada poro de su piel.
__Por lo de hace un momento. Por no dejar que Elena me desplazara nuevamente. En otras circunstancias, habría sido la burla de la temporada, la hermana que pierde a su prometido y luego es humillada por la sustituta. Gracias por ahorrarme ese espectáculo__. Einar, que jugueteaba con el sello imperial en su guante, se detuvo. Sus ojos, que a menudo parecen pozos de oscuridad sin fondo, se suavizaron apenas, aunque la intensidad no desapareció.
__No tienes nada que agradecer, Puffin__. Respondió con esa voz grave que parece vibrar en los huesos de Isabella.
__Lo que hice, lo hice por mí. Eres mía, y no permitiré que nadie, ni siquiera tu hermana, se atreva a poner en duda ese hecho__.
__Sigue llamándome así y terminaré por creerme que soy un ave__. Espetó Isabella, aunque una sonrisa involuntaria curvó sus labios. Se enderezó, adoptando una postura de desafío.
__Entiende algo, Einar. No soy un trofeo que ganaste en una subasta. No voy a quedarme quieta esperando a que decidas qué hacer conmigo__. Einar soltó una carcajada, un sonido seco y genuino que pareció sorprender incluso a los cocheros. Se inclinó hacia adelante, reduciendo la distancia entre ellos.
__Eso es precisamente lo que más me atrae de ti__. Admitió él, sin rastro de burla.
__Eres transparente, desafiante y, a veces, peligrosamente loca al hablar. La mayoría de las mujeres en la corte son espejos: reflejan lo que quiero ver o lo que creen que quiero ver. Tú, en cambio... tú eres un incendio. Y me encanta ver cómo intentas apagarme mientras te quemas conmigo__. Isabella sintió que la indignación le subió por el cuello como una marea caliente. Con un movimiento rápido y preciso, tomó el abanico que descansaba en sus manos y se lo lanzó al pecho con fuerza.
__¡No te acostumbres!__. Exclamó ella, indignada por su arrogancia.
__Ahora que el compromiso es oficial, no te vas a librar de mí tan fácil. Si tú puedes ser intenso y posesivo, yo puedo ser el dolor de cabeza más grande de tu vida. Puedo ser deslumbrante, alegre y radiante, y te advierto: vas a odiarlo. Tu rostro atractivo, pero de amargado no soportará mi luz por mucho tiempo__. Einar atrapó el abanico en el aire con una destreza casi depredadora, observándolo con diversión antes de dejarlo caer sobre el asiento. Se ríe, y ver a ese hombre, el villano de la novela que ella recuerda, riendo por sus desplantes, la hace sentir que el mundo se ha puesto patas arriba.
__Estoy ansioso por descubrir hasta dónde llega esa luz, mi pequeña emperatriz__. Replicó él, acercándose tanto que ella pudo sentir el aroma a sándalo y hierro que lo caracteriza.
__Y te equivocas en algo. No solo no me libraré de ti, sino que me aseguraré de estar cada vez más pegado a ti. Especialmente ahora que sé lo que piensas de mi... apariencia__.
Las mejillas de Isabella ardieron. Maldición, pensó, ¿se dio cuenta de que lo miro demasiado? Su vergüenza fue instantánea, pero su instinto de supervivencia le dio una idea. Ella sabe cosas sobre él que nadie más sabe. En el libro, Einar es el soberano solitario, el hombre que no conoce la intimidad más allá de los deberes del trono.
La duda cruzó su mente por una fracción de segundo, pero decidió arriesgarse. "Si él quiere jugar conmigo, aprenderá que yo también sé mover las piezas", se dijo a sí misma.
Con una audacia que la asustó incluso a ella misma, Isabella se puso de pie, balanceándose ligeramente con el movimiento del carruaje. En lugar de regresar a su asiento, dio un paso corto y se sentó, sin pedir permiso, directamente sobre las piernas de Einar.
Él se tensó al instante. Isabella sintió la rigidez en sus muslos, la forma en que sus manos se cerraron sobre sus brazos con una presión que delata un control extremo. Ella no se detuvo ahí. Llevó sus manos al rostro de Einar, recorriendo la línea de su mandíbula con las yemas de sus dedos, antes de detenerse en sus labios, trazando su contorno con un dedo lento y deliberado.
__¿Crees que eres tan imponente, Emperador?__. Susurró ella, su voz apenas un hilo, cargada de una travesura que pretende ocultar el miedo que la invade.
__He oído que no eres tan experimentado en estos juegos como tu aura sugiere__. El efecto fue inmediato. Einar se congeló. El hombre que suele controlar sombras, ejércitos y vidas enteras, parece haber olvidado cómo respirar. Sus ojos, antes llenos de hambre y confianza, se abrieron con una mezcla de desconcierto y una vulnerabilidad que Isabella nunca imaginó ver. Esta petrificado, incapaz de decidir si debe apartarla o caer ante su tacto.
Isabella sintió una descarga de adrenalina pura. ¡Había funcionado! Sus conocimientos sobre la "castidad" del Emperador en la novela original son ciertos. Él nunca ha besado a nadie, nunca ha tenido una mujer cerca. Es un novato absoluto bajo esa máscara de villano.
Con una sonrisa de victoria que no pudo ocultar, ella se deslizó fuera de sus piernas con la misma elegancia con la que había subido, volviendo a sentarse en su lugar frente a él. Einar sigue inmóvil, con la mirada perdida en un punto fijo del carruaje, tratando de recuperar la compostura que ella acaba de desmantelar en cuestión de segundos.
Isabella se alisó la falda del vestido, ocultando el hecho de que sus propias manos tiemblan. Ha ganado esta ronda, pero al mirar el brillo que comienza a encenderse en los ojos de Einar (un brillo que ya no es solo de diversión, sino de una determinación peligrosa), se dio cuenta de algo vital: ha despertado a la bestia.
__Te lo dije, Einar__. Dijo ella, con una calma fingida.
__No te acostumbres a ser el único que tiene el control__. Einar no respondió de inmediato. Lentamente, se pasó una mano por el cabello, reorganizándose, mientras una sonrisa depredadora, más oscura y hambrienta que cualquier otra que hubiera mostrado hasta ahora, se dibujo en sus labios.
__Tú lo has querido, Isabella__. Dijo él, y su voz sonó más ronca, más profunda que nunca.
__Me has enseñado una debilidad. Ahora, prepárate, porque no volveré a cometer el error de ser el espectador en este juego__. El carruaje siguió avanzando hacia el palacio, pero para ambos, el destino ya no importa.
Han cruzado una línea invisible, y el aire dentro del pequeño compartimento se volvió tan denso, tan cargado de promesas y peligros, que ni siquiera el traqueteo de las ruedas puede aliviar la tensión. Isabella se recostó contra el asiento, mirando por la ventana con una sonrisa triunfal, aunque en el fondo sabe que, al provocarlo, acaba de convertir su vida en un desafío que, muy probablemente, no tendrá retorno.