En un mundo donde la sangre llama a la venganza y el destino teje hilos inquebrantables, ella, la Omega despreciada, se alzará para reclamar no solo un trono, sino el corazón de un Rey. Pero un amor tan puro puede ser la debilidad más letal en un reino oscuro.
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Capítulo 22
El insulto fue como una bofetada. Ethan dio un paso hacia abajo desde el estrado del trono, pero Luneth extendió su mano, rozando su brazo para detenerlo. Él la miró, sus ojos dorados llenos de fuego y preocupación.
—Acepto —dijo Luneth, mirando directamente a Silvio.
—Luneth, no tienes que hacer esto —le susurró Ethan, su voz cargada de una protección posesiva.
—Sí, tengo que hacerlo —respondió ella, lo suficientemente alto para que todos la escucharan—. Si voy a ser tu Reina, no será porque tú me impongas, sino porque ellos no tengan más remedio que aceptar que soy su igual.
Roderick asintió con una mueca de satisfacción.
—Mañana, al anochecer, se celebrará el juicio de la Piedra de Luna. Si la piedra permanece oscura, el compromiso se anulará y la joven regresará a su lugar de origen... o a donde el Rey disponga, pero lejos del trono.
Los Alfas comenzaron a levantarse y a abandonar la sala, murmurando entre ellos. Los "murmullos del consejo" eran venenosos, una corriente de dudas que amenazaba con erosionar la autoridad de Ethan.
Cuando la sala quedó finalmente vacía, a excepción de Caspian, que permanecía en la puerta, Ethan se volvió hacia Luneth. Sus manos volaron a los hombros de ella, sujetándola con una mezcla de fuerza y ternura.
—¿Tienes idea de lo que acabas de aceptar? —preguntó él, su voz era un gruñido bajo—. La Piedra de Luna no es solo un cristal. Es un fragmento de energía pura que reacciona a la sangre de los antiguos. Si tu linaje no es lo suficientemente fuerte, la piedra puede... puede consumirte.
—Dijiste que mi padre era un Alfa respetado —dijo Luneth, tratando de controlar el temblor de sus manos—. Dijiste que había algo en mi sangre.
—Lo hay, Luneth. Lo siento a través del vínculo. Es un poder que duerme, algo que incluso a mí me inquieta —admitió Ethan, pegando su frente a la de ella—. Pero aún no ha despertado. Y si la piedra te rechaza frente a ellos, no podré protegerte de la ley de la manada. Tendría que desterrarte.
Luneth cerró los ojos, sintiendo el latido del corazón de Ethan contra su pecho.
—Prefiero morir intentando ser digna de ti, que volver a ser la sombra que era en casa de mis tíos.
Ethan la abrazó con una desesperación que la sorprendió. En la soledad de la gran sala, el Rey de los Dark’Raven parecía más asustado que ella. Sabía que sus enemigos no buscaban solo probar a Luneth; buscaban una excusa para iniciar una guerra civil y arrebatarle el poder.
—Caspian —llamó Ethan, sin soltar a Luneth.
—¿Sí, mi señor? —el capitán se acercó.
—Dobla la guardia. Nadie entra ni sale de los aposentos de la señorita Moonlight sin mi permiso personal. Y busca a Leandro. Necesito que investigue los archivos antiguos sobre la familia Moonlight. Hay algo que se nos escapa, un secreto que sus padres se llevaron a la tumba.
Caspian hizo una reverencia y se retiró.
Esa noche, el castillo bullía de intriga. En las cocinas, en los cuarteles y en los salones de los nobles, no se hablaba de otra cosa. "¿Podrá una Omega sobrevivir al juicio?", se preguntaban algunos. Otros, más oscuros, ya estaban apostando sobre cuánto tiempo tardaría Ethan en buscar una nueva compañera tras el fracaso de Luneth.
Luneth, en su habitación, no podía dormir. Se sentó en el balcón, mirando la luna que brillaba con una intensidad inusual. Recordó las palabras de su madre, susurros casi olvidados de su infancia: *"La luna no brilla para todos igual, pequeña Luna. Algunos solo ven su luz, pero otros... otros llevan su fuego dentro"*.
De repente, sintió una presencia. No era Ethan. Era algo más antiguo, una vibración que venía del mismo suelo del castillo. Se levantó y caminó hacia el espejo de cuerpo entero. Por un segundo, su reflejo pareció cambiar. Sus ojos azules no brillaron con el oro de los lobos, sino con un blanco plateado, puro y cegador, que desapareció en un parpadeo.
Luneth se llevó las manos al corazón. Un calor extraño empezaba a irradiar desde sus huesos. No sabía qué era, pero sabía que la prueba del día siguiente no solo revelaría su destino, sino la verdad sobre un poder que había estado oculto durante siglos.
La "Diosa Dormida" estaba empezando a despertar, y el Castillo de Obsidiana no estaba preparado para lo que vendría después.
Lejos de allí, en un ala apartada del palacio, Silvio y Roderick compartían una copa de vino oscuro.
—Mañana será el fin de su reinado —dijo Silvio, con una sonrisa cruel—. He hablado con el encargado de la Piedra. Se ha asegurado de que el cristal esté... sintonizado para rechazar cualquier rastro de debilidad. Esa Omega no saldrá viva de la cámara.
—Ethan se volverá loco de dolor —asintió Roderick—. Y en su locura, cometerá el error que necesitamos para dar el golpe. La sangre de los Dark’Raven ha gobernado demasiado tiempo. Es hora de que el consejo tome las riendas.
Los conspiradores brindaron por la caída de la futura reina, sin saber que el vínculo que unía a Ethan y Luneth era mucho más que una simple conexión biológica. Era un pacto de almas que ni el fuego ni la piedra podrían romper tan fácilmente. La mañana traería el juicio, pero también el primer destello de una leyenda que cambiaría el reino para siempre.