Adrián Varma es el CEO Omega de un imperio tecnológico; un hombre rubio y tierno que oculta su sensibilidad tras trajes impecables y un aroma a pino y toronja. Su mundo perfecto se sacude cuando conoce a Leo, un Alfa atractivo pero con graves dificultades económicas que sobrevive trabajando en lo que puede para salvar a su familia.
A diferencia de otros, Leo exhala un aroma a eucalipto seductor que es capaz de calmar el estrés de Adrián. Lo que comienza como una relación laboral se convierte en una conexión profunda donde el dinero no importa
NovelToon tiene autorización de Andy GZ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 9: La Promesa del Eucalipto
...o...
...o...
...o...
...o...
Leo permaneció unos segundos con los ojos cerrados, dejando que el aroma a resina de pino de Adrián actuara como un bálsamo sobre sus nervios destrozados. Sentir al CEO más poderoso de la ciudad arrodillado frente a él, sin importarle las apariencias, rompió la última barrera de orgullo que Leo sostenía.
— Julian no se va a detener, Adrián —dijo Leo, abriendo los ojos y encontrando la mirada ámbar del Omega—. Lo que hizo hoy en la junta es solo el principio. Va a usar mi pasado, mi falta de dinero y mi barrio para intentar demostrar que soy un error en tu sistema.
Adrián apretó suavemente las manos de Leo.
— Julian solo entiende de poder y linaje. Él no sabe lo que es construir algo desde cero, como lo has hecho tú.
Leo soltó una risa amarga y se puso de pie, ayudando a Adrián a levantarse también. Lo miró detenidamente: el cabello rubio impecable, el traje que costaba más que el alquiler de un año en su barrio, y esa aura de pureza que lo rodeaba.
— Entonces, si vas a pelear esta guerra conmigo, no quiero que lo hagas a ciegas —sentenció Leo. Su aroma a eucalipto se volvió serio, honesto—. Me has defendido sin dudarlo, pero Julian tiene razón en una cosa: vivo en un mundo que tú solo conoces por las noticias.
Adrián ladeó la cabeza, intrigado. Su aroma soltó una nota de toronja curiosa.
— ¿A qué te refieres, Leo?
— Mañana —continuó el Alfa, dando un paso hacia el ventanal que mostraba la ciudad reluciente—. No quiero verte en esta oficina de cristal. Quiero invitarte a mi casa. Quiero que conozcas a mi madre, que veas el lugar donde crecí y que sientas el olor de la realidad de la que Julian se burla.
Adrián se quedó en silencio, procesando la invitación. Nadie en su círculo social lo invitaba a lugares que no fueran exclusivos, caros o pretenciosos.
— Si después de ver mi mundo sigues queriendo que esté a tu lado en esa mesa de juntas —susurró Leo con una vulnerabilidad que le dolía—, entonces sabré que no es caridad, Adrián. Sabré que realmente me ves a mí.
Adrián caminó hacia él y, rompiendo toda distancia profesional, apoyó su mano en la mejilla de Leo. Su aroma a pino se volvió cálido, casi primaveral.
— He pasado toda mi vida rodeado de gente que finge ser lo que no es. No sabes cuánto deseo ver algo que sea real. Acepto, Leo. Mañana iré contigo.
Ese fue el trato silencioso de cierre.
Ya no eran solo un CEO y su programador; eran dos personas preparándose para cruzar la frontera más difícil de todas: la que divide la riqueza de la pobreza, bajo la sombra de un Julian Thorne que ya estaba preparando sus cámaras para el día siguiente.
relleno
relleno
relleno
relleno
relleno
relleno
relleno
relleno
relleno
relleno
relleno
relleno
relleno
relleno
relleno
relleno
relleno
relleno
relleno
relleno relleno relleno relleno relleno relleno relleno
relleno