En un mundo donde el poder corrompe y la sangre siempre se paga con más sangre, la paz no es más que una mentira bien contada.
Ella creció entre sombras, bajo las reglas de una familia donde la mafia dictaba cada paso.
Ahora sigue el mismo camino hasta que un enemigo de su familia aparece para arrastrarla a un infierno de verdades que duelen, pactos rotos y recuerdos que jamás murieron.
Entre la oscuridad del odio y la fragilidad del amor, deberá elegir: ¿vale su alma mas que la venganza… o ya es demasiado tarde para salvarla?
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Capitolo 2
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Por un momento la expresión del rostro de leonardo en esa foto parecía mirarme con la misma calma con la que solía mentirme. Cerré mis ojos para volver allí.
A Zermatt, a esa tarde donde la nieve caía despacio sobre nosotros con nuestra vista alrededor de las montañas de Matterhorn, nunca podría olvidar ese día en donde creía que había ganado todo con ese hombre a mi lado. El que creía que iba hacer mi mundo entero.
El llevaba un abrigo negro y yo un abrigo blanco, veía su sonrisa como una sincera mientras el me susurraba cosas al oído.
—¿sabes que es lo que más me gusta de ti, principessa?
—¿Qué cosa, amore? —respondí con una sonrisa distraída.
—Que, aunque vivamos rodeados de enemigos, de secretos y traiciones, cuando estoy contigo puedo sentirme tranquilo, siento que todo encaja y eso me da paz.
Había reído, sin saber que aquella frase, años después, me dolería como una herida abierta.
—Espero con ansias casarme contigo para estar lejos de este mundo, lejos de la mafia… solo tú y yo viviendo una vida como una persona común y corriente.
—y si ese día no llega, espero que encuentres a alguien con quien si puedas ser feliz y hacer todos lo que planeamos en el futuro.
El recuerdo se desvaneció tan rápido como había llegado.
Abrí mis ojos, encontrándome de nuevo sola, en mi habitación silenciosa. En la mesilla seguía la fotografía de aquel viaje a suiza, nuestro segundo aniversario… la prueba de un amor que alguna vez soñé con escapar de las sombras. Note como mis manos sangraban. Había apretado con tanta fuerza el marco de la foto que hasta los cristales de la misma se quebraron haciendo que me hiriera.
Le abrí mi corazón, lo amé más a que a nadie; fue el primero en mi vida. Por eso, su traición me destruyo más que cualquier bala.
Un carraspeó me saco de mis pensamientos.
Ricci se asomó con un gesto serio.
—Se supone que tenías que hacerle daño a él no a ti misma, no sé cómo no te duele haberte clavado todo ese vidrio en tus manos.
—Mi padre me enseño que cuando tienes dolor, la mente es crucial para visualizar que una simple cortada no te dolerá.
—Pero, no por un hombre te tienes que hacer daño, y menos con el mismo que te follaste en una montaña con nieve sin la vista de todos.
—Ricci…
—Perdón bambola, pero es la verdad. Ese hombre era un dios griego, pero termino pagando por su traición.
—Me tomara tiempo olvidarme de él. Pero, tengo que pasar página y concentrarme en reorganizarme, al menos me ahorre lo del viaje a Tailandia.
—Mira el lado bueno, un día de estos tú y yo nos podemos ir a recorrer.
—Pienso en tomarme unas vacaciones. No creo que mi padre me ponga otra misión. Esperamos que tiene que decirme mañana.
—¿y si te la llegaran asignar? No puedes rechazar su petición y lo sabes perfectamente.
—Tendré que poner resistencia no hare nada que me vuelva a perjudicar. Ahora tu dormirás en el lado derecho y yo en el izquierdo eso sí. No quiero que ronques.
—Cómo digas bambola, descansa.
Busque una pijama de seda color rosado, fui al baño para hacerme una limpieza en mi rostro para irme a descansar era cómodo estar de vuelta en mi cama, pero conciliar el sueño no sería fácil me tomaría tiempo volver acostumbrarme a mi rutina.
Levantarme temprano para mí era una rutina que adapte en serbia desde que llegue. Me puse mi ropa deportiva para dirigirme después al gimnasio de la mansión. Allí entrene un poco de boxeo. Descargue todas mis emociones almacenadas en ese saco colgante. En mi mente llevaba contenida estas hace mucho tiempo que no me importaba tener la mano vendada y con dolor.
Cada golpe me recordaba lo que me paso en serbia, las torturas, las humillaciones y en como crecían las ganas de vengarme aún más. Sigue así hasta que note la presencia de uno de los hombres de mi padre.
—¿Cosa vuoi?
—Signorina Vindicta, me informan de que, ya que puede bajar a desayunar y, después, esperar a su padre en su oficina…
—Diles que termino mi entrenamiento, me aseo y bajo.
El hombre solo asintió mientras yo seguí entrenando, hice algunos calentamientos, practiqué un poco de yoga y estiramiento, no podía perder mi físico y mas que ahora estaba un poco aporreada por los golpes que recientemente recibí en serbia.
Cuando termine fui a ducharme y luego me vestí con un chaleco blanco, unos vaqueros azul claro y unos tacones del mismo color, con mi cabello recogido y unos aros en mis orejas en oro puro.
Baje hacia el comedor dándome cuenta que ahora era un lugar majestuoso con un estilo clásico, techo alto y grandes ventanales arqueados a su alrededor. Cortinas largas y pesadas, en tonalidades oscuras.
En el centro una gran mesa de madera tallada, con vajillas, copas y cubiertos de plata, rodeada de sillas tapizadas en terciopelo claro.
Sobre la mesa colgaban dos candelabros de cristal, y una variedad de frutos secos, proteínas y carbohidratos.
En la silla del centro se encontraba mi madre, una mujer de melena larga pelirroja, suelta en ondas suaves que caían sobre sus hombros, vestía un traje sastre de cuadros en tonos azul grisáceo, perfectamente entallado, con una camisa blanca de escote. Llevaba pendientes largos, anillos brillantes, un collar de piedra verde y un reloj inteligente.
La mesa frente a mi encima, unos documentos regados por una parte y una taza de café caliente en el otro junto a un ordenador al momento de sentarse ella dejo todo de lado para sonreírme tiernamente.
—Boungiorno, figlia ¿Cómo amaneciste?
—Boungiorno, madre, caí rendida en la cama, hace tiempo no dormía de esa manera, pero, es mientras voy retomando mi rutina nuevamente.
—Lo entiendo, figlia. Se que han sido años difíciles para ti, pero me alegro en tenerte de nuevo con nosotros.
—También me alegra verte. Te noto más hermosa… pero dime, ¿Massimo y Alonzo?
—Salieron temprano hacia la organización. Cada uno se comunico desde sus casas, con eso de que Alonzo ya tiene dos hijos quiso vivir en una mansión cercana junto a su esposa antonella y massimo en pocos días se casara.
—Me alegra por ellos, al menos ellos tuvieron suerte en el amor… no como yo que me vieron la cara de pendeja.
—no te des tan duro, eres joven, se que pronto encontraras a alguien que si sepa valorar a una mujer como tú a su lado.
—ojalá se cumpla lo que dices, pero no necesito un hombre para poder triunfar.
—eso dices porque tienes que sanar tu corazón, pero ahora, desayunemos. Prepare un brunch especial se que extrañabas la comida de aquí.
—Extrañaba la comida de aquí. La que me daban en serbia eran solo paquetes de comida militar vieja, a veces salían hasta vencidos por lo que soportaba días sin comer.
—Disfruta, figlia.
Mientras comía, charle un poco con mi madre. Ella me contaba que en mi ausencia había tenido que ocuparse de mis tareas junto con las de ella. Además, me dijo que ya en la organización de su familia los Medici. Tuvo que encargarse porque mi abuelo estaba un poco mal de salud.
Los Medici a diferencia de los vindicta no eran una familia tan numerosa mi madre esperaba pronto ser la capo di tutti de esa organización para mejorar las relaciones comerciales de la familia.
Cuando terminamos de conversar y comer. Deje el plato a un lado levantándome con cuidado.
—Madre, pido permiso para retirarme. Tengo que ver a mi padre y sabes que no le gusta esperar.
—Ve, figlia. Después hablaremos con más calma.
Asentí y me encaminé hacia la oficina de mi padre. Frente a la puerta, dos hombres de traje oscuro custodiaban la entrada; al reconocerme, se apartaron de inmediato y me abrieron paso con una leve inclinación con sus cabezas.
Al cruzar el umbral, percibí que la oficina había cambiado. Era mas amplia de lo que recordaba. Mas sobrio, con un aire de autoridad renovada. Las paredes, antes cubiertas de retratos familiares, ahora exhibían armas, mapas y documentos que decían confidencial. El aroma a limoncello y humo impregnaban el lugar, mientras la luz del mediodía se filtraba a través de las cortinas pesadas, dibujando sombras sobre el suelo de mármol.
—¿Te gusta?—preguntó su padre.
—Se nota que adaptaste finalmente a tu estilo.
—Quería renovar tanto la mansión como la organización. Pero ahora quiero que hablemos no como padre e hija, sino de capo a capo en temas de negocios. Es importante porque somos los dos que tenemos los rangos más altos.
—ya te dije que no pensaba ser más la capo después de fracasar… nadie seria un capo si eres una perdedora.
—solo disponerte a escuchar, después puedes irte.
Me senté y me acomodé en forma que empezara hablar.
—Figlia, lo que intentaba decir ayer es que ya no tenemos que lidiar tanto con la mafia serbia. Dimitar se encuentra vulnerable, dolido porque asesinaste a su hijo andrej. Pero nadie muere inocente en este mundo. Cuando te dije que alguien del pasado regreso me hice dar a entender de que era un enemigo que pretende volver para cobrarme una pequeña venganza que nos debemos.
—¿te refieres que esto algo personal? Porque con dimitar era por poder.
—es mas personal de lo que crees.
—suena alerta de peligro, ¿Qué tan poderoso es?
—mas de lo que crees es uno que nos arrastrara al mismísimo infierno… si lo impedimos antes nosotros, mía figlia.
En ese instante sentí como un pequeño escalofrió recorría por toda mi espalda. Mis dedos se buscaron, casi sin pensarlo, el metal frio de la mesa. No sabia si era miedo o ira, pero entendía algo con claridad: una guerra estaba por empezar y yo no estaba preparada para nada.
...CONTINUARÁ ...