Ningún sacrificio es suficiente cuando la subsistencia de muchos está en juego.
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Bajo vigilancia
La salida de la biblioteca fue un ejercicio de actuación silenciosa. Mientras caminaban por los senderos del campus hacia el departamento de Adrian, él mantenía la mirada fija en el frente, adoptando la postura rígida que Helix esperaba de su "arma". Sin embargo, la mano de Aeryn estaba entrelazada con la suya, oculta por la oscuridad de la noche. A través de ese contacto, la piedra de Miri seguía trabajando, filtrando las señales que llegaban a los servidores de la Orden.
En la furgoneta de vigilancia, Mara observó la pantalla con una sonrisa de suficiencia.
—Mira eso, Daniel —dijo, señalando la gráfica plana del pulso de Adrian—. El objetivo lo acompaña a su domicilio privado. La fase de seducción ha sido un éxito total. El Reinicio Sigma ha eliminado cualquier rastro de duda moral en Valerius. Ahora solo es cuestión de tiempo para que ella baje la guardia del todo.
Daniel asintió, cruzando los brazos sobre su pecho.
—Excelente. Una vez dentro, esperemos que Adrian proceda con la extracción de datos. Si ella se queda a pasar la noche, tenemos luz verde para iniciar el escaneo de proximidad.
Al entrar en el departamento, el contraste fue inmediato. El hogar de Adrian era un espacio minimalista, de paredes blancas y muebles de acero, diseñado para no ofrecer distracciones. Pero en cuanto la puerta se cerró y el cerrojo electrónico hizo click, la atmósfera cambió.
Aeryn soltó la mano de Adrian y recorrió la estancia con la mirada, sintiendo la frialdad del lugar. Era un sitio sin alma, el reflejo exacto de lo que Helix quería que Adrian fuera.
—Este lugar... no se siente como tú —susurró Aeryn, deteniéndose frente al gran ventanal que mostraba la ciudad como un tablero de luces eléctricas.
Adrian se quedó de pie en el centro de la sala. Sin el escudo de la piedra, el "ruido" en su cabeza habría sido ensordecedor. Pero con ella, su conciencia estaba empezando a unir las piezas de un rompecabezas roto. Sabía que Daniel y Mara lo estaban escuchando a través de los micrófonos ambientales del departamento. Tenía que ser extremadamente cuidadoso.
—Es el lugar que me asignaron —respondió Adrian, usando un tono que parecía obediente para los micrófonos, pero mirando a Aeryn con una intensidad suplicante—. Es eficiente.
Se acercó a ella, rompiendo la distancia que la Orden consideraba "profesional". Al estar cerca, el calor de la piedra en su bolsillo se intensificó. Adrian comprendió que no podía revelarle la verdad sobre la Orden todavía; si lo hacía, pondría a Aeryn en el punto de mira de una ejecución inmediata. Su única opción era el camino más difícil: intentar que la Orden viera lo que él veía.
—Aeryn —dijo él, su voz apenas un susurro que los algoritmos de Helix procesarían como un susurro romántico—. Háblame del Enclave. Háblame de cómo es posible que seres tan distintos vivan en una paz que nosotros, los humanos, no podemos alcanzar.
Aeryn se giró hacia él, comprendiendo por el brillo en sus ojos que Adrian no estaba pidiendo datos para una misión, sino buscando argumentos para una defensa.
—No es la magia lo que nos une, Adrian —respondió ella, tomando sus manos—. Es la aceptación de que la fuerza no reside en el control, sino en la coexistencia. Mi padre siempre dice que quienes nos cazan tienen miedo porque no pueden medir lo que sentimos. Intentan convertir la vida en ecuaciones, pero la vida es... esto.
Ella puso su mano sobre el corazón de Adrian. Bajo la palma de Aeryn, el pulso del joven Valerius comenzó a acelerarse rítmicamente. En los monitores de Mara, la piedra de Miri manipuló la señal, mostrando un aumento leve y controlado de la presión arterial, simulando una excitación física estándar, ocultando la profunda turbulencia emocional que Adrian sentía.
—Ellos creen que son peligrosos —continuó Adrian, luchando por mantener la voz firme—. Creen que el mundo necesita ser purgado de lo que no entiende.
—Entonces hay que mostrarles que se equivocan —dijo Aeryn con una fe que le dolió a Adrian en el alma—. Tú has estado allí. Has visto que no somos monstruos.
Adrian cerró los ojos por un segundo. La ingenuidad de Aeryn era su mayor belleza y su mayor peligro. La Orden no quería entender; quería dominar. Pero en su interior, una idea peligrosa comenzó a germinar. Si lograba que Daniel viera que la "amenaza" era una sociedad funcional y pacífica, quizás podría detener la Purga Solar antes de que el primer misil fuera disparado.
—Sería bueno intentarlo —dijo Adrian, acercando su frente a la de ella—. Sería bueno que vean la verdad. Pero mientras tanto, tienes que prometerme que no estarás sin Kaelen. La ciudad no es como el bosque, Aeryn. Aquí, las sombras tienen ojos.
En la furgoneta, Mara se estiró en su asiento.
—Mira qué tierno. Está preocupado por su seguridad. El vínculo de dependencia se ha consolidado. Mañana, Adrian tendrá acceso total a su psique. Daniel, creo que podemos dar por cumplida la fase de infiltración.
Daniel no respondió de inmediato. Sus ojos estaban fijos en la imagen térmica de la pareja. Algo en la forma en que Adrian sostenía a la chica no terminaba de encajar con los manuales de la Academia. Era demasiado... protector.
—Manten la vigilancia —ordenó Daniel—. Si Adrian intenta desactivar alguno de los sensores internos o si detectamos una desviación en el guion de extracción, intervendremos. Por ahora, dejen que el "amor" siga su curso.
Dentro del departamento, Adrian abrazó a Aeryn con una fuerza desesperada. Sabía que estaba caminando sobre un hilo delgado entre dos abismos. Tenía a la mujer que amaba en sus brazos, pero vivía en una casa de cristal vigilada por verdugos. El beso en la biblioteca había sido el despertar, pero esta noche en su departamento era el inicio de su propia rebelión silenciosa: una donde el arma no era la plata, sino la verdad que intentaría sembrar en el corazón helado de la Orden Helix.