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El Heredero Del Imperio

El Heredero Del Imperio

Status: Terminada
Genre:Mafia / Amor-odio / Completas
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Polania

Han pasado 20 años.
El hijo de Frank y Valery ya no es un bebé.
Es el heredero del imperio Morello
Él no quiere el trono.
No quiere ser rey. No quiere sangre. No quiere alianzas forzadas.
Quiere una vida normal.
Y eso, en una familia como la suya… es traición.

NovelToon tiene autorización de Polania para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La verdad entre disparos

Capítulo 10

El olor a pólvora quemaba en el aire.

Isabella tenía el corazón golpeándole el pecho con tanta fuerza que sentía que iba a desmayarse, pero no lo hizo. No podía. No quería.

Matías disparaba con precisión fría, calculada. No había improvisación en sus movimientos. No había sorpresa. Solo experiencia.

Demasiada experiencia.

—¡Tenemos que salir de aquí! —gritó uno de los hombres de Matías desde el interior del restaurante.

¿Sus hombres?

Isabella volteó.

Había otros sujetos armados cubriendo las entradas. Protegiéndolo. Protegiéndolos.

La mente de ella empezó a unir piezas que no quería aceptar.

Los autos blindados. Las llamadas que él nunca contestaba frente a ella. Las cicatrices en su costado. La mirada que siempre evaluaba las salidas de emergencia.

No era casualidad.

Nunca lo fue.

Un disparo impactó la baranda metálica a centímetros de su cabeza.

Matías reaccionó al instante. La tomó por la cintura y la arrastró hacia una columna.

—No mires. Quédate abajo —ordenó.

Pero Isabella miró.

Y vio el rostro de uno de los atacantes.

No era un ladrón.

Era un sicario.

Profesional.

Esto no era improvisado.

Era guerra.

—Matías —dijo ella, respirando rápido—. Esto no es un asalto.

Él no respondió de inmediato.

Disparó dos veces más. Uno de los hombres cayó.

Entonces la miró.

Y no había salida elegante.

—No.

Silencio.

El mundo se redujo a ese instante.

—¿Quién eres? —preguntó Isabella, con la voz quebrada pero firme.

Un proyectil atravesó una de las mesas detrás de ellos. La madera explotó en astillas.

Matías apretó la mandíbula.

—Ahora no es el momento.

—¡Dímelo!

Explosión.

Uno de los vehículos estalló en la calle. El fuego iluminó la terraza como un infierno abierto.

Y en medio de ese caos, Matías decidió.

—Soy Matías Morello.

La forma en que lo dijo no fue arrogante.

Fue sentencia.

Isabella sintió un vacío en el estómago.

Morello.

El apellido que había escuchado en las noticias cuando hablaban de estructuras criminales internacionales.

El apellido que los profesores de criminología mencionaban en voz baja.

El apellido que representaba poder, sangre y control.

Ella retrocedió apenas.

—Tú…

No terminó la frase.

Otro disparo.

Matías giró para cubrirla, pero esta vez el impacto no fue contra el metal.

Fue contra él.

El sonido fue diferente.

Más profundo.

Más húmedo.

Matías se tensó.

Un segundo.

Dos.

Y luego cayó de rodillas.

Isabella vio la mancha roja extenderse por su camisa blanca.

El tiempo se congeló.

—No… —susurró.

El ruido alrededor se volvió lejano.

Ella reaccionó antes de pensar.

Se deslizó hacia él, ignorando los disparos.

—¡Isabella, no! —gritó uno de sus hombres.

Pero ella ya estaba presionando la herida.

La sangre era caliente.

Demasiado.

—Escúchame —dijo ella, activando automáticamente su mente de estudiante de medicina—. No te duermas.

Matías la miró.

Y aun herido, aun sangrando, intentó sonreír.

—Te dije… que si te explicaba… no podrías desentenderte.

—Cállate —ordenó ella, con lágrimas cayendo sin permiso—. No te atrevas a morir ahora.

Los hombres de Matías comenzaron a repeler el ataque con más fuerza. Sirenas a lo lejos.

Los atacantes empezaron a retirarse.

No habían venido por ella.

Habían venido por él.

Y habían fallado.

Pero no del todo.

Isabella apretó más fuerte la herida.

La bala había entrado en el abdomen, lateral derecho.

No parecía salida limpia.

Necesitaba cirugía.

Ya.

—Tenemos que moverlo —dijo ella con una calma que no sentía.

—El hospital no es opción —respondió uno de los hombres.

—¡Claro que es opción! ¡Se está desangrando!

El hombre la miró.

—No podemos llevar a un Morello herido a un hospital público.

Ahí estaba otra verdad.

La mafia no va a urgencias.

Tiene sus propios médicos.

Sus propios lugares.

Sus propias reglas.

Isabella entendió entonces que la línea que los separaba… ya no existía.

—Llévenlo donde sea que lo lleven —dijo con la voz firme—. Yo voy con él.

—Es peligroso.

Ella levantó la mirada.

Y ya no era la chica que dudaba.

—Más peligroso es que muera.

Matías perdió el conocimiento en sus brazos.

Y mientras lo subían a una camioneta blindada, Isabella supo algo con claridad aterradora:

Acababa de entrar al mundo del que siempre estuvo al margen.

Y ya no había regreso.

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