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EL DESCONOCIDO EN MI ALMOHADA

EL DESCONOCIDO EN MI ALMOHADA

Status: Terminada
Genre:Fantasía épica / Mundo de fantasía / Viaje a un mundo de fantasía / Completas
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

El Desconocido de mi Almohada es una historia de amor, misterio y autodescubrimiento que te hará cuestionar los límites entre la realidad y la fantasía.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 15

La primera mañana de mi "nueva vida" en Seúl no se sintió como una película romántica. Se sintió como una resaca. Me desperté en la habitación 502 del hotel, y el primer impulso de mis dedos fue buscar el calor de Marcos al otro lado de la cama. Cuando solo tocaron la sábana fría y tirante, la realidad me golpeó en el estómago como un bloque de hielo.

Marcos se había ido. Madrid era ahora un concepto abstracto, una foto en una red social que ya no me pertenecía.

Me levanté y caminé hacia el ventanal. Seúl bullía bajo una luz grisácea. Eran las siete de la mañana. Me quedé mirando el tráfico infinito de Gangnam y sentí un vértigo atroz. ¿Y ahora qué? Había quemado mis barcos, había apostado mi carrera y mi estabilidad por un hombre que, hasta hace cuarenta y ocho horas, me trataba como a una intrusa.

Mi teléfono vibró.

Min-ho: "Estoy abajo. He traído café. Baja cuando estés lista".

Sentí un vuelco en el corazón. No era un sueño. Bajé al vestíbulo intentando domar mi pelo y mi ansiedad. Allí estaba él, apoyado en la columna de mármol, sosteniendo dos vasos de cartón. No llevaba el traje de director, sino unos pantalones oscuros y un jersey de cuello vuelto que lo hacía parecer más accesible, más "mío".

—Buenos días —dijo, extendiéndome el café. Sus ojos recorrieron mi rostro con una intensidad que me hizo arder las mejillas.

—Buenos días —respondí, aceptando el vaso—. No esperaba que vinieras.

—Dijimos que empezaríamos de nuevo. Sin máscaras, ¿recuerdas? —Esbozó una sonrisa pequeña, casi tímida, que nunca le había visto en la oficina—. He pensado que, antes de ir al edificio, deberíamos hacer algo normal. Algo que la gente real hace.

—¿Cómo qué?

—Desayunar. Pero no en un hotel.

Caminamos un par de manzanas hasta un pequeño local que servía tostadas coreanas, de esas que llevan huevo, col y un toque dulce de azúcar y kétchup. Nos sentamos en una mesa diminuta de metal. Alrededor, oficinistas engullían su comida en silencio mientras miraban sus móviles.

—Esto es... muy normal —dije, dándole un mordisco a la tostada. Estaba deliciosa, caliente y real.

—Lo es —asintió él—. Valeria, anoche no dormí. Me pasé la noche pensando en lo que dijiste. En que ahora solo me tienes a mí. Es una responsabilidad que me asusta más que cualquier junta de accionistas.

—No eres responsable de mí, Min-ho. Yo elegí quedarme. Pero sí necesito saber que no te vas a convertir en el Director de Hielo en cuanto crucemos la puerta de la empresa.

Él dejó su café sobre la mesa y me tomó de la mano. Sus dedos estaban cálidos.

—En la oficina tengo que ser el Director Kang. Es la única forma de que este proyecto sobreviva a los tiburones que quieren devorarlo. Pero aquí... aquí soy el hombre que no puede dejar de pensar en cómo olía tu pelo bajo la lluvia en Insadong.

Ese momento de paz fue interrumpido por su teléfono. Una, dos, tres veces. Él lo ignoró al principio, pero la cuarta llamada lo obligó a mirar la pantalla. Su rostro cambió. La suavidad desapareció para dar paso a esa rigidez profesional que yo tanto temía.

—Es mi secretaria. Tenemos un problema con los servidores en la sede de Busan. Debo irme ya.

—Lo entiendo. El trabajo es lo primero —dije, intentando que no se notara mi decepción.

—No, Valeria. Lo primero eres tú, pero si esto falla, no habrá un "nosotros" en Seúl. La empresa me ha dado tres meses para demostrar resultados. Si los servidores caen hoy, la junta usará eso como excusa para cancelar todo y enviarte a casa.

El trayecto a la oficina fue rápido y tenso. En cuanto entramos en el vestíbulo, la burbuja del desayuno estalló. Él caminó tres pasos por delante de mí, hablando por teléfono en un coreano rápido y autoritario. Ya no era el hombre del jersey; era el ejecutivo de acero.

Al llegar a mi planta, me senté en mi mesa. El vacío de la ausencia de Marcos y la frialdad repentina de Min-ho me hicieron sentir más sola que nunca. Pasé la mañana revisando informes, pero mi mente no dejaba de dar vueltas. ¿Es esto lo que iba a ser mi vida? ¿Momentos de ternura robados al despertador y largas horas de ser una extraña en un edificio de cristal?

A mediodía, Elena, mi jefa en Madrid, me llamó.

—Valeria, me ha llegado la notificación de que el proyecto sigue adelante. ¡Felicidades! —Su voz sonaba metálica a través del altavoz—. Pero he oído cosas raras. Marcos me ha llamado. Dice que te has vuelto loca, que te has quedado allí por un hombre.

Se me heló la sangre.

—Marcos está dolido, Elena. Las cosas no funcionaron entre nosotros. Me he quedado porque creo en este proyecto y quiero terminar lo que empecé.

—Escúchame bien, Valeria. No me importa con quién te acuestes en Seúl mientras los números salgan. Pero si ese "asunto personal" interfiere con la cuenta de resultados de la agencia, te traeré de vuelta en el primer vuelo disponible, aunque tenga que ir yo misma a buscarte. ¿Estamos?

—Estamos, Elena.

Colgué el teléfono sintiendo náuseas. Estaba caminando por la cuerda floja.

Decidí que no podía quedarme en la oficina lamiéndome las heridas. Salí a caminar por las calles de los alrededores del edificio. Me detuve frente a una tienda de conveniencia y vi a un grupo de chicas coreanas riendo, compartiendo unos snacks. Me di cuenta de que no tenía amigos aquí. No tenía a nadie con quien hablar que no fuera Min-ho o mi jefa enfadada en Madrid.

Entré en una librería y busqué la sección de aprendizaje de idiomas. Si iba a vivir aquí, si iba a luchar por esto, tenía que dejar de ser una turista emocional. Compré un libro de gramática básica de coreano y un cuaderno.

Al salir, vi una cafetería pequeña con gatos en el escaparate. Entré. Necesitaba algo de calidez. Mientras tomaba un té y acariciaba a un gato atigrado, empecé a escribir en mi cuaderno: Annyeonghaseyo (Hola). Naneun Valeria-imnida (Soy Valeria).

Escribir esas palabras me hizo sentir que recuperaba un poco de control. No era solo la sombra de Min-ho. Era una mujer intentando echar raíces en un suelo de cemento.

Esa noche, Min-ho no me llamó. Eran las diez y la luz de su despacho seguía encendida. Sabía que estaba lidiando con la crisis de Busan. No quise interrumpirlo. Me fui al hotel, me puse el pijama y abrí mi libro de coreano.

A las once, alguien llamó a la puerta.

Pensé que era el servicio de habitaciones, pero al abrir, me encontré a Min-ho. Tenía la corbata desanudada y se veía exhausto.

—He arreglado lo de Busan —dijo, apoyándose en el marco de la puerta—. Ha sido un sabotaje interno. Alguien en la junta quiere que fracasemos.

—Lo siento mucho, Min-ho. Pasa, descansa un poco.

Él entró y se dejó caer en el sofá pequeño de la habitación. Miró el libro de coreano sobre la mesa y luego me miró a mí.

—¿Estás aprendiendo mi idioma?

—Quiero entender lo que dices cuando estás enfadado por teléfono —bromeé, aunque mi voz sonaba cansada.

Él me atrajo hacia él y me abrazó con fuerza, hundiendo su cara en mi cuello.

—Gracias —susurró—. Gracias por no irte cuando las cosas se ponen feas. Todos los que han estado en mi vida se han ido cuando el Director Kang aparecía.

—Yo no he venido por el Director Kang —dije, acariciándole el pelo—. He venido por el hombre que sueña con playas de arena negra. Y ese hombre no se va a librar de mí tan fácilmente.

Nos quedamos así, en silencio, mientras la ciudad de Seúl seguía brillando fuera. el sabotaje había fallado, nuestra relación seguía viva, y yo había empezado a aprender a decir mi nombre en un idioma nuevo.

Pero en la penumbra de la habitación, supe que los tiburones de los que hablaba Min-ho no se rendirían tan fácilmente. La realidad no solo tenía bordes afilados; tenía dientes.

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The Wolf 🥀🐺🍃
una historia que se parece a mi vida mi ....me pasó lo mismo con mi ahora esposo y dejé de soñarlo cuando xfin lo conocí y extrañaba a el chico de mi sueños 😭😭....veamos k pasa .
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