Renace en una época antigua, decidida a cambiar su destino, no será una villana en esta vida.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Ataque 1
Desde muy temprano, la mansión Mason estaba en movimiento.
No era un día cualquiera.
Rachel iba a representar a su casa por primera vez… y eso se notaba en cada detalle.
Las doncellas entraban y salían de su habitación con una coordinación impecable. Telas, cajas de joyas, perfumes suaves… todo preparado con anticipación, todo elegido con cuidado.
—Hoy debe ser perfecto, mi lady —murmuró una de ellas mientras extendía el vestido sobre la cama.
Rachel lo observó… y no pudo evitar sonreír.
Era hermoso.
Distintos tonos de morado y lavanda se mezclaban con elegancia, creando un efecto suave pero llamativo. La tela caía con una ligereza delicada, y los detalles bordados atrapaban la luz de forma sutil.
—Es precioso… —dijo, con sinceridad.
Las doncellas parecieron aliviadas.
El proceso comenzó.
El vestido fue colocado con cuidado, ajustado a la perfección. Luego vinieron los guantes, finos y elegantes, que cubrían sus manos con delicadeza.
Después, las joyas.
Un conjunto perfectamente combinado, en los mismos tonos, que resaltaba sin exagerar. Nada era excesivo. Todo estaba pensado para proyectar elegancia… y control.
El abanico fue el último detalle.
—Para acompañar sus gestos, mi lady —explicó una doncella.
Rachel asintió, comprendiendo.
[Todo comunica.]
El peinado tomó más tiempo.
Su cabello, largo y ondulado, fue trabajado con paciencia hasta lograr un semirecogido elegante. Algunos mechones caían suavemente, enmarcando su rostro, dándole un aire refinado sin rigidez.
Cuando finalmente se miró en el espejo… Rachel se quedó en silencio unos segundos.
No por sorpresa.
Sino por… satisfacción.
—Me gusta —murmuró.
No era solo la apariencia.
Era lo que representaba.
[Estoy lista.]
Sonrió.
Una sonrisa real.
No había nervios paralizantes.
Había emoción.
Salió de la habitación acompañada por doncellas y guardias. El pasillo parecía más amplio, más luminoso.
Todo se sentía… importante.
En la entrada, el carruaje ya la esperaba.
Los caballos estaban listos.
El viaje comenzaría pronto.
—¿Desea que la acompañemos dentro, mi lady? —preguntó una de las doncellas.
Rachel negó suavemente.
—No.
Su tono fue amable, pero firme.
—Prefiero ir sola.
Las doncellas se inclinaron.
—Como desee.
Rachel subió al carruaje con elegancia, acomodando el vestido con cuidado antes de sentarse.
La puerta se cerró.
Y el mundo exterior quedó atrás.
El carruaje comenzó a moverse.
Dentro, el silencio era absoluto.
Rachel apoyó suavemente el abanico sobre su regazo… y dejó escapar un pequeño suspiro.
No de cansancio.
De concentración.
Cerró los ojos un segundo.
Y comenzó a repasar.
Saludos.
Inclinaciones de cabeza.
Sonrisas adecuadas.
Conversaciones ligeras.
Preguntas seguras.
Respuestas elegantes.
Todo lo que había aprendido.
Todo lo que había observado.
—Buenos días, es un honor…
—Espero que el viaje haya sido agradable…
—He escuchado mucho sobre su casa…
Abrió los ojos.
Y practicó una leve sonrisa frente al reflejo tenue de la ventana.
Luego un gesto más formal.
Luego uno más cercano.
—No demasiado.. Natural.
Se acomodó un poco más recta.
[Vas a representar a la casa Mason.]
La idea no la presionaba.
La enfocaba.
—Hazlo bien —susurró.
Miró por la ventana.
El paisaje avanzaba con calma.
Y en ese silencio… Rachel no era la joven que había despertado confundida en otra vida.
Era alguien que se estaba preparando.
Que estaba creciendo.
Que estaba tomando su lugar.
Y por primera vez… no tenía dudas.
Iba a hacerlo bien.
El viaje había transcurrido en una calma casi perfecta.
Asi, el carruaje avanzaba con suavidad, el sonido rítmico de los caballos y las ruedas sobre el camino acompañando los pensamientos de Rachel. Afuera, el paisaje se extendía tranquilo, sin señales de peligro.
Dentro… todo estaba en orden.
Rachel repasaba por última vez sus gestos, sus palabras, incluso la forma en que sostendría el abanico al hablar.
Todo parecía bajo control.
Hasta que..
—¡ALTO!
El grito cortó el aire como un cuchillo.
El carruaje se sacudió bruscamente.
Rachel abrió los ojos de golpe, su corazón acelerándose de inmediato.
—¿Qué…?
Y entonces lo escuchó.
Gritos. Muchos.
El sonido metálico de espadas chocando.
Caballos inquietos.
Órdenes desesperadas.
—¡Son bandidos!
—¡Protejan a Lady Mason!
El mundo que hacía segundos era tranquilo… se convirtió en caos.
Rachel se quedó completamente inmóvil dentro del carruaje.
El abanico cayó suavemente de sus manos sin que lo notara.
Su respiración se volvió corta.
Irregular.
No… no, no, no…
Afuera, el sonido de una espada arrastrándose, luego un golpe seco.
Un grito ahogado.
El carruaje se movió nuevamente, como si alguien hubiera chocado contra él.
Rachel llevó una mano a su pecho.
Su corazón latía con tanta fuerza que parecía ensordecerla.
Esto es real.
No era un accidente.
No era una escena lejana.
Estaba ocurriendo.
Aquí.
Ahora.
—¡No dejen que se acerquen! —gritó alguien.
—¡Protejan el carruaje!
Otro choque de acero.
Más gritos.
Rachel apretó los ojos por un segundo, intentando calmarse… pero su cuerpo no respondía.
El miedo era inmediato.
Instintivo.
[Voy a morir]
El pensamiento apareció sin filtro.
Crudo.
Honesto.
Sus manos temblaban ligeramente.
Se obligó a respirar.
[No… no, tranquila…]
Pero su mente ya estaba en otro lugar.
—Si salgo viva de esto… voy a aprender a defenderme.
Su voz tembló apenas.
—Espada… lo que sea…
Afuera, un golpe más fuerte hizo vibrar el carruaje.
Rachel se aferró al asiento.
—…pero no me vuelvo a quedar así.
El miedo seguía ahí.
Claro.
Presente.
Pero debajo de él… algo más comenzaba a aparecer.
Determinación.
Porque esta vez… no era solo una espectadora de su vida.
Y si iba a seguir adelante en ese mundo.. no podía depender siempre de otros.
Otro grito.
Más cercano.
Rachel contuvo la respiración.
Esperando.
Sin saber qué iba a pasar.
Solo con un pensamiento firme repitiéndose en su mente…
[Sobrevive]
Y cambia esto.