Hace siete años, una noche de tormenta cambió su destino.
Isabella Rossi es una mujer brillante con múltiples identidades ocultas. Genio en tecnología, medicina y negocios, vive en las sombras protegiendo a sus dos gemelos prodigio… y ocultando un secreto que podría destruir su mundo.
Nunca creyó en el amor.
Nunca necesitó a un hombre.
Y mucho menos a un CEO arrogante.
Pero cuando Alexander De Luca —el empresario más poderoso y temido de la ciudad— reaparece en su vida, su pasado vuelve para reclamarla.
Él no sabe que es padre.
Ella no sabe si puede confiar.
Y los gemelos… ya empiezan a sospechar la verdad.
Entre secretos, traiciones, enemigos ocultos y una pasión imposible de ignorar, dos genios deberán decidir:
¿Proteger su corazón…
o rendirse al amor?
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Capítulo 22 — La cazadora despierta
Los drones no se movían.
Pero tampoco se iban.
Flotaban en el cielo nocturno como ojos mecánicos, distribuidos en formación calculada sobre el perímetro de la mansión De Luca. No atacaban. No descendían.
Observaban.
Y eso era exactamente lo que inquietaba a Isabella.
Porque Helix no desperdiciaba recursos.
Si estaban mirando…
Era porque estaban aprendiendo.
La sala estratégica estaba en silencio absoluto, iluminada por las pantallas que mostraban las trayectorias de los drones en tiempo real.
Alexander permanecía de pie junto al panel central, brazos cruzados, mandíbula tensa. Su equipo ya había desplegado contramedidas electrónicas pasivas, pero por ahora seguían sin disparar.
Esperaban.
Evaluaban.
Igual que Helix.
Isabella, en cambio, ya había tomado una decisión.
—Ethan —dijo sin apartar la vista de la pantalla—. Tráeme acceso al canal de control.
El niño levantó la cabeza al instante.
Sus ojos brillaron.
—¿Vas a entrar?
—Sí.
Alexander giró ligeramente hacia ella.
—Eso podría alertarlos.
Los ojos verdes de Isabella se movieron hacia él.
Fríos.
Seguros.
—Ya saben que estamos aquí.
Una pausa.
Su voz bajó apenas.
Más peligrosa.
—Ahora quiero que sepan que también podemos verlos.
Algo en el pecho de Alexander se tensó.
Porque esa…
Esa era la voz de Nyx.
Ethan ya estaba trabajando.
Sus dedos se movían con precisión quirúrgica sobre la tablet, abriendo túneles cifrados, falsificando rutas de tráfico, levantando capas de anonimato como si fueran papel.
—Canal parcial listo —anunció—. Pero tienen firewall adaptativo.
Isabella sonrió apenas.
Sin humor.
—Me gustan los retos.
Se sentó frente a la consola principal.
Y en ese instante…
Nyx tomó completamente el control.
Las pantallas comenzaron a llenarse de líneas de código.
Rápidas.
Agresivas.
Elegantes.
Isabella no hackeaba como la mayoría.
No forzaba puertas.
Las convencía de abrirse.
Alexander observaba en silencio.
Pero por dentro…
Estaba impresionado.
No por la velocidad.
Sino por la precisión.
Cada movimiento de ella era limpio.
Metódico.
Peligrosamente hermoso.
—Primer nodo comprometido —murmuró Isabella.
Ethan sonrió apenas.
—Sabía que caerían rápido.
Pero entonces…
La pantalla parpadeó.
Y una nueva capa de seguridad apareció.
Más profunda.
Más sofisticada.
Isabella entrecerró los ojos.
Interesada.
—Ah… —susurró—. Ahora sí estamos hablando.
Muy lejos de la mansión…
En la sala de operaciones de Helix…
Una alerta roja se encendió.
—Intrusión detectada —dijo el analista con tensión.
La mujer en sombras inclinó la cabeza.
—¿Origen?
—Intentan enmascararlo… pero la firma es familiar.
Silencio breve.
Y luego…
Una sonrisa lenta.
Peligrosa.
—Nyx…
De vuelta en la mansión…
La temperatura emocional subía.
Isabella avanzaba capa tras capa del sistema Helix con precisión implacable.
Ethan monitoreaba rutas de escape.
Alexander coordinaba defensa física.
Por primera vez…
Funcionaban como una unidad real.
Pero entonces—
La voz de la mujer de ojos verdes sonó desde el fondo de la sala.
—Ten cuidado.
Isabella no se giró.
—Siempre lo tengo.
—No con ellos —respondió su madre suavemente.
Esa frase…
La hizo fruncir apenas el ceño.
Pero siguió trabajando.
ACCESO PARCIAL OBTENIDO
Las pantallas cambiaron.
Y por un segundo…
Isabella vio lo que Helix estaba preparando.
Su pulso se volvió hielo.
—No… —susurró.
Alexander dio un paso adelante.
—¿Qué viste?
Isabella levantó lentamente la mirada.
Sus ojos verdes eran puro acero.
—No están planeando otro intento pequeño.
Silencio.
Pesado.
—Están preparando una red de contención urbana.
El corazón de Alexander dio un golpe fuerte.
Eso…
Eso era grande.
Muy grande.
Ethan habló rápido:
—¿Escala?
Isabella respondió sin dudar.
—Nivel de bloqueo de ciudad.
El aire se congeló.
La mujer de ojos verdes murmuró con gravedad:
—Entonces se están preparando para aislarlos completamente…
Isabella asintió una vez.
Fría.
Precisa.
—Y cuando lo hagan…
Una pausa.
Oscura.
—Vendrán con todo.
Alexander se pasó una mano por la mandíbula.
Pensando rápido.
Muy rápido.
—Entonces no podemos esperar aquí.
Isabella lo miró.
Esta vez sin frialdad absoluta.
Había algo más.
Algo que empezaba a parecer…
Confianza táctica.
—No —dijo—. Necesitamos movernos antes de que cierren la red.
Elena tiró suavemente de su manga.
—¿Nos vamos otra vez?
Isabella se agachó frente a ella.
Su voz se suavizó.
Pero sus ojos seguían en guerra.
—Sí, princesa.
Elena asintió valiente.
—Está bien.
Ethan ya estaba calculando rutas.
—Tengo tres posibles corredores de salida —dijo—. Pero uno se está cerrando rápido.
Alexander tomó la decisión.
—Preparen evacuación móvil.
Su voz se volvió pura autoridad.
—Nos movemos en treinta minutos.
Muy lejos de allí…
La mujer de Helix observaba la transmisión con interés creciente.
—Así que la cazadora despertó…
El analista tragó saliva.
—¿Procedemos con cierre urbano?
Ella sonrió.
Lenta.
Letal.
—Todavía no.
Una pausa.
Sus ojos brillaron.
—Primero… quiero ver hasta dónde corre.
De vuelta en la mansión…
Isabella se puso de pie lentamente.
Su mente ya estaba diez movimientos adelante.
Su guerra…
Apenas comenzaba.
Y esta vez…
No pensaba perder.
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