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BAJO TU SOMBRA

BAJO TU SOMBRA

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Posesivo / Mafia
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Delenis Valdés Cabrera

Ella era la única testigo. Él, la sentencia de muerte que terminó convirtiéndose en su dueño.
Elena Thomas vivía entre archivos y sombras, convencida de que su invisibilidad era su mayor escudo. Pero una noche, en un callejón donde el aire sabía a hierro y pólvora, vio lo que nadie debía ver: a Viktor Volkov, el heredero más despiadado de la Bratva, ejecutando a sangre fría.
Ella esperaba una bala. En su lugar, recibió unas manos de acero que la arrancaron del suelo y una voz que le prometió un infierno personal. "No te mataré, pequeña", le susurró él al oído, mientras el calor de su cuerpo la envolvía como una trampa de seda. "Pero a partir de hoy, tu nombre, tu cuerpo y hasta tu último suspiro me pertenecen".
Ahora, Elena es la prisionera de oro en una fortaleza de cristal. Viktor es un monstruo que no sabe amar, solo poseer; un hombre que la mira con una mezcla de odio y un deseo que amenaza con quemarlos a ambos.

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capítulo 21

El puerto de carga era un laberinto de contenedores oxidados y grúas que se alzaban como esqueletos contra el cielo plomizo. La lancha se deslizó bajo un muelle privado, donde la humedad saturaba el aire. Antes de que Elena pudiera bajar, Viktor la inmovilizó contra el mamparo de la cabina.

El espacio era mínimo. El cuerpo de Viktor, aún húmedo y emanando un calor febril, la presionaba con una urgencia que no tenía nada que ver con el plan de ataque. Sus manos grandes se enterraron en el pelo castaño de Elena, obligándola a inclinar la cabeza hacia atrás.

— Vas a entrar por el sistema de ventilación del bloque C —susurró él, su voz era un ronroneo peligroso que vibraba contra los labios de Elena—. Si escuchas un solo disparo cerca de ti, te escondes. No quiero que esa piel blanca reciba ni un rasguño, ¿me oyes? Eres mi posesión más preciada, Elena. Si te pasa algo, no quedará ceniza sobre ceniza en este puerto.

Elena sentía el latido desbocado de Viktor contra su propio pecho. La mezcla de miedo por su padre y la electrizante posesividad de Viktor la hacían sentir al borde del abismo.

— Deja de tratarme como si fuera de cristal, Viktor —respondió ella, aunque su respiración era entrecortada—. Si muero, morirás conmigo, porque no habrá nadie que descifre la salida de esa prisión.

Viktor soltó una risa oscura y, sin previo aviso, la besó. No fue un beso de despedida; fue un reclamo voraz, cargado de una tensión sexual que llevaba días acumulándose entre incendios y huidas. Sus manos bajaron por la espalda de Elena, apretándola contra su pelvis, marcando su dominio antes de la batalla. Elena soltó un jadeo, sus dedos clavándose en los hombros desnudos y marcados de él.

— Ve —dijo él, separándose apenas unos milímetros, sus ojos de acero oscurecidos por el deseo—. Y vuelve a mí. Porque cuando esto termine, te voy a cobrar cada segundo de desobediencia.

(...)

Mientras Viktor y Sofia iniciaban un tiroteo ensordecedor en la puerta principal, atrayendo a los mercenarios de Sergei hacia el fuego cruzado, Elena se deslizaba por los conductos de metal. El espacio era tan estrecho que solo alguien de su composición podría moverse con agilidad.

El eco de las explosiones de Viktor le servía de guía. Sabía que él estaba ahí fuera, matando por ella, siendo el monstruo que ella odiaba pero que, en ese momento, era lo único que la mantenía con esperanza.

Finalmente, llegó a una rejilla sobre una celda aislada. Abajo, sentado frente a una mesa llena de libros contables y monitores, estaba un hombre de pelo canoso y hombros hundidos.

— ¿Papá? —susurró Elena, con la voz quebrada.

El hombre levantó la vista. Sus ojos eran idénticos a los de ella. Antes de que pudiera responder, la puerta de la celda se abrió. No era un guardia. Era Sergei Volkov.

— Sabía que tu pequeña archivista vendría por ti, Thomas —dijo Sergei, sacando una pistola de oro—. Viktor es predecible cuando se trata de sus juguetes.

Desde el conducto, Elena sintió el frío del metal en su mano. Llevaba la pistola pequeña que Viktor le había dado. "Apunta al centro, pequeña. No dudes", le había dicho él.

Abajo, el sonido de los pasos pesados de Viktor se acercaba. Él estaba arrasando con todo para llegar a ella. Sergei sonrió, sabiendo que tenía el cebo perfecto.

— ¡Viktor! —gritó Sergei hacia el pasillo—. ¡Da un paso más y la sangre de los Thomas manchará tus preciosas manos!

Elena sabía que Viktor se detendría. Por ella, él se rendiría. Y eso era algo que ella no podía permitir. Con el corazón en la garganta y la mente ardiendo en deseos de libertad y venganza, Elena apuntó desde la rejilla.

El dedo de Elena no tembló. Las palabras de Viktor resonaban en su mente como un mantra: "No dudes, pequeña". Apretó el gatillo. La bala atravesó la rejilla de ventilación y se incrustó en el hombro de Sergei justo cuando este levantaba su arma contra Thomas.

Sergei rugió de dolor, soltando su pistola de oro.

— ¡Maldita rata! —gritó, tambaleándose.

En ese instante, la puerta de acero de la celda salió volando de sus bisagras por una carga explosiva. Entre el humo y los escombros, surgió la figura de Viktor. Estaba cubierto de hollín y sangre ajena, con la camisa hecha jirones y una expresión que solo podía describirse como demoníaca. Al ver a Sergei herido y a Thomas encogido en un rincón, sus ojos de acero buscaron instintivamente hacia arriba, hacia la rejilla.

— ¡Sal de ahí ahora, Elena! —ordenó Viktor, su voz recuperando ese tono posesivo y autoritario.

Elena pateó la rejilla y saltó. Viktor la atrapó en el aire, sujetándola por la cintura con un solo brazo mientras mantenía su fusil apuntando a la cabeza de su tío con el otro. La pegó a su pecho con una fuerza que casi le saca el aire, comprobando frenéticamente que estuviera ilesa.

— Estás a salvo —gruñó él, plantando un beso posesivo y violento en su frente antes de girarse hacia Sergei.

— ¡Viktor! ¡Es tu propia sangre! —gimió Sergei, presionando su herida—. Thomas es solo un contable... ¡no vale la pena destruir a la familia por él!

Viktor caminó hacia Sergei, arrastrando a Elena con él, sin soltarla ni un centímetro. Se inclinó sobre su tío, su sombra eclipsándolo por completo.

— Cometiste dos errores, Sergei —dijo Viktor con una calma aterradora—. El primero fue creer que me importaba el legado de los Volkov más que mi propia voluntad. El segundo... —Viktor apretó la mandíbula, y su mano libre acarició posesivamente el hombro de Elena— ...fue tocar lo que es mío. Thomas se va con nosotros. Tú te quedas con las ratas.

Viktor no lo mató. Le disparó en ambas rodillas, asegurándose de que Sergei nunca pudiera volver a perseguirlos. Thomas, temblando, se acercó a su hija.

— ¿Elena? ¿De verdad eres tú? —el hombre lloraba, intentando abrazarla.

Pero antes de que Thomas pudiera rodearla, Viktor se interpuso sutilmente, manteniendo a Elena bajo su brazo. Sus celos eran tan irracionales que incluso el padre de ella le parecía una amenaza a su dominio absoluto sobre la chica.

— Tenemos que irnos. El puerto va a estallar en tres minutos —sentenció Viktor.

El escape y la descarga

Lograron salir al muelle justo cuando la Prisión de Cristal se convertía en un infierno de llamas. Sofia los esperaba en una camioneta blindada. El viaje hacia una nueva casa de seguridad fue un silencio cargado de electricidad. Thomas se quedó dormido por el cansancio en el asiento trasero, pero en la parte delantera, la atmósfera era asfixiante.

En cuanto llegaron a la cabaña oculta en el bosque, Viktor arrastró a Elena hacia la habitación principal, cerrando la puerta con llave y dejando a Thomas y a Sofia fuera.

Viktor la empujó contra la puerta de madera, atrapándola con su cuerpo masivo. La adrenalina de la batalla se había transformado en un deseo animal y desesperado.

— Te dije que si veías solamente un arma huyeras—dijo él, su voz era un susurro ronco, sus manos recorriendo las curvas de Elena con una urgencia que quemaba—. Me desafiaste de nuevo.

— Te salvé la vida, Viktor —respondió ella, jadeando, sus manos subiendo por los pectorales desnudos de él, sintiendo las cicatrices y el calor de su piel—. Deberías darme las gracias.

— Te voy a dar mucho más que las gracias —respondió él, su mirada bajando a sus labios—. Casi pierdo la razón pensando que Sergei te tenía. No vuelvas a alejarte de mi vista, Elena. Nunca. Eres mi obsesión, mi maldición... y no voy a parar hasta que sientas que cada célula de tu cuerpo me pertenece.

Viktor la levantó por los muslos, sentándola en una cómoda mientras empezaba a besar su cuello con una ferocidad que mezclaba el amor con la posesión más pura. Elena, por primera vez, no luchó contra el agarre. Rodeó su cintura con las piernas, rindiéndose a la tensión sexual que los había consumido durante semanas.

— Entonces demuéstramelo —susurró ella al oído de él—. Demuéstrame que eres el único monstruo que puede protegerme.

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Carmen Ramos
Esta bonita su novela pero cuando la termine comienzo a leer estaré al pendiente ☺️🥰
Delenis: Por supuesto mi corazón 🤭, no te preocupes yo actualizo seguido , la otra que estoy escribiendo "La contadora del mafioso" también, por si le apetece leer . Besos 😘
total 1 replies
Marbe Majano
más capitulos
Delenis: A la orden 👌
total 1 replies
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