Renace en una época antigua, decidida a cambiar su destino, no será una villana en esta vida.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Posada
Damian la vio acercarse… y, esta vez, no la ignoró.
Se enderezó ligeramente, dejando de lado la conversación con sus oficiales, y la saludó con una inclinación leve de cabeza.
—Lady Mason.
Su tono fue correcto.
Formal.
Impecable.
Como si nada hubiera ocurrido.
Pero su atención… ya no estaba en los hombres a su alrededor.
Estaba en ella.
Rachel respondió con la misma formalidad.
—Lord Devlin.
Todo en apariencia era normal.
Demasiado normal.
Hasta que una de las doncellas, que caminaba a su lado, habló con evidente preocupación..
—Mi lady… ¿se siente bien?
Rachel parpadeó, sorprendida.
—¿Por qué lo dices?
La doncella dudó un segundo, pero insistió..
—Usted no suele dormir tanto… y hoy descansó hasta más tarde. Además… parece un poco cansada.
Rachel sintió cómo el calor volvía a subirle al rostro.
[Oh no.]
Pero sonrió. Natural. O al menos… lo intentó.
—Debe ser el cansancio del viaje.. Fue un día largo.
Desde su lugar, Damian escuchó.
Y aunque mantuvo el rostro serio… no logró ocultarlo del todo.
Una pequeña sonrisa. Mínima.
Pero ahí estaba. Rachel lo notó.
Y eso solo empeoró todo.
[Este hombre…]
Pero no hubo tiempo para reaccionar.
Porque la otra doncella intervino, aún más preocupada..
—Mi lady… ¿le duele algo?
Rachel la miró.
—¿Doler…?
—Al bajar las escaleras… caminaba un poco extraño…
Silencio. Total.
Rachel se quedó completamente inmóvil por un segundo.
[Esto no puede estar pasando.]
Damian, tosió. Seco. Disimulando.
Pero no lo logró del todo.
Porque esa leve tensión en su mandíbula… ese brillo en sus ojos… delataban algo muy claro.
Orgullo.
Rachel lo miró de reojo. Y lo vio. Y entonces.. algo en ella reaccionó.
No con vergüenza.
No completamente.
Sino con… picardía.
—Ah… Es que me caí.
Las doncellas se alarmaron de inmediato.
—¿¡Se cayó!?
—¿Dónde, mi lady!?
—¿Cuándo ocurrió?
—¿Se lastimó?
Las preguntas llegaron una tras otra.
Rachel abrió la boca para responder… pero se quedó en blanco.
[¿Qué digo ahora? que me caí entre los pantalones de ese hombre]
Sus ojos, casi sin querer, buscaron los de Damian.
Y los encontraron.
Él la estaba mirando.
Claramente intentando no sonreír.
Sin mucho éxito.
Rachel sintió cómo la incomodidad se mezclaba con algo más.
Algo casi… divertido.
Pero no la ayudaba en absoluto.
—Bueno… —empezó, dudando— fue… anoche…
Las doncellas se inclinaron más, preocupadas.
—¿En la habitación?
—¿Se resbaló?
—¿Se golpeó fuerte?
Rachel intentó mantener la compostura.
Pero la situación era cada vez más difícil.
Y al mismo tiempo… más absurda.
Volvió a mirar a Damian.
Y esta vez… él ya no estaba tan serio.
Seguía controlado.
Pero esa pequeña expresión en su rostro… decía demasiado.
Rachel entrecerró ligeramente los ojos.
[Ni se te ocurra reírte.]
Pero en el fondo… sabía que era tarde.
Y por primera vez desde que todo había comenzado… la tensión entre ellos no era solo seria.
También tenía algo ligero. Casi cómico.
Aunque ninguno de los dos lo admitiera en voz alta.
Después de varios intentos, respuestas vagas y sonrisas cuidadosamente colocadas, Rachel logró finalmente calmar a las doncellas.
—De verdad, estoy bien —insistió con suavidad—. Fue una caída menor, nada de qué preocuparse.
Las jóvenes, aunque aún algo inquietas, terminaron por asentir. No del todo convencidas… pero sí tranquilizadas por el tono seguro de su lady.
Mientras tanto, en la posada, el ambiente ya estaba completamente organizado.
Caballos listos.
Guardias posicionados.
Equipaje preparado.
El regreso a la mansión Mason estaba decidido.
Rachel exhaló despacio.
[Al fin… a casa.]
Pero justo cuando pensaba que el siguiente paso sería simplemente subir al carruaje y partir.. escuchó su voz.
—La acompañaré.
Rachel giró el rostro de inmediato.
Damian.
De pie, hablando con uno de sus oficiales… como si lo que acababa de decir fuera la cosa más natural del mundo.
—¿…Perdón?
La palabra salió antes de que pudiera detenerla.
Damian la miró.
Directo.
—Viajaré en su carruaje.
No había duda en su tono.
No era una sugerencia.
Era una decisión tomada.
Rachel lo observó, claramente sorprendida.
—¿En mi carruaje?
Damian asintió apenas.
—Por seguridad.
Su respuesta fue simple.
Lógica.
Irrefutable.
Y, sin embargo… Rachel sintió que algo se tensaba dentro de ella.
Porque eso significaba.. horas.
Encerrados.
Juntos.
Después de todo.
—No es necesario.. Sus hombres ya están..
—Lo es.
La interrumpió.
Sin elevar la voz.
Pero con total firmeza.
Rachel lo miró unos segundos.
Buscando… alguna señal de duda.
No la encontró.
Damian no dudaba.
Ni un poco.
Ya había decidido.
Y no parecía dispuesto a discutirlo.
Rachel apretó suavemente los dedos de sus guantes.
[Este hombre…]
Pero esta vez… no discutió.
No hizo un comentario irónico.
No lo desafió.
Porque, en el fondo… sabía que tenía razón.
El ataque no había sido menor.
Y la situación seguía siendo incierta.
—…Está bien —dijo finalmente.
Pero su tono no fue completamente neutral.
Había algo ahí.
Una mezcla de resignación… y otra cosa más difícil de nombrar.
Damian asintió. Satisfecho.
Como si no hubiera esperado otra respuesta.
Y sin añadir nada más… se dirigió hacia el carruaje.
Rachel lo siguió con la mirada.
Todavía sorprendida.
Todavía procesando.
[¿De verdad va a viajar conmigo…?]
Las doncellas, por supuesto, no dijeron nada.
Pero intercambiaron miradas.
Curiosas.
Atentas.
Rachel lo notó.
Y carraspeó suavemente.
—Preparémonos para partir.
Pero mientras caminaba hacia el carruaje… su mente no estaba en el camino.
Ni en la seguridad. Ni en el viaje. Sino en algo mucho más inmediato.
Más incómodo. Más… inevitable.
[Voy a estar sola con él otra vez.]
Y esta vez… no habría distracciones.
Ni caos. Ni excusas. Solo silencio.
Y todo lo que no estaban diciendo.