La vida de Emma cambia cuando el señor Rodrigo, tras más de 40 años trabajando en la empresa, decide jubilarse. Buscando a alguien joven y conocedor de su área para sustituirlo, elige a su asistente, quien ya tiene más de 10 años de experiencia trabajando a su lado. Aunque su elección podría convertir a Emma en la candidata perfecta para convertirse en la nueva madre de los hijos del presidente.
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Capítulo 10
El ascensor llegó al piso del departamento de operaciones, y Emma se dirigió a su escritorio, aún el que seguía usando. Dejó sobre la mesa los papeles de la junta mientras sentía la mirada inquisitiva de Nicole, quien no tardó en acercarse con su silla.
— Ahora sí, ¿me vas a decir por qué el cambio? Tú sabes que necesito saberlo. — Nicole la observaba con picardía. — ¿Tienes una cita? ¿Es por eso?
— Está bien, te lo diré… cuando hablé antes con el Jefecito…
— ¡El Jefecito es tu sugar! ¡Por eso no me lo querías contar! — interrumpió Nicole con dramatismo.
— Nicole, deja de inventar. No es eso. Si tienes paciencia, ya lo sabrás — respondió Emma, reprimiendo una sonrisa.
— Está bien… — Nicole se rindió y volvió a su trabajo, aunque no del todo convencida.
El sonido del ascensor interrumpió la conversación, y las puertas se abrieron nuevamente. El Señor Rodrigo salió directo a su oficina. Emma, al verlo, se levantó de su asiento y lo siguió. Al entrar, cerró la puerta tras de sí.
— Bien, Emma. Sabes lo que debes hacer a partir de ahora. Te pido, como último favor, que me ayudes a vaciar la oficina — dijo Rodrigo, con un tono que mezclaba nostalgia y alivio.
— No tiene que pedírmelo, Señor Rodrigo. — Emma respondió con tristeza. — Aún sigo siendo su asistente.
Rodrigo la miró con amabilidad, notando su desánimo.
— ¿Qué te pasa, Emma?
— Sé que suena egoísta, pero no quiero que se vaya. Me hará mucha falta, Jefecito…
Rodrigo esbozó una sonrisa. — A veces, los cambios son para bien, Emma. No tienes que preocuparte. Sabes perfectamente lo que tienes que hacer.
Con esas palabras, ambos se pusieron manos a la obra. Mientras recogían las pertenencias de Rodrigo, Emma sentía las miradas de los demás en la oficina, sabiendo que el anuncio no tardaría en llegar. Cuando terminaron, Emma tomó la caja con las pertenencias de Rodrigo y salieron juntos. Rodrigo, deteniéndose en el centro de la oficina, pidió a todos que dejaran de trabajar un momento.
— Durante estos años he visto a muchos de ustedes crecer en esta oficina, y quiero agradecerles por su valioso esfuerzo y trabajo. Como jefe, me siento orgulloso de cada uno de ustedes, pero este ya no es mi puesto. Llevo cuarenta años aquí, y es tiempo de disfrutar de mi jubilación. No se preocupen, estarán en buenas manos. Ya la conocen y saben lo inteligente que es… Su nueva jefa a partir de hoy será Emma.
El impacto fue instantáneo. Todos quedaron sorprendidos, pero Nicole fue quien más se conmocionó, sin poder creer que su mejor amiga ahora sería la gerente del departamento de operaciones.
— Sé que quedan en excelentes manos — continuó Rodrigo. — No quiero dar un discurso interminable, así que me despido. Me llevo una buena impresión de todos, y sé que no necesitarán suerte… pero igual se las deseo.
Los aplausos llenaron la oficina mientras Rodrigo avanzaba por los pasillos hasta el ascensor, con Emma siguiéndolo de cerca. Las lágrimas brotaban de muchos, ya que no podían evitar sentir la tristeza de su partida. Cuando las puertas del ascensor se abrieron, Rodrigo entró, y antes de que se cerraran, lanzó una última sonrisa cálida. Así se despidió.
El silencio inundó la oficina. Poco a poco, cada uno volvió a sus puestos, procesando lo ocurrido. Emma, por su parte, se sentó nuevamente en su escritorio, incapaz de aceptar por completo que la oficina de Rodrigo ahora le pertenecía. Se sentía una intrusa, aunque le hubieran otorgado el puesto.
Nicole no tardó en acercarse. — Así que por esto fue tu cambio de look — comentó, aún afectada por la partida de Rodrigo.
Emma solo asintió, sin poder articular palabras.
— Felicidades, Emma — dijo Nicole, con una sonrisa sincera pero cargada de emoción. La tristeza por la partida de su jefe seguía presente.
— No sé qué debo hacer ahora, Nico…
— Bueno, puedes empezar recogiendo tus cosas para mudarte a tu nuevo escritorio.
— Siento que no es lo correcto — respondió Emma, mirando hacia la oficina vacía de Rodrigo.
— No lo veas así — replicó Nicole, con un tono tranquilizador. — El señor Rodrigo decidió irse. Está feliz de poder disfrutar su jubilación, después de mencionarlo casi todos los días.
Emma aceptó lo que dijo, es cierto el señor Rodrigo solo hablaba de su jubilación, por lo cual no debía sentirse bien ser el jefe por más de 28 años. Así que esta vez Emma se levantó recogió su cosas de su escritorio y entro a su nueva oficina, sentándose en la silla que ahora le pertenecía