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Al Diablo Con Mi Prometido.

Al Diablo Con Mi Prometido.

Status: En proceso
Genre:Villana / Reencarnación
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

Lady Eleanor lo dio todo por amor y recibió a cambio una taza de té envenenado, la humillación pública y una ejecución silenciosa ordenada por el hombre al que juró amar: el príncipe heredero y su propio prometido. Pero la muerte no fue el final, sino el despertar de una furia milenaria.

Reencarnada en su propio cuerpo justo antes del baile de compromiso que selló su perdición, Eleanor decide cambiar las reglas del juego. Ya no será la damisela sumisa; abrazará la oscuridad que corre por sus venas, desatando la magia arcana de las brujas de sangre y firmando un pacto prohibido con un dragón milenario que duerme bajo las catacumbas del imperio. Entre pasiones peligrosas, un dark romance tan adictivo como letal y una venganza meticulosamente planeada, Eleanor está lista para destruir a todos los que la traicionaron... comenzando por el hombre que creyó que podía romperla dos veces.

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 04

El príncipe, notando que el temido archiduque del norte no le quitaba la mirada de encima a nuestra dirección, creyó estúpidamente que la amenaza estaba dirigida hacia su persona imperial. Dio un paso al frente con el pecho inflado, tratando de proyectar la autoridad de su corona ante los nobles que observaban en vilo.

—Archiduque Bondhe —dijo Aedric con voz proyectada, aunque un leve temblor traicionaba su tono—. Me sorprende veros abandonar vuestro puesto de guardia en el norte sin una citación explícita del consejo imperial. Espero que traigáis una justificación de peso para presentaros armado en medio de una celebración de la corona.

Aleixandre no se apresuró en responder. Avanzó dos pasos más, reduciendo la distancia hasta que su imponente figura ensombreció al príncipe por completo. Había una diferencia abismal entre un heredero mimado criado entre alfombras de seda y un gobernante que se había bañado en la sangre de mil batallas para mantener las fronteras del imperio a salvo.

—La única justificación que necesito, su alteza imperial —respondió Aleixandre, y su voz profunda, áspera y resonante como un trueno distante hizo vibrar las copas de cristal en las mesas cercanas—, es que las bestias del norte han comenzado a inquietarse. Y cuando los dragones despiertan en el abismo, no me quedo en mi castillo a esperar que los idiotas de la capital decidan qué decreto redactar.

Los nobles contuvieron el aliento ante el insulto directo a la corte. Aedric se puso rojo de furia.

—¡Medid vuestras palabras, archiduque! ¡Estáis ante el futuro gobernante de Valenor y ante mi prometida, Lady Eleanor de la casa Fiargod! Un solo informe mío al emperador bastará para despojaros del mando de las legiones del norte.

Aleixandre ni siquiera parpadeó ante la amenaza de Aedric. En lugar de eso, desvió lentamente sus ojos carmesí hacia mí, ignorando por completo la existencia del príncipe heredero. Me miró de arriba a abajo con una lentitud deliberada, deteniéndose en mis ojos azules que no habían bajado la guardia en ningún momento.

—¿Lady Eleanor Fiargod? —repitió mi nombre, y la forma en que lo pronunció, con un matiz ronco y sensual que acariciaba cada sílaba, provocó que un escalofrío me recorriera la espina dorsal—. Tenía entendido que la casa Fiargod solo producía herederas dóciles y asustadizas que se desmayan con el olor de la pólvora. Pero veo que los rumores de la capital son tan inútiles como sus leyes.

Di un paso al frente, zafándome del espacio protector que Aedric intentaba simular alrededor de mí.

—Los rumores de la corte imperial suelen ser inventados por cobardes para consolarse de sus propias debilidades, mi señor archiduque —contesté con una voz clara, firme y desafiante que resonó en todo el salón con la fuerza de un reto—. Aquellos que esperan encontrar sumisión en mí esta noche se llevarán una amarga decepción.

Aleixandre soltó una carcajada baja, un sonido oscuro y gutural que heló la sangre de los cortesanos cercanos, pero que a mí me supo a la más dulce de las victorias.

—Fascinante —murmuró él, dando un paso más hacia mí, lo suficientemente cerca como para que pudiera percibir el olor a nieve pura, cuero curtido y magia arcana que emanaba de su ropa—. Realmente fascinante. Parece que este salón no está lleno únicamente de carroña, después de todo.

—¡Basta! —rugió Aedric, incapaz de tolerar por más tiempo la humillación de ser tratado como aire en su propio palacio—. ¡Guardias! ¡El archiduque se retirará inmediatamente a los aposentos de huéspedes hasta que comience la audiencia formal! ¡Eleanor, ven conmigo ahora mismo a la mesa de honor!

Aedric estiró el brazo con violencia para sujetarme la muñeca con una fuerza desmedida, dispuesto a arrastrarme para reafirmar su autoridad frente a la mirada de toda la aristocracia.

Pero no llegó a tocarme.

Antes de que sus dedos rozaran mi piel, una corriente invisible de aire gélido estalló en el suelo entre nosotros. Al mismo tiempo, una mano grande, cubierta con un guantelete de cuero negro reforzado con placas de plata, interceptó el brazo del príncipe en el aire con la rapidez de un rayo, deteniéndolo en seco.

Aleixandre sostenía la muñeca de Aedric con una fuerza tan implacable que el príncipe soltó un quejido ahogado de dolor, su rostro crispado mientras intentaba liberarse inútilmente del agarre de acero.

—No pongas tus manos sucias sobre algo que claramente te queda demasiado grande, principito —susurró Aleixandre en un tono tan bajo, tan letal y cargado de una advertencia asesina que hasta los guardias que se acercaban se quedaron petrificados en su sitio—. La próxima vez que intentes forzarla en mi presencia, te arrancaré el brazo y se lo daré de comer a mis sabuesos de guerra.

—¡Traidor...! ¡Suéltame! —gimió Aedric, el sudor frío perlanco su frente mientras la presión de los dedos del archiduque amenazaba con partirle los huesos de la muñeca.

Aleixandre lo soltó con un desprecio absoluto, empujándolo hacia atrás con la fuerza suficiente como para que el heredero al trono tropezara contra las faldas de Laura, quien chilló de espanto mientras intentaba sostenerlo.

1
A.B. 💜🐨
Tremenda constestada 🤣😅🫰
A.B. 💜🐨
Eso mi reina, eso!!
A.B. 💜🐨
El villano...digo nuestro protagonista
A.B. 💜🐨
Infeliz
A.B. 💜🐨
Que arda el reino!!
A.B. 💜🐨
Hermoso 💜, bello.
A.B. 💜🐨
Oh.

Impresionante comienzo.
Arriba las villanas!
Arely Castañeda
mas por favor🥰👏👏👏
Gleirys Carolina
Buen empezar😊
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