El cielo estaba despejado aquella mañana, y las calles de la ciudad permanecían tranquilas. Nadie imaginaba que, antes de que terminara el día, el mundo que conocían dejaría de existir.
nas cuando anos riendo. Varios testigos aseguran
amó a su padre, pero la llamada terminó enviándolo ntesta, ón cambió.
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La noche
Mientras los sobrevivientes descansaban, Darian se dirigió a una habitación reservada únicamente para los soldados. Al entrar, encontró a varios compañeros sentados alrededor de una mesa, conversando sobre la misión y las criaturas que habían encontrado en la ciudad.
Algunos se reían para aliviar la tensión, mientras otros permanecían serios, revisando mapas y preparando sus equipos para las próximas salidas.
—¡Darian! —lo llamó uno de los soldados—. Escuché que tuviste problemas durante la búsqueda.
—Una criatura nos descubrió mientras rescataba a un sobreviviente —respondió Darian, dejando su equipo sobre una silla—. Tuve que dispararle para escapar.
—Cada vez aparecen más de esas cosas —comentó otro soldado—. No sé cuánto tiempo podremos mantener el refugio seguro.
Darian no respondió. Se sentó junto a ellos y comenzó a explicar lo que había visto en la ciudad.
Mientras conversaban, una chica soldado pasó detrás de él cargando una caja con suministros. Al intentar rodear una silla, tropezó accidentalmente con el pie de Darian.
—¡Ay!
La caja se inclinó, pero ella logró sostenerla antes de que cayera.
—¡Lo siento! No me fijé por dónde caminaba —se disculpó rápidamente.
Darian apartó el pie.
—No pasa nada. ¿Estás bien?
—Sí, estoy bien. Gracias.
La chica le dedicó una pequeña sonrisa antes de continuar su camino.
—Esa es la teniente Elena —comentó uno de los soldados—. Es bastante buena en las misiones, aunque siempre anda ocupada con los suministros.
—Ya veo —respondió Darian, volviendo a prestar atención a la conversación.
Pasaron varias horas hasta que finalmente llegó la noche.
En el área de los sobrevivientes, las luces se atenuaron y el ruido fue disminuyendo poco a poco. Algunas personas dormían profundamente, mientras otras permanecían despiertas, preocupadas por sus familiares desaparecidos.
Daniel ya estaba acostado en su cama, abrazando una almohada. Roberto también descansaba, y Marco e Iván se encontraban en el área militar, informando sobre la misión.
Adrian, sin embargo, seguía despierto.
Estaba sentado en el borde de su cama, mirando una botella de agua entre sus manos mientras pensaba en sus padres.
—¿Puedo sentarme contigo?
La voz lo sacó de sus pensamientos.
Adrian levantó la cabeza y vio a la chica pelirroja que Marco había rescatado.
—Sí, claro.
Ella se sentó a su lado y acomodó la manta sobre sus piernas.
—Por cierto, creo que no nos presentamos correctamente. Me llamo Valeria.
—Yo soy Adrian.
—Mucho gusto, Adrian.
El rubio le dedicó una sonrisa tímida.
Valeria lo observó un momento antes de preguntarle:
—¿Cuántos años tienes?
—Diecinueve. ¿Y tú?
—Tengo dieciocho.
—Ah, eres un poco menor que yo —comentó Adrian.
—¡Por un año solamente! Tampoco es tanta diferencia —respondió ella, soltando una pequeña risa.
Adrian sonrió un poco más. Era la primera vez desde que había llegado al refugio que podía conversar tranquilamente con alguien de su edad.
—¿Estabas solo cuando comenzó todo esto? —preguntó Valeria.
El rubio bajó la mirada.
—Sí. Mis padres estaban trabajando y todavía no he podido encontrarlos.
La expresión de Valeria cambió. Comprendió por qué Adrian parecía tan triste desde que lo había visto.
—Lo siento mucho. Yo tampoco sé qué pasó con algunas personas que conozco.
—Tengo miedo de que les haya ocurrido algo.
Valeria guardó silencio unos segundos y después le dio unas palmaditas suaves en el hombro.
—No pierdas la esperanza todavía. Quizá también estén buscando un lugar seguro.
Adrian la miró y asintió lentamente.
—Ojalá tengas razón.
Ambos permanecieron conversando en voz baja durante un rato, compartiendo sus experiencias y tratando de distraerse de todo lo que estaba ocurriendo afuera.
A unos metros de ellos, Darian acababa de regresar del área militar. Al pasar entre las camas, vio a Adrian conversando con Valeria y notó que, por primera vez, el rubio parecía un poco más tranquilo.
Sin interrumpirlos, continuó caminando hacia su lugar de descanso.
Mañana sería otro día difícil, y todos tendrían que estar preparados para lo que viniera.