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La mujer del jefe

La mujer del jefe

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor eterno / Completas
Popularitas:495
Nilai: 5
nombre de autor: Dany Figueiredo

A los diecinueve años, Aline creía que su mayor problema era llegar a fin de mes. Hasta que la enfermedad de su madre le puso un precio imposible a la esperanza… y un solo hombre en todo el morro podía pagarlo.

Él es Cobra: dueño de la Rocinha, temido, intocable, acostumbrado a que nadie le diga que no. La propuesta es tan fría como sencilla: ella será su visita íntima tras las rejas, y a cambio el tratamiento de su madre estará cubierto. Sin sentimientos. Sin promesas. Solo un trato.

Pero nadie le avisó a Aline que el hombre más peligroso de Río podía mirarla como si fuera lo único puro que le queda al mundo. Ni que, detrás del arma y la fama, Cobra carga heridas capaces de igualar a las suyas.

Entre balas, celos, secretos de la facción y un deseo que ninguno de los dos supo ver venir, lo que empezó como una transacción amenaza con volverse la historia de amor que ambos juraron no merecer. Porque en el morro, entregar el corazón cuesta más caro que cualquier deuda… y siempre hay alguien dispuesto a cobrarla.

Pasión intensa, drama que aprieta el pecho y un romance prohibido que no vas a poder soltar. Bienvenida al mundo de Cobra. Bienvenida a ser La mujer del jefe.

NovelToon tiene autorización de Dany Figueiredo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19

...Aline 🦢 ...

—Oye, me estás jodiendo —protestó Xamã.

—Te juro que estás pidiendo un pescozón para que dejes de ser un idiota. —Los dos aparecieron en la puerta de la cocina. Cobra ni me miró a la cara; le habló directo a su madre—. Vine solo a avisarte que estoy bajando al mercado ahora para traer lo que pediste.

—Pero un hombre no sabe comprar bien esas cosas del mercado, no. Vas a terminar trayendo todo mal. —Me miró—. Aline, mi niña, ¿me haces un favor? Anda con él al mercado rapidito, tú sí vas a saber elegir las cosas correctas.

Miré a Karla, que me observó en silencio.

—No hace falta, hombre —dijo Cobra.

—¡Claro que hace falta! —Sheila se volvió hacia mí—. ¿Vas?

—Puede ser —dije bajito, apartándome del fogón y tapando el arroz.

—Le mando una listita al WhatsApp de Matheus. —Sonrió—. Gracias, Aline.

—No es nada… —Le devolví la sonrisa, pasé junto a Karla y agarré mi bolso, que había dejado en la silla de la mesa.

Pasé por delante de los muchachos y ellos vinieron atrás, conversando de un asunto de motos.

Xamã chocó los puños con Cobra cuando llegamos a la entrada, y los dos salimos, bajando la escalera que daba a la parte de la calle.

Él pasó adelante y yo lo fui siguiendo justo detrás, sintiendo las miradas de las chicas.

Encima tuve que esperar a que el galán se pusiera a conversar con unos tipos que habían llegado en moto.

Estuve unos veinte minutos esperando; Cobra parecía una celebridad…

Cuando se despidió de los hombres, salimos del gentío y llegamos a un carro.

Lo reconocí al instante. El mismo que casi choca con el de Kleber.

Antes de que entráramos, escuchamos a un niñito gritar y venir corriendo hacia nosotros.

—¿Otra vez te estás escapando de tu mamá? —Cobra lo tomó en brazos.

—¡Nathan! ¡Hijo de puta! —Una mujer, seguramente la madre, vino corriendo detrás de él, sin aliento—. No vuelvas a hacer eso nunca.

El niñito se agarró del cuello de Cobra, riéndose.

—Obedece a tu mamá, mocoso. —La mujer estiró los brazos.

—Ven —El niño se negó—. ¡Nathan!

—¡Yo quiero ir con ellos!

—¡Pues no vas!

—Déjalo, Carol, yo lo llevo. —Ella me miró, con una sonrisa apenada y un gesto de cabeza.

—¿Seguro? —Nathan se puso feliz—. No va a caber en el carro.

—Yo lo llevo en el regazo, no te preocupes. —Él me miró con una sonrisa y me hizo un pulgar arriba todo torcido con la manito.

Ella le dio un beso en la frente a su hijo y yo lo cargué.

Entramos al carro y Cobra arrancó.

La mayoría de las cosas aquí en el morro estaban cerradas, así que decidimos ir a un mercado veinticuatro horas en el asfalto.

Me la pasé jugando con Nathan todo el camino, mientras él soltaba unas carcajadas enormes.

Amo a los niños con locura; mi mayor sueño es un día ser madre.

En cambio, para Karla eso es una pesadilla; a esa se le sale el alma del miedo.

Pasamos un buen rato en el carro hasta llegar al mercado. No crucé ni una palabra con Cobra, me quedé todo el camino en silencio.

De vez en cuando él jugaba con Nathan, fastidiándolo.

Cobra fue a estacionar y yo fui con el niño a agarrar el carrito.

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