Marlene, muere en su mundo y se convierte en una persona con una maldición, la cual está destinada a morir de una peor manera.
Ella no está dispuesta a morir dos veces y por eso convierte su maldición en algo ventajoso para ella.
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A medianoche
Valeria, por su propia paz mental, decidió estar tranquila; no quiere tener que eliminar a más personas.
Pero sus deseos no se cumplieron, puesto que, a medianoche llegaron algunos sirvientes a la mansión con un sacerdote, quien traía en su poder un báculo dorado y agua bendita.
Allí también había algunos guardias fuertes, quienes, al saber que su comandante murió ayer, llegaron a buscar venganza.
Todos esos alborotadores sirvientes tenían antorchas en las manos, con claras intenciones de que no llegaban en son de paz.
Ellos no lo pensaron un momento y derribaron la puerta de Valeria, quien, al momento de su llegada, se había dormido apenas.
Ella, al verlos a todos, no se sorprendió; sino que tomó su vestido y se lo colocó rápidamente.
Tres guardias fuertes se le fueron encima y la ataron con una cuerda que le dio el sacerdote, y entre los tres cargaron a Valeria y la llevaron al campamento de los soldados para prenderle fuego allí mismo.
El sacerdote gritó para que todos hicieran lo que tienen que hacer.
—No teman, hermanos; hoy vamos a eliminar este demonio. Sigamos el plan: el mal se vence con el bien —grita el sacerdote—. Y siguiendo el plan original, algunos sirvientes le arrojaron a Valeria agua bendita y aceite inflamable.
Acto seguido, los que tenían las antorchas en las manos, la arrojaron a Valeria, quien estaba —para terror de todos— muy calmada y no había dicho una palabra.
Pronto llegaron su madre y hermano, quienes, al ver la situación, entraron en desesperación.
Pero Valeria les sonrió para que se calmaran.
Las antorchas cayeron en el cuerpo de Valeria, y el aceite hizo lo suyo: su cuerpo se encendió por completo y eso fue motivo de júbilo para todos allí.
Pero, de un momento a otro, los que lanzaron las antorchas se prendieron en fuego y salieron huyendo, por la desesperación de ser quemados.
Algunos corrieron, y otros intentaron echarle tierra o agua para apagar el fuego de quienes se estaban quemando, pero no sirvió de nada, puesto que se quemaron de igual forma.
El supuesto sacerdote salió huyendo de allí y planeaba escaparse, pero Valeria, quien estaba intacta, le impidió la huida.
—Señor sacerdote, después de hacer arder el caos y hacer semejante escándalo a medianoche, ¿usted quiere salir huyendo? Mientras estos ignorantes mueren, ¿usted se quiere salvar? —dice ella con una sonrisa. Y el sacerdote cayó de rodillas y comenzó a suplicar—.
—Si me dejas ir, prometo darte todo lo que tengo —dice el sacerdote. Y ella le da una patada en el estómago que lo hace rodar lejos de ella—.
—Veamos qué tienes para mí. Si lo que me ofreces es lo suficientemente bueno, te dejo ir con vida —terminó de decir ella. Y comenzó a hacer su acto—.
Primero tomó una roca y se golpeó en la frente y luego en los tobillos.
El dolor fue transferido enseguida al sacerdote, quien casi se desmaya de dolor.
Rápidamente él, con manos temblorosas, se quita un anillo de las manos y deja caer una gota de sangre en señal de conclusión del contrato, y se lo ofrece, aún temblando, a Valeria.
—Esto... Esto es un espacio de almacenamiento. Allí encontrarás un tesoro sin igual, y muchas provisiones para emergencias. Este anillo ya no tiene amo. Déjame ir, juro por mi alma que nunca volveré a aparecer ante ti —grita el sujeto, temblando de dolor—.
Valeria fue hacia él y tomó el anillo y lo miró por unos minutos; luego decide hablar con el sacerdote.
—Si me estás engañando, te mataré —dice ella. Y él, con desesperación, le explica—:
—No me atrevería. Con una sola gota de tu sangre vas a activar el acceso al almacenamiento; accede con solo desearlo. No te miento, déjame ir —dice el sujeto con desesperación. Y Valeria lo deja ir.
Dudo que llegue muy lejos, puesto que no puede caminar, o eso cree Valeria.
El sacerdote sacó de su túnica una poción blanca y se la tomó enseguida para curar sus heridas y, al hacerlo, se fue de allí corriendo.
Valeria no se sorprendió en lo absoluto; sino que pinchó uno de sus dedos y le echó una gota de sangre al anillo. Y este emitió un brillo que desapareció al instante.
La joven deseó estar dentro del almacenamiento y, por arte de magia, desapareció y llegó a un lugar blanco, el cual tenía mucho oro y también estantes llenos de pociones.
Aquello fue algo divertido para Valeria, puesto que ese hombre, para que se le perdonara la vida, le dio ese almacenamiento tan fabuloso.
En ese lugar había más de lo que Valeria creyó encontrar, puesto que no estaba segura si ese sacerdote decía la verdad o no.
Pero, al parecer, sí era real.
Ella, por su parte, se tomó su tiempo en recorrer el lugar y observó que las pociones que estaban allí estaban ordenadas por sus nombres.
Había hasta para diferentes tipos de venenos y también para dolores y tantas cosas más...
Tal parece que ese sacerdote no era tan patético como parecía ser.
Lo que más le sorprendió a Valeria fue encontrar un manual con la descripción de cómo hacer una poción mágica.
Ella, por su parte, le dará buen uso a todo lo que tiene allí.
Esta Valeria estaba más salada que la pepita de la sirenita!. Y bien gafa también, porque si tenia una magia poderosa debió defenderse! 😔
soy fan de los. Villanos ❤️❤️❤️❤️