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LAS REGLAS DE GREY

LAS REGLAS DE GREY

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Enfermizo / Mafia
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Natalia Moreno Sajonero

Me vendieron para pagar una deuda. Damián Grey dice que ahora soy suya. Tiene tres reglas: no escapar, no mentir, no dejar que otro me toque. Rompí las tres el primer día.

NovelToon tiene autorización de Natalia Moreno Sajonero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 2: LA MANSIÓN

LAS REGLAS DE GREY

El coche no se detuvo en veinte minutos.

Anastasia Sterling tenía las manos apretadas contra el vestido de la librería, las uñas clavadas en su propia piel. A su lado, Damián Grey miraba por la ventana como si ella no existiera, pero su pierna rozaba la de ella y no la dejaba moverse.

— ¿A dónde me llevas? — su voz salió más pequeña de lo que quería.

Damián no la miró.

— A casa.

— Esa no es mi casa.

— Ahora sí.

El coche subió por una colina privada, custodiada por dos portones negros enormes. Al otro lado había una mansión que no parecía una casa. Parecía una fortaleza gótica, toda de piedra oscura, con ventanales que llegaban hasta el techo y un jardín de rosas negras que estaban perfectamente cortadas.

Killian Black, el hombre que iba de copiloto, se giró con una sonrisa que le heló la sangre.

— Bienvenida al infierno, princesa Sterling.

El coche se detuvo frente a la entrada principal. Antes de que Anastasia pudiera intentar abrir la puerta, Damián ya estaba afuera y la abría él. No le dio la mano. La tomó del brazo, otra vez con esa fuerza inamovible, y la sacó.

— No me toques — siseó ella.

— Entonces no intentes correr. Porque si corres, te cargo. Y si te cargo, todos aquí van a verte.

La arrastró dentro. El interior era peor que el exterior. Todo era mármol negro, madera oscura, cuadros caros. Olía a él. A madera y a perfume amargo. Había hombres de traje en cada esquina, todos miraron a Anastasia y luego bajaron la vista al suelo cuando Damián los fulminó con la mirada.

En el centro de la sala, esperándolos, había otro hombre con traje gris claro y gafas. Era guapo, pero de una forma fría y calculadora.

— Rafael Vonn — se presentó él mismo, sin que Damián lo hiciera — El abogado de Grey. Y el único aquí que va a impedir que Grey cometa una estupidez.

— Ya cometió una — dijo Anastasia — Me secuestró.

Rafael sonrió.

— No. Si te hubiera secuestrado, estarías en un sótano. Estás en la sala principal. Eso significa que le importas. Y eso es mucho peor para ti.

Damián la llevó hasta la mitad de la sala y la soltó. Se quitó el saco y lo lanzó sobre un sofá. Su camisa negra se pegaba a su espalda.

— Escúchame bien, Anastasia — dijo, y por primera vez usó su nombre completo. Su voz era baja, pero llenaba toda la habitación — Vas a vivir aquí. Esta es tu casa ahora. Hay una habitación para ti, arriba. Tiene todo lo que necesitas.

— No necesito nada de ti.

— Sí necesitas. Necesitas que tu madre tenga su operación. Necesitas que tu padre no termine con las piernas rotas. Y necesitas entender las reglas si quieres salir viva de aquí sin que te enamores de mí.

Ella se rió, con rabia.

— ¿Enamorarme de ti? Prefiero tirarme por esa ventana.

Damián dio un paso hacia ella. Solo uno. Y ella retrocedió dos.

— Primera regla — dijo él, levantando un dedo — No huyes. Esta mansión tiene treinta hectáreas, perros y hombres armados. Si intentas escapar, te voy a encontrar. Y cuando te encuentre, te voy a encerrar en mi habitación en lugar de la tuya. ¿Entendido?

Anastasia apretó los dientes.

— Segunda regla — continuó, más cerca ahora — No me mientes. Odio las mentiras más que nada en este mundo. Si te pregunto algo, me dices la verdad. Aunque duela. Aunque me odies.

— ¿Y la tercera? — preguntó ella, temblando.

Damián se inclinó. Estaba tan cerca que podía ver el gris exacto de sus ojos, con pequeñas motas negras. Olía tan bien que le daba asco.

— La tercera es la más importante — susurró — Nadie te toca. Nadie te mira. Nadie te habla sin mi permiso. Ni Killian, ni Rafael, ni ninguno de los hombres que trabajan para mí. Si alguien te pone una mano encima, le rompo esa mano. Como viste hoy. ¿Me entendiste, Anastasia Sterling?

— Estás enfermo — le dijo ella, con lágrimas de rabia en los ojos — Estás obsesionado.

— Sí — confesó él, sin ninguna vergüenza — Lo estoy. Desde que tenías diecisiete años y tu padre me mostró una foto tuya en la librería, sonriendo con un libro. Desde ese día supe que ibas a ser mía. Solo tuve que esperar a que tu padre fuera lo suficientemente estúpido para endeudarse con mi familia.

El corazón de Anastasia se detuvo.

— ¿Qué?

— ¿Creíste que tu padre le debía dinero a mi padre por casualidad? — Damián le acarició la mejilla con el dorso de la mano, un gesto casi tierno que contrastaba con sus palabras — Yo compré su deuda, Anastasia. Yo la compré hace dos años. He estado esperando.

Ella le dio una bofetada. Fuerte. El sonido retumbó en la mansión.

Rafael y Killian se tensaron, listos para intervenir. Damián levantó una mano para detenerlos. Se tocó la mejilla donde ella lo había golpeado. Y sonrió. Una sonrisa oscura, satisfecha, como si le hubiera dado justo lo que quería.

— Bien — dijo — Así me gusta. Con carácter. Luna y Sofía me dijeron que eras así.

— ¿Conoces a mis amigas?

— Sé todo sobre ti. Sé que Luna Vargas se tatúa a las tres de la mañana y que Sofía Reyes te guarda todos tus secretos. Sé que tu madre se llama Elena y que necesita un corazón nuevo. Y sé que tú, Anastasia, nunca has tenido un novio que te dure más de dos semanas porque les tienes miedo a los hombres que quieren controlarte.

Se acercó más, hasta que su frente casi tocó la de ella.

— Yo no quiero controlarte. Yo quiero poseerte. Hay una diferencia.

La soltó. Se giró hacia Killian.

— Llévala a su habitación. Que descanse. Mañana vendrá el médico para su madre y ella lo va a ver todo por videollamada. Que entienda que mientras esté aquí, su familia está a salvo.

Killian se acercó a Anastasia. No la tocó, por la tercera regla. Solo le hizo un gesto.

— Por aquí, princesa.

Anastasia miró una última vez a Damián Grey. Él ya la miraba desde el otro lado de la sala, con las manos en los bolsillos, como un rey mirando su nueva adquisición.

— Una cosa más, Grey — gritó ella antes de subir las escaleras — Si crees que con estas reglas voy a ser tuya, estás muy equivocado.

Damián la miró fijamente.

— No, Anastasia. Las reglas no son para que seas mía. Ya eres mía. Las reglas son para que no me obligues a demostrarte hasta dónde puedo llegar para quedarme contigo.

El portazo de su nueva habitación sonó como una sentencia.

Estaba sola, en una habitación cinco veces más grande que su casa entera, con un vestidor lleno de ropa negra que no era suya, y una cama enorme que olía a él.

Sacó su celular. Sin señal. Sin internet. Solo había una nota en la almohada, escrita a mano con letra fuerte y angulosa:

_Regla número 4, que olvidé decirte: No llores por mí. Todavía no te he dado motivos reales para hacerlo._

_- Damián_

Afuera, la puerta se bloqueó con un CLACK.

*[FIN DEL CAPÍTULO 2]*

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Natalia Moreno Sajonero
🥰
Sunny
repite muchas palabras frases desespera leer así
Natalia Moreno Sajonero: gracias por tu opinión lo tendré en cuenta en los siguientes capítulos saludos
total 1 replies
Amparo Muñoz
ese man esta loco q la conquiste con cariño sonrisa y ternura asi podra naser un amor entre parejas 🥰
Natalia Moreno Sajonero: así es ☺️
total 1 replies
Amparo Muñoz
portate bien obedientd y te ira bien este trato es paea salvar a tu mami haslo por ella
Natalia Moreno Sajonero: saludos gracias por leer mi novela 👏
total 1 replies
Natalia Moreno Sajonero
espero que le den mucho amor a mi historia y la apoyen los amo gracias
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