Dos familias unidas por años de amistad se ven divididas por mentiras, celos y amores prohibidos. En el corazón de la tormenta: dos gemelos que deberían ser inseparables, pero que se convierten en enemigos por el cariño de todos y el amor del mismo chico; dos hermanos que ocultan sus sentimientos tras máscaras de dureza y crueldad; y un mundo donde la lealtad se paga con sangre y el amor se castiga con silencio. Un final que romperá todas las cadenas.
NovelToon tiene autorización de yamiiy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
.
A la mañana siguiente, la luz del sol entraba por la ventana del pasillo cuando Luca empezó a bajar las escaleras, despacio, con la mirada baja y las manos metidas en los bolsillos, como si quisiera hacerse pequeño. Su madre estaba en la entrada de la cocina y al verlo, dio un paso hacia él, como si quisiera acercarse, decirle algo, quizá arrepentida. Pero antes de que pudiera hablar, Martina apareció a su lado y la tomó del brazo con una sonrisa dulce y urgente.
—Mamá, ven, ayúdame a servir la mesa, por favor —le dijo, llevándosela hacia la cocina sin darle tiempo a detenerse—. Tengo muchísima hambre y quiero preparar todo como nos gusta.
Cuando todos estuvieron sentados listos para desayunar, Luca se acercó a la mesa y tomó la silla para sentarse. En ese instante, Martina se levantó de golpe, llevándose una mano al pecho, con la cara pálida y los ojos llenándose de lágrimas en un instante.
—No puedo… —susurró con voz temblorosa—. Llevándose una mano al pecho y bajando la mirada como si le costara respirar.No puedo desayunar justo al lado de él. Me duele todavía. No puedo olvidar lo que pasó.
El padre suspiró hondo, soltando el aire despacio, miró a Luca y luego a su hija con tono calmado pero firme.tratando de mantener la calma y la armonía en la mesa.
—Siéntate, Martina. Ya todo quedó atrás con ese asunto. Luca no volverá hacer lo que hizo. Es hora de que sigamos adelante como familia. ¿Sí?.
—Pero la madre, al ver a su hija sollozar bajito, con los hombros temblando y las lágrimas cayendo sobre su servilleta se inclinó hacia ella y la abrazó por los hombros acariciándole la espalda para consolarla, Luego levantó la vista y miró a Luca con expresión severa.
—Luca, por favor —le pidió con voz cortante y tajante—. Ve a tu habitación o al patio. Desayunaras después.
—No pasa nada si desayuna después —agregó Damián, mirando a Luca con frialdad—. Mirá a su padre —hizo un gesto con la cabeza hacia el padre, como si buscara respaldo—. Que salga y espere a que Martina termine su desayuno feliz. No es tanto pedir.—
— Es suficiente, todos desayunamos y cenamos juntos, Luca siéntate— dijo Bruno, levantando la voz con firmeza, mirando a su madre y a Damián por igual.
—No. Haz lo que te dije, Luca.— lo corto su madre con cara sería, sin ceder ni un milímetro, sosteniéndole la mirada con autoridad—. Fuera.
Luca salió en silencio hacia su habitación, sin protestar, sin levantar la vista, con los pasos lentos y pesados, sintiendo que no tenía derecho ni a estar en su propia mesa.
Martina se sentó entonces, limpiándose las lágrimas con la punta de la servilleta con delicadeza, y sonrió agradecida, recuperando poco a poco la compostura.
—Gracias, mamá. Gracias, Damián —dijo suavemente, con voz dulce y aliviada—. Son muy buenos conmigo.
Mientras tanto, el padre y Bruno se quedaron callados, sin decir una palabra, pero sus miradas se cruzaron de vez en cuando, dejando claro que no estaban de acuerdo con lo que acababa de pasar. Bruno empujó la silla hacia atrás con un sonido seco y fuerte que hizo girar varias cabezas en la mesa.
—Ya terminé —dijo simplemente, sin mirar a nadie, y se levantó de golpe para irse a trabajar, dejando la servilleta tirada sobre la mesa.