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Bésame en el infierno

Bésame en el infierno

Status: Terminada
Genre:CEO / Policial / Completas
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Mía Ríos

Dante Lam era un fantasma.

Tres explosiones, veintisiete fragmentos de cristal extraídos de su cuerpo y una cirugía de reconstrucción facial después, el agente de élite de Interpol aceptó la misión más peligrosa de su carrera: asumir la identidad de Dean Yang, heredero de la Joyería Yang, e infiltrarse en el corazón del imperio criminal más poderoso del mundo.

El problema fue que Anderson Lorenzo ya lo estaba esperando.

Heredero de la dinastía militar-industrial Lorenzo, magnate de armas con contactos en cada gobierno del planeta, Anderson es un hombre que consigue todo lo que desea. Y desde el momento en que estrechó la mano de "Dean Yang", supo exactamente quién se escondía detrás de esa cara nueva. No dijo nada. No lo delató. En cambio, compró el edificio donde Dante vivía. Instaló cámaras en su departamento. Aprendió su sabor favorito de helado. Y cada noche, mientras Dante dormía inconsciente en un sótano del que no sabía que era prisionero, Anderson besaba su nuca sin que él lo supiera.

Obsesivo. Peligroso. Irresistible.

Pero Dante no es una presa fácil. Francotirador de élite, políglota, entrenado para resistir cualquier forma de tortura, tiene una regla inquebrantable: nunca mezclar la misión con los sentimientos. Y hay alguien más esperando su corazón——Leslie Avis, su compañero de armas en Interpol, el hombre que lo protege en silencio y jamás pide nada a cambio.

Entre un agente de la ley y un señor de las armas no debería existir nada. Pero cuando Dante descubre que Anderson recibió tres balazos por salvarlo y cruzó un puente en llamas cargándolo en su espalda, la línea entre el deber y el deseo se quiebra.

Y luego está Marlin——el joven vulnerable que Dante rescató de un casino, el amigo inocente que siempre sonríe con dulzura. Nadie sospecha lo que Marlin esconde. Ni siquiera Dante. Hasta que es demasiado tarde.

NovelToon tiene autorización de Mía Ríos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

Capítulo 9: ADN y sospechas

William Goodwin hablaba de colaboraciones estratégicas con la cadencia de un hombre que ha ensayado cada frase frente a un espejo. Dante lo escuchó durante cuarenta minutos en la suite del Hotel W, con una taza de café intacta entre las manos y la sonrisa educada de Dean Yang firmemente instalada en su cara nueva.

La propuesta era simple: Joyería Yang proporcionaría los espacios para eventos exclusivos de MASSIVE — conferencias, subastas privadas, cenas de inversores. A cambio, MASSIVE garantizaría contratos de seguridad internacional que triplicarían el volumen de ventas de la joyería. Todo legal en la superficie. Todo turbio debajo.

—Me interesa —dijo Dante—. Firmamos la próxima semana.

Gwen, en el auricular, dijo: "Perfecto."

La firma se programó para el viernes siguiente. Lo que no estaba programado fue el Bentley negro que interceptó el auto de Dante camino al Hotel W.

El Bentley se puso en paralelo, Richard bajó la ventanilla trasera, y Anderson Lorenzo le sonrió desde el asiento de cuero como si interceptar autos ajenos fuera un deporte que practicaba los viernes.

—Sube —dijo Anderson—. Te llevo.

—Tengo auto.

—El mío es mejor. Y más seguro. —Anderson abrió la puerta—. Sube, Dean.

Dante subió. No porque quisiera, sino porque negarse habría levantado más sospechas que aceptar.

El trayecto duró veintidós minutos. Anderson los usó todos.

—Dime una cosa, Dean. —Anderson cruzó las piernas, el brazo extendido sobre el respaldo del asiento—. Tu padre dice que estuviste en Suiza un año. ¿Qué hacías exactamente?

—Estudios de gemología avanzada. Zurich tiene los mejores laboratorios.

—¿Y el tango? ¿También lo aprendiste en Suiza?

—En Buenos Aires. Un verano, hace años.

—Qué interesante. Porque el Dean Yang que yo conocía antes del accidente no sabía bailar ni un vals.

Dante mantuvo la mirada fija en la ventanilla.

—La gente cambia después de estar a punto de morir.

—Sí —dijo Anderson, en voz baja—. Supongo que sí.

El Bentley se detuvo frente al Hotel W. Anderson bajó primero. Dante lo siguió. Caminaron por el vestíbulo hacia los ascensores, con Richard tres pasos detrás, y entonces Anderson se detuvo. Se giró. Tomó a Dante por la nuca con una mano y lo besó.

No fue un beso suave. Fue un asalto — los labios de Anderson presionando los suyos con una urgencia que no admitía negociación, la lengua forzando la entrada, los dedos clavados en la base del cráneo de Dante con la misma precisión con que había sujetado su mano para dispararle a Charles. Duró cuatro segundos. Tal vez cinco. Dante no se movió. No respondió. No respiró. Se quedó clavado en el mármol del vestíbulo del Hotel W con el cerebro en blanco y el cuerpo en cortocircuito.

Anderson se apartó. Se limpió el labio inferior con el pulgar. Sonrió.

—William Goodwin está en la terraza del segundo piso —dijo, como si acabara de comentar el clima—. Nos estaba mirando. Ahora sabe que no eres un socio al que pueda tocar sin consecuencias.

Dante recuperó el aire.

—¿Acabas de besarme para marcar territorio?

—Acabo de proteger una inversión. —Anderson se ajustó la corbata—. No te halagues, Dean. No fue personal.

Se fue hacia los ascensores. Richard pasó junto a Dante sin mirarlo, pero Dante habría jurado que la comisura de su boca se movió un milímetro hacia arriba.

En el auricular, Gwen no dijo nada. Y eso era peor que cualquier cosa que pudiera haber dicho.

* * *

Richard le contó el resto esa noche, mientras Dante esperaba en el vestíbulo de la Residencia Yang. El mayordomo se acercó con esa formalidad impecable que lo hacía parecer un diplomático de otra era.

—Joven Dean. —Richard inclinó la cabeza—. El señor Lorenzo me pidió informarle de que hace tres semanas encargó un análisis de ADN comparativo entre usted y el señor Marcus Yang. El resultado fue positivo: coincidencia parental confirmada.

Dante no pestañeó. Leslie había hecho su trabajo.

—Gracias, Richard. ¿Algo más?

—El señor Lorenzo también adquirió un ramo de gipsófilas para la mesa de la cena de firma. La tarjeta dice "Anderson." —Richard hizo una pausa—. Y compró un edificio de departamentos en Iztapalapa. El que pertenecía a un agente de Interpol llamado LAM.

Dante sintió un frío que no tenía nada que ver con el aire acondicionado.

—¿Por qué me cuenta esto, Richard?

—Porque el señor Lorenzo no me pidió que no lo hiciera. —Otra pausa, más larga—. Y porque cuando el señor Lorenzo compra la propiedad de un hombre muerto, generalmente es porque no cree que esté muerto.

Richard se retiró. Dante se quedó de pie en el vestíbulo, con el sabor de Anderson todavía en los labios y la certeza de que el ADN falsificado no iba a ser suficiente.

Esa noche, alguien entró en su habitación.

Dante lo sintió antes de verlo: un desplazamiento de aire, el crujido mínimo de una tabla del piso, un olor que no pertenecía a la Residencia Yang — limpio, antiséptico, como un quirófano. Se lanzó fuera de la cama por instinto, alcanzó la Beretta bajo la almohada y apuntó hacia la oscuridad.

Una mano le agarró la muñeca, giró, y en menos de un segundo Dante estaba boca abajo en el suelo con el brazo torcido detrás de la espalda y una rodilla clavada entre los omóplatos. La Beretta resbaló por el piso.

—Tiempos de reacción aceptables —dijo una voz masculina, fría, calibrada, con un acento que no era de ningún sitio en particular—. Pero tu guardia izquierda es débil. Probablemente por las quemaduras.

La presión desapareció. Dante rodó sobre sí mismo y miró hacia arriba. Un hombre joven estaba de pie junto a su cama. Constitución delgada, rasgos afilados, ropa completamente negra. Ojos que evaluaban sin juzgar, como los de un cirujano antes de la primera incisión. Su boca formaba una línea recta que, si uno miraba con mucha atención, parecía curvarse medio milímetro hacia arriba en la comisura izquierda.

—Leslie Avis —dijo el hombre—. Interpol, División de Información. Lister me asignó como tu apoyo táctico a partir de mañana.

—¿Y no podías esperar a mañana para presentarte?

—Quería evaluar tu estado físico sin la fachada de Dean Yang. —Leslie recogió la Beretta del suelo, le sacó el cargador, verificó la recámara y se la devolvió con el cargador aparte—. Es un arma bien mantenida. Eso me dice más de ti que cualquier expediente.

Dante se puso de pie. Se miraron en la oscuridad. Leslie tenía los ojos más quietos que Dante había visto en un ser humano — más quietos incluso que los de Anderson, porque los de Anderson simulaban calma mientras calculaban destrucción. Los de Leslie simplemente estaban quietos.

—Bienvenido al equipo —dijo Dante.

Leslie asintió. Y esa vez, Dante estuvo seguro: la comisura izquierda subió medio milímetro.

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