Valentina Solís entregó tres años de su vida para salvar a Sebastián Ríos, el Alfa que la Diosa Luna había marcado como su compañero predestinado. Pero la noche en que él volvió sano y victorioso, la humilló frente a toda la manada: rompió su vínculo y eligió a Catalina como su nueva Luna.
Todos esperaban verla caer. Valentina, en cambio, se mantuvo de pie.
Con el corazón destrozado y la marca rota ardiendo en su piel, Val decide recuperar todo lo que le quitaron: su dignidad, su poder y su nombre. Mientras desenmascara traiciones dentro de la manada Ríos, una presencia imposible comienza a seguirla desde las sombras: Damián Montero, el Rey Alfa.
Él no solo parece conocerla. Su lobo la reconoce como destino.
Y cuando Valentina descubra el sacrificio que Damián hizo en silencio por ella, entenderá que la Luna no la estaba castigando. La estaba guiando hacia el hombre que siempre la esperó.
NovelToon tiene autorización de JaQelinee Valenzuela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 19
Cap 19: El Alfa Que Vino A Rogar
Sofía regresó un minuto después, la expresión tensa.
—Dice que trae algo para ti. Que solo quiere cinco minutos.
Val cerró el cuaderno oscuro y lo guardó en el cajón con llave antes de responder. No tenía prisa.
—Que pase.
Sebastián entró con una caja de terciopelo entre las manos. Parecía haber practicado la disculpa antes de llegar. Vestía con más cuidado del habitual, el cabello peinado hacia atrás, y por un instante Val recordó al hombre del que alguna vez había estado enamorada.
La distancia no dolió. Eso la sorprendió más que cualquier otra cosa.
—Valentina. —Sebastián abrió la caja y la sostuvo hacia ella. Dentro, un collar de piedra lunar, tallado con una delicadeza que debía haber costado una fortuna—. Quiero reparar las cosas entre nosotros.
Val ni siquiera bajó la mirada hacia el collar.
—¿A qué viniste?
—Yo... —Sebastián pareció descolocado por la pregunta directa—. Me di cuenta de que cometí un error. Quiero otra oportunidad, Valentina.
—¿Qué error, exactamente?
—El repudio. Todo lo que pasó después. —Dio un paso hacia ella, la caja todavía extendida como una ofrenda—. Sé que te fallé. Sé que merezco tu desconfianza. Pero estoy dispuesto a bajar la cabeza, a pedirte perdón las veces que haga falta, si eso significa que consideres...
—¿Bajar la cabeza? —Val alzó una ceja, la voz fría como el filo de un cuchillo—. ¿Crees que debería estar agradecida de que te hayas dignado a rebajarte hasta mi puerta?
Sebastián abrió la boca, pero no encontró nada que decir. Su expresión, por un instante, dejó ver arrepentimiento real, mezclado con la vieja arrogancia de un Alfa que nunca había tenido que suplicar por nada.
Val se puso de pie despacio, rodeando el escritorio hasta quedar a un par de pasos de él.
—No estás aquí porque me ames, Sebastián. —Su voz no subió de volumen, pero cada palabra cayó como una piedra—. Estás aquí porque tu enfermedad volvió a atacarte, y crees que todavía me quedan restos de la Flor de Luna Sagrada.
El color abandonó el rostro de Sebastián de golpe.
—Eso no...
—No mientas. Ya no tienes ese derecho conmigo. —Val cruzó los brazos—. La verdad es mucho más simple: el veneno regresó, más fuerte esta vez, y ni todos los curanderos de Ciudad Capital han podido detenerlo. Viniste a mí porque soy la única persona que alguna vez tuvo acceso a la única cura real.
El silencio que siguió confirmó cada palabra mejor que cualquier admisión.
Val tomó la caja de terciopelo de las manos flojas de Sebastián y la cerró con un chasquido seco.
—Llévate todo. No necesito nada de ti.
Se la devolvió sin ceremonia, empujándola contra su pecho hasta que él no tuvo más remedio que sostenerla de nuevo.
Sebastián se quedó un momento sin moverse, la caja apretada contra el cuerpo, la mirada baja. Cuando finalmente se dio la vuelta hacia la puerta, se detuvo en el umbral, su silueta recortada contra la luz de luna que entraba por la ventana del pasillo.
Por un instante, pareció casi solo. Había tenido una Luna, una manada y un futuro seguro. Lo había perdido todo por arrogancia, y ahora empezaba a entenderlo.
Val esperó sentir algo. Lástima, rencor, siquiera un eco distante del amor que alguna vez le había profesado a ese hombre.
No sintió nada.
Su loba, atenta dentro de su pecho, permaneció completamente indiferente.
Sebastián salió sin decir más. Sus pasos se alejaron por el pasillo hasta desvanecerse.
—Un Alfa que solo recuerda a su Luna cuando está enfermo —dijo Val, más para sí misma que para Sofía, que había permanecido en silencio junto a la puerta durante toda la escena— no merece a ninguna Luna.
---
Esa noche, ya pasada la medianoche, Val despertó con el cuerpo ardiendo.
No tenía fiebre. El calor venía de su loba, que estaba despierta y agitándose con fuerza.
Se incorporó en la cama, con la luz de luna sobre los brazos desnudos. Bajo la piel, un brillo plateado pulsaba al ritmo de su corazón. Por primera vez, mechones de pelaje plateado asomaron y desaparecieron.
"Pronto podremos correr", susurró la loba, la voz clara como nunca, cargada de una excitación que Val sintió correr por sus propias venas.
Una transformación completa. Un verdadero renacimiento, después de tres años enteros de supresión bajo un enlace que nunca debió haber existido.
Val cerró los ojos, dejando que el calor la recorriera sin luchar contra él por primera vez.
"Pero no sola", añadió la loba. "Con él."
Val no necesitó preguntar quién era "él". Ella y su loba ya lo sabían.
se jodió esto
por fin ya era hora