Alguien ocupo su lugar ¿estara dispuesto a perder todo para recuperarlo?
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La ciudad donde mueren los sueños
El campamento desapareció rápidamente.
Cada integrante del escuadrón tenía una tarea.
Dorian desmontó las tiendas.
Luna revisó los equipos.
Adrian eliminó cualquier rastro de su presencia.
Y Kael supervisó todo en silencio.
Arlen observaba.
Aprendiendo.
Como siempre.
Pocas horas después emprendieron el viaje.
Las enormes camionetas blindadas atravesaban carreteras destruidas.
Pueblos abandonados.
Puentes agrietados.
Y extensiones interminables de tierra vacía.
Durante gran parte del trayecto nadie habló demasiado.
Era extraño.
Por primera vez en mucho tiempo Arlen viajaba acompañado.
Y aun así...
Seguía pensando en Genaro.
En la tumba.
En Ailén.
En las palabras de los jueces.
Finalmente.
Varias horas después.
Una ciudad apareció en el horizonte.
Arlen levantó la vista.
Sorprendido.
No era lo que esperaba.
Cuando escuchó la palabra refugio imaginó una base secreta.
Oculta en las montañas.
Lejos de todo.
Pero aquello era exactamente lo contrario.
Era una ciudad.
No demasiado grande.
Pero enorme comparada con Milter.
Los edificios mostraban cicatrices de antiguas explosiones.
Muchas calles estaban deterioradas.
Algunas zonas parecían completamente abandonadas.
La pobreza era evidente.
Personas delgadas caminaban entre los restos de viejas construcciones.
Niños observaban desde callejones.
Familias enteras parecían sobrevivir apenas con lo necesario.
Y sin embargo...
Entre toda aquella decadencia.
También existían enormes edificios de lujo.
Torres brillantes.
Ventanas impecables.
Vehículos costosos.
Era un contraste extraño.
Cruel.
—Bienvenido a Kilop.
Dijo Kael.
Arlen observó la ciudad.
—Parece rota.
—Porque lo está.
Respondió Adrian.
Nadie agregó nada más.
Las camionetas continuaron avanzando.
Hasta detenerse frente a una enorme estructura abandonada.
Al menos por fuera.
Las paredes estaban deterioradas.
Las ventanas cubiertas de polvo.
Parecía otro edificio olvidado más.
—¿Aquí?
Preguntó Arlen.
—Aquí.
Respondió Kael.
Entraron.
Y Arlen quedó inmóvil.
Era enorme.
Mucho más grande de lo que imaginaba.
Pasillos amplios.
Habitaciones privadas.
Una biblioteca completa.
Una sala tecnológica repleta de equipos.
Un taller mecánico.
Una sala de entrenamiento.
Un enorme garaje para los vehículos.
Una sala de armas.
Una cocina gigantesca.
Incluso había una mesa de pool.
Arlen observaba todo como si hubiera entrado a otro mundo.
Kael lo notó.
Y una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—¿Qué pensaste?
¿Que vivíamos en una alcantarilla, niño?
Arlen lo miró.
—No estaba seguro.
—Bueno.
Ahora lo sabes.
Kael señaló un pasillo.
—Busca una habitación libre.
Hasta que construyamos algo permanente para ti.
Arlen asintió.
Todavía sorprendido.
---
Unas horas después.
Kael reunió a todos.
La sala principal estaba iluminada tenuemente.
Había sofás.
Una enorme pantalla.
Una mesa baja.
Y varias botellas de cerveza.
Kael se sentó.
Destapó una.
Luna hizo lo mismo.
Dorian también.
Adrian, como era costumbre, permaneció con una taza de café.
—Bien.
Dijo Kael.
Mirando directamente a Arlen.
—Explícame algo.
Arlen levantó la vista.
—¿Qué?
—¿Por qué crees que puedes derrotar a Azrakel?
El silencio llenó la habitación.
Arlen quedó inmóvil.
Sorprendido.
—¿Cómo sabes eso?
—Adrian.
Respondió Kael.
Todos giraron hacia él.
Adrian levantó apenas una ceja.
—Hablas dormido.
Arlen suspiró.
Eso explicaba muchas cosas.
Kael bebió un trago.
—Entonces.
Habla.
Arlen observó a todos.
Y decidió decir la verdad.
—Porque no soy de este mundo.
Tres segundos de silencio.
Y luego...
Dorian explotó de risa.
—¡JAJAJAJAJAJA!
Luna casi escupió la cerveza.
Incluso Kael sonrió.
—Claro.
¿Y de dónde vienes?
¿De la luna?
—No.
—Lástima.
Respondió Dorian.
—Habría sido increíble.
Arlen no se rio.
Ni sonrió.
Simplemente los observó.
—No estoy mintiendo.
Poco a poco las risas desaparecieron.
Todos miraron a Adrian.
El estratega permanecía inmóvil.
Analizando.
Pensando.
Finalmente habló.
—Está diciendo la verdad.
El silencio regresó.
Esta vez más pesado.
Mucho más pesado.
—¿Perdón?
Preguntó Luna.
—No miente.
Respondió Adrian.
—Estoy completamente seguro.
Nadie volvió a reír.
Porque cuando Adrian afirmaba algo con esa seguridad.
Normalmente tenía razón.
Kael observó a Arlen durante varios segundos.
Luego apoyó la cerveza sobre la mesa.
—Bien.
Digamos que te creo.
Arlen no respondió.
—Mientras trabajes para mí.
Haremos contratos.
Misiones.
Trabajos.
Pero también entrenaremos.
Porque necesitas aprender a controlar tu poder.
Arlen escuchó atentamente.
—En las guerras donde combatí.
Conocí personas como tú.
La habitación quedó en silencio.
—Algunas podían destruir edificios.
Otras mover vehículos.
Algunas eran incluso más peligrosas.
La mayoría terminó siguiendo a Azrakel.
Arlen frunció el ceño.
—¿Y ustedes?
Kael observó sus propias manos.
—Nosotros somos diferentes.
No nacimos con dones.
No nacimos especiales.
Usamos nuestro cuerpo.
Nuestra experiencia.
Y nuestra tecnología.
Para acercarnos a personas como ustedes.
Luego señaló a todos los presentes.
—Así sobrevivimos.
Arlen guardó silencio.
Entonces preguntó:
—¿Por qué me cuentas todo esto?
Kael se levantó.
Y caminó hacia una ventana.
Desde allí podía verse gran parte de Kilop.
Las calles destruidas.
La pobreza.
Los edificios abandonados.
Las personas sobreviviendo como podían.
—Mira.
Dijo.
Arlen se acercó.
—Esto no es Milter.
Esto es Kilop.
La ciudad donde vienen a morir los sueños.
Su voz sonó más seria que nunca.
—Azrakel nos abandonó hace años.
Solo protege las ciudades que considera importantes.
Las ciudades que le sirven.
Las ciudades que le agradan.
Nosotros no estamos en esa lista.
Arlen observó las calles.
Kael continuó.
—Aquí sobrevivimos solos.
Luchamos solos.
Y enterramos a nuestros muertos solos.
Por primera vez.
Arlen comprendió parte de la rabia que aquel hombre cargaba.
—Y eso no me gusta.
Continuó Kael.
—Por eso sigues vivo.
Arlen lo observó.
Desconfiado.
—¿Soy una herramienta?
Kael sonrió.
—Eres una oportunidad.
La diferencia es importante.
El silencio llenó nuevamente la habitación.
Y por alguna razón.
Arlen creyó en él.
No completamente.
Pero lo suficiente.
Tomó una botella de cerveza.
La observó.
Destapó la tapa.
Y levantó la vista.
—Entonces lo haremos juntos.
Todos lo observaron.
—Los sacaré de aquí.
Y beberemos por eso.
Dijo Dorian.
—Esa es la parte importante.
Arlen asintió.
Y tomó un largo trago.
Un segundo después.
Escupió todo.
—¡¿Qué es esto?!
Luna comenzó a reír.
Dorian cayó del sofá.
Kael se agarró la frente.
Y para sorpresa de todos...
Incluso Adrian dejó escapar una sonrisa genuina.
—Es cerveza.
Dijo Luna entre risas.
—Es horrible.
Respondió Arlen.
La habitación explotó nuevamente en carcajadas.
Y por primera vez desde la muerte de Genaro.
Arlen también sonrió.
Quizá aquel lugar no era su hogar.
Todavía no.
Pero era un comienzo.