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Tu infidelidad, tu ruina

Tu infidelidad, tu ruina

Status: Terminada
Genre:Venganza / Juego de roles / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:9
Nilai: 5
nombre de autor: Mama Mia

Andrea Montalvo dedicó veinte años de su vida a construir un imperio empresarial junto a su esposo, Rodrigo Villareal. Renunció a su sueño de ser madre para sostener la empresa que los sacó de la nada y los convirtió en una de las parejas más poderosas del mundo de los negocios. Creía que su sacrificio era la prueba más grande de amor.

Hasta que una serie de fotos anónimas le reveló la verdad: Rodrigo llevaba cinco años manteniendo una relación con una mujer más joven, Sofía, con quien ya tenía un hijo y otro en camino.

Otra mujer habría llorado, suplicado o exigido el divorcio. Andrea, no. Andrea decidió destruir.

Con la frialdad de quien lleva dos décadas tomando decisiones multimillonarias, diseñó un plan implacable: si no podía quedarse con la empresa que ella misma levantó —porque la ley obligaba a repartir los bienes gananciales—, entonces se aseguraría de que no quedara nada que repartir. Provocó la quiebra total del Grupo RA, redujo a cenizas el patrimonio que Rodrigo planeaba disfrutar con su amante, y salió caminando sobre los escombros sin voltear atrás.

Pero la venganza fue solo el comienzo.

Mientras Rodrigo se hunde en una espiral de miseria, alcoholismo y violencia, Andrea descubre que su pasado esconde un secreto mucho más grande que cualquier traición conyugal: la verdad sobre sus orígenes, una familia biológica que la creyó muerta durante cuarenta y cinco años, y un hombre que la ha amado en silencio desde que eran niños.

Entre la justicia y la compasión, entre el rencor y la posibilidad de volver a amar, Andrea deberá decidir qué clase de mujer quiere ser cuando los escombros se asienten.

NovelToon tiene autorización de Mama Mia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

18

Adrián salió de su imponente oficina tras dejarle las riendas del trabajo a Kenzo. Subió a un deportivo rojo y se dirigió al centro comercial que sus hombres le acababan de reportar.

Una sonrisa fina le asomó en los labios al imaginar que iba a reencontrarse con la dueña de sus pensamientos. Si fuera por él, habría mandado a Rodrigo a la quiebra en un abrir y cerrar de ojos, pero se contuvo al notar que Andrea parecía estar disfrutando del juego.

Al llegar al enorme estacionamiento del centro comercial, Adrián apagó el motor y, como solía hacer, se desaliñó un poco antes de abrir la puerta: se arremangó la camisa, se revolvió el pelo. Salió caminando con las manos en los bolsillos, haciendo girar las llaves del auto en la punta del índice, silbando despreocupado. El cambio de CEO impecable a galán rebelde e imponente le atrajo de inmediato las miradas de todos los que pasaban a su lado.

Las mujeres, sobre todo, se paraban en seco. Los ojos clavados sin pestañear, seguidos de suspiros y exclamaciones ahogadas.

—Dios mío... qué guapo...

—Mira esos brazos... a mí me pueden abrazar cuando quieran...

—Ese no es cualquier tipo, se le nota un aura diferente...

Adrián no les prestó la menor atención. Siguió caminando a paso tranquilo, silbando.

Espérame, cariño... ya voy, pensó con una sonrisa enigmática.

Gracias a los reportes en tiempo real de la persona que había asignado para custodiar a Andrea, sabía exactamente dónde se encontraba su "princesa". Se dirigió sin rodeos al lugar indicado.

Hasta que las vio: las espaldas de dos mujeres acechando a alguien como un par de espías improvisadas. Adrián se acercó desde atrás, calculando cada paso para no hacer ruido. Cuando estuvo lo bastante cerca, se detuvo un instante, reguló la respiración y le posó la mano sobre el hombro a Andrea con un toque firme.

¡Tap!

—¡¿Eh?!

Andrea y Jessica saltaron del susto como si las hubieran descubierto robando. Las dos giraron al mismo tiempo con la cara descompuesta.

—¿Quién...?

La palabra se le murió en la garganta a Andrea cuando sus ojos chocaron de frente con la mirada penetrante de Adrián. La camisa blanca con las mangas arremangadas le dejaba a la vista los antebrazos marcados y masculinos. El pelo ligeramente revuelto le sumaba un aire de chico malo que resultaba letal.

—¡¿Adrián?! —exclamó Andrea sin poder creerlo, los ojos enormes y el corazón desbocado—. ¿Qué haces aquí?

Adrián se encogió de hombros con las manos en los bolsillos.

—Andaba paseando y te vi de casualidad. ¿Qué hacen ustedes dos? Parecen ladronas. ¿A quién están espiando?

—Shh... no hables tan fuerte —Andrea le tapó la boca con la palma por instinto, aterrada de que su suegro la descubriera.

Adrián contuvo la respiración. El aroma que desprendía la mano de Andrea lo dejó aturdido.

—Ay, no... se fue... —murmuró Andrea con un puchero al asomarse de nuevo y descubrir que Don Braulio y su acompañante se habían esfumado. Soltó la boca de Adrián y los hombros se le desplomaron.

—Perdón... yo no sabía... —dijo Adrián rascándose la nuca, genuinamente arrepentido de haberle arruinado la misión a su princesa.

A un lado, Jessica estaba clavada en el piso. La boca entreabierta, los ojos fijos en Adrián, cuya presencia irradiaba algo completamente fuera de lo común. El aura de aquel hombre estaba en otra liga: inmensamente atractivo y peligrosamente magnético.

—Andrea... —Jessica le dio un codazo suave, la voz reducida a un susurro—. ¿Quién es este?

Al escucharla, Andrea se irguió con una sonrisa de orgullo puro. Se plantó al lado de Adrián y lo presentó con toda la confianza del mundo.

—Jess, te presento a Adrián. Es el hermano del orfanato del que siempre te hablé.

Jessica arrugó la frente tratando de recordar, hasta que abrió los ojos de golpe y chasqueó los dedos.

—¡Ah! ¿El que sale en la foto de tu álbum?

—¡Ese mero! —confirmó Andrea, y se giró hacia Adrián—. Adrián, ella es Jessica, la mejor amiga del mundo. La que siempre me ha acompañado.

Adrián se preguntó por dentro de qué foto hablaba Jessica, pero le extendió la mano con cortesía.

—Hola, Jessica. Mucho gusto. Gracias por cuidar y acompañar siempre a Andrea —la saludó con calidez.

—Ho-hola... ¡mucho gusto también! —respondió Jessica algo nerviosa. La presencia de Adrián la intimidaba sin remedio.

Pero entonces Andrea, con toda la malicia, se inclinó hacia el oído de Jessica y susurró, sin molestarse en bajar la voz lo suficiente, de modo que Adrián escuchó cada palabra:

—¡Mi hermano todavía está soltero!

Jessica frunció el ceño. ¿Y eso a ella qué? Ella estaba casada. Aunque, bueno, su marido llevaba un tiempo fuera del país...

—¡Ay! —Andrea chilló al sentir un coscorrón en la frente que Adrián le propinó con los dedos—. ¡Adrián! ¡Eso dolió! —protestó haciendo puchero.

—Te lo mereces por traviesa. ¿Ahora me quieres vender en oferta? Ya. Vamos a comer, que me muero de hambre. Llevo desde la mañana trabajando sin probar bocado —se quejó Adrián acariciándose el abdomen plano, con una cara de desolación que rarísima vez dejaba ver.

Andrea y Jessica aceptaron encantadas.

—¡Hecho! Yo también tengo hambre —dijo Andrea con entusiasmo, y le apuntó al pecho con el dedo—. Pero tú invitas.

Adrián puso cara de indignación fingida.

—¿No será al revés? Tú eres la vicepresidenta millonaria, y me pides que te invite a mí, que soy un simple empleado —dijo Adrián, fiel a la fachada de que no era más que un trabajador común.

—Me da igual. Tú invitas y punto —sentenció Andrea, le tomó el brazo a Jessica y echó a caminar delante de él.

Adrián fingió un suspiro resignado, pero por dentro estaba radiante. ¿Cuándo iba a tener otra oportunidad de comer con su princesa? Y aunque Jessica estuviera presente, no le molestaba en lo más mínimo: sabía que era la única persona genuinamente buena con Andrea.

Los tres se dirigieron al restaurante más exclusivo del último piso del centro comercial. Andrea y Jessica intercambiaron miradas intrigadas al ver cómo el personal los recibía con una deferencia exagerada, sobre todo hacia Adrián, como si lo conocieran de sobra. Pero cuando le preguntaron, él se limitó a encogerse de hombros haciéndose el desentendido.

Ya sentados en una mesa amplia y privada, Adrián se ubicó de un lado y Andrea y Jessica enfrente, una al lado de la otra.

Mientras revisaban la carta entre bromas y risas, la expresión de Jessica cambió de pronto. Arrugó la frente, los ojos fijos en el rostro de Adrián, que se reía a mandíbula batiente.

Juraría que he visto esta cara antes. Me resulta conocidísima, pensó Jessica con creciente curiosidad. ¿Será del álbum de Andrea? No, esas fotos eran de adolescentes. Esto es más reciente... como de hace unos meses. Pero ¿dónde?

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