Entre secretos prohibidos y un vínculo imposible, ¿será el amor su única salida… o la razón de su caída eterna?
NovelToon tiene autorización de Elizabeth Moore para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Bajo la Misma Lluvia
Ian cerró la puerta del despacho con suavidad.
El sonido quedó atrás, pero su mente seguía dentro de aquella oficina.
Mientras caminaba por el pasillo de la universidad, repasaba cada detalle de la conversación. Había ido al campus por una investigación y, sin embargo, salió con más preguntas de las que tenía al llegar.
¿Por qué Caleb estaba reunido con un representante de la Fundación Helix?
¿Por qué aquel hombre parecía conocer más de lo que decía?
Y, sobre todo, ¿por qué la sola presencia de Caleb lograba alterar su habitual calma?
Ian frunció el ceño. No le gustaba mezclar sus emociones con el trabajo.
Dentro del despacho, el hombre de la Fundación Helix tomó un maletín negro y lo colocó sobre el escritorio.
—No te pediré una respuesta hoy —dijo con tranquilidad—. Solo quiero que asistas a una reunión dentro de tres días.
Sacó un sobre sellado y lo dejó frente a Caleb.
—Encontrarás la dirección y la hora aquí.
Caleb observó el sobre sin tocarlo.
—¿Y si decido no ir?
El hombre sonrió con serenidad.
—Entonces nosotros seguiremos esperando. Hay puertas que solo pueden abrirse cuando quien está frente a ellas decide cruzarlas por voluntad propia.
Caleb tomó el sobre y lo guardó junto a la tarjeta.
—Lo pensaré.
El representante hizo una leve inclinación de cabeza y abandonó la oficina.
El decano soltó un suspiro.
—Lamento todo esto, Caleb. Me aseguraron que solo querían ofrecerte una oportunidad académica.
—No se preocupe, profesor.
Caleb sonrió con la misma amabilidad de siempre.
—Gracias por avisarme.
Cuando salió del edificio administrativo, la lluvia seguía cayendo.
Las nubes grises cubrían todo el campus.
Caleb dio apenas unos pasos antes de detenerse.
Frente a la entrada principal había un automóvil policial.
Ian permanecía de pie junto a él.
No parecía estar esperándolo.
Miraba unos documentos mientras la lluvia empapaba lentamente el uniforme de detective.
Caleb dudó unos segundos.
Después abrió su mochila, sacó un paraguas negro y caminó hacia él.
Ian levantó la vista al escuchar los pasos.
—¿Todavía aquí?
Caleb extendió el paraguas sobre ambos.
—Se va a resfriar si sigue bajo la lluvia.
Ian lo observó sorprendido.
—Pensé que ya te habías ido.
—Olvidé que llevaba un paraguas.
Por primera vez en todo el día, Ian dejó escapar una pequeña sonrisa.
—Gracias.
Caminaron unos metros compartiendo el mismo paraguas.
Ninguno hablaba.
El único sonido era el de la lluvia golpeando la tela.
A veces, el silencio resultaba más cómodo que cualquier conversación.
Cuando llegaron al estacionamiento de la universidad, Ian se detuvo.
—Hasta aquí llego.
Caleb asintió.
—Cuídese, detective.
Ian abrió la puerta del vehículo, pero antes de entrar volvió la cabeza.
—Caleb...
El estudiante lo miró.
—Si alguna vez necesitas ayuda... llámame.
No era una orden.
No era parte de una investigación.
Era una oferta sincera.
Caleb permaneció inmóvil unos segundos.
Después sonrió con una calidez que Ian no le había visto antes.
—Lo recordaré.
El detective subió al automóvil y se alejó lentamente.
Caleb permaneció observando el vehículo hasta que desapareció al final de la avenida.
Solo entonces bajó la mirada hacia el sobre de la Fundación Helix que guardaba en el bolsillo.
Su tranquila vida universitaria estaba comenzando a desmoronarse.
Y, al mismo tiempo, alguien empezaba a abrirse paso entre los muros que había construido alrededor de su corazón.
Con una sonrisa apenas perceptible, murmuró:
—Pregunta número ocho...
—¿Puede una persona acercarse lo suficiente para conocer mi verdadero rostro... sin perderse antes en las sombras que lo rodean?
Continuará...