La noche de quince años debía ser simplemente una celebración inolvidable, llena de música, alegría y sueños. Sin embargo, todo cambia cuando una conexión inesperada surge entre la festejada y su elegante chambelán.
Entre ensayos, bailes, miradas discretas y momentos compartidos, nace un sentimiento que ninguno de los dos esperaba. Lo que parecía una simple amistad comienza a convertirse en algo mucho más profundo, poniendo a prueba sus emociones y enseñándoles que el amor puede aparecer en los momentos más inesperados.
Pero no todo será fácil. Los rumores, las diferencias y los desafíos de la vida pondrán a prueba aquello que sienten. ¿Será suficiente para mantenerse unidos o terminará siendo solo un hermoso recuerdo?
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Capítulo 9: El grupo de WhatsApp
Todo ya estaba empezando a organizarse para mis quince años, y cada vez la emoción era más grande, pero también los nervios crecían porque todo se estaba volviendo real de verdad. Ya no era solo un sueño, ahora había nombres, horarios, personas y decisiones importantes.
Decidí crear un grupo de WhatsApp para coordinar a todos los chambelanes y a las personas que iban a apoyar en la coreografía y la organización.
El grupo quedó organizado así:
— Jeremías Aguilar — Ariana Salazar (quinceañera)
— Saúl Méndez — Melissa Andrade
— Carlos González — Carolina Rodríguez
— Jordy Gutiérrez — Jordana Salcedo
— Tomás Alcántara — Tatiana Suárez
— Jhon Mendoza — Sofía Mendoza
— Andrés Castro — Salome Carrillo
Cuando terminé de armar el grupo, me quedé unos segundos mirando la pantalla. Era raro ver tantos nombres juntos, porque en ese momento entendí que todo lo que había imaginado por tanto tiempo ya estaba empezando a organizarse de verdad.
Sin esperar más, envié el primer mensaje importante:
— “El primer ensayo será el sábado 15 de noviembre, de 2:30 p. m. a 6:00 p. m.”
Después de enviarlo, sentí un pequeño vacío en el estómago, como cuando algo importante está a punto de comenzar.
El grupo empezó a activarse poco a poco. Algunos respondieron rápido, otros solo leyeron el mensaje. Pero todos sabían que ya había un compromiso.
Minutos después, llegó un mensaje de la coreógrafa:
— “Hola, soy la coreógrafa. Para el primer ensayo deben venir en zapatos deportivos, sobre todo los hombres.”
Ese mensaje cambió el ambiente del grupo. Ya no era solo emoción por los quince años, ahora también había disciplina, reglas y responsabilidad.
El grupo empezó a llenarse de respuestas:
—“Listo 👍”
—“Entendido”
—“Ahí estaremos”
—“Ok”
Ver todo eso me hizo sentir tranquila, pero al mismo tiempo nerviosa. Era la primera vez que organizaba algo así con tantas personas.
Mientras revisaba el grupo una y otra vez, había algo que me llamaba más la atención que todo lo demás.
El nombre de Jeremías Aguilar.
No sabía por qué, pero desde que lo vi en la lista de la guardia marina, algo me generaba curiosidad. Era el principal, el que iba a bailar el vals conmigo, y eso hacía que todo fuera aún más importante.
Había visto su foto antes en la selección, serio, disciplinado, con una expresión tranquila pero fuerte. No parecía alguien que hablara mucho, pero sí alguien que transmitía seguridad.
Cada vez que veía su nombre en el grupo, sentía una mezcla rara entre nervios y curiosidad.
Saúl Méndez también estaba en el grupo, y su forma de escribir era diferente. A veces usaba palabras que no entendía del todo, como si viniera de otro lugar, pero eso le daba un toque divertido a las conversaciones.
Carlos, Jordy, Tomás, Jhon y Andrés también respondían de forma sencilla, pero se notaba que todos estaban comprometidos.
Junto a ellos, las chicas también estaban organizadas:
Melissa Andrade, Carolina Rodríguez, Jordana Salcedo y Tatiana Suárez. Cada una con su papel en la coordinación.
Pero aun así, el nombre que más se repetía en mi mente era el de Jeremías.
Había algo en él que no podía explicar.
No era solo porque iba a bailar el vals conmigo.
Era la forma en la que lo imaginaba: serio, callado, responsable… como si todo lo que hiciera lo hiciera con disciplina.
Mientras seguía revisando el grupo, me di cuenta de que esto ya no era solo la preparación de una fiesta.
Era un proceso donde iba a conocer a personas que probablemente iban a marcar ese momento de mi vida.
El ensayo todavía faltaba, pero ya sentía que algo importante iba a pasar ese día.
El grupo seguía activo con mensajes cortos:
—“Nos vemos el sábado”
—“Todo listo”
—“Confirmado”
Y cada notificación hacía que el corazón latiera un poco más rápido.
Porque aunque todavía no los había visto en persona en ese contexto, ya todos tenían un lugar en esta historia.
Pero sin duda, el que más llamaba mi atención seguía siendo Jeremías.
Y sin saber por qué, sentía que ese nombre iba a ser el inicio de algo que todavía no entendía… pero que ya estaba empezando a sentirse diferente.