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Las Veredas Del Alma

Las Veredas Del Alma

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Romance / Amor eterno
Popularitas:166
Nilai: 5
nombre de autor: marig

Tres amigos de la infancia. Un amor en secreto que finalmente se anima a nacer. Y un resentimiento silencioso dispuesto a destruirlo todo. Camila brilla con luz propia, Bruno es el chico de pocas palabras que daría la vida por ella, y Milena es la sombra que espera el momento exacto para actuar. Lo que empieza como un romance de escuela secundaria terminará atrapado en una red de manipulación, celos y una trampa mortal en lo profundo. Descubrí hasta dónde se puede llegar cuando la envidia se disfraza de amistad.

NovelToon tiene autorización de marig para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 7: La confesión en el galpon

La distancia terminó de pudrir lo poco que quedaba de la infancia. Desde el día del desplante en el pasillo, Bruno se transformó en un témpano de hielo. Camila intentaba concentrarse en las planillas de delegada y en las explicaciones de Thiago sobre las bandas de rock que escuchaba, pero la mirada se le desviaba, inevitablemente, hacia el último banco de la ventana. Él ya no la miraba. Se pasaba las horas con la vista clavada en el patio o dibujando líneas sin sentido en su banco.

Milena, por su parte, se había convertido en la sombra de Bruno. Se sentaba con él en los recreos, le convidaba de sus meriendas y le machacaba la cabeza, con una suavidad de seda, sobre lo "bien" que la estaba pasando Camila en su nueva vida del centro.

Pero el destino, o la culpa, tiene formas raras de forzar las cosas.

A finales de abril, el Colegio Comercial empezó los preparativos para la Fiesta de la Otoñada. Como delegada de 1° "A", a Camila le asignaron la tarea de organizar el stand del curso. El sábado por la tarde, el colegio abrió sus puertas solo para los delegados y los colaboradores que tenían que armar las estructuras. Thiago había tenido que viajar a Zapala por el fin de semana con su familia, así que Camila fue sola. Lo que ella no sabía era que el preceptor, buscando brazos fuertes para cargar los tirantes de madera, había citado también a Bruno.

El frío de la tarde calaba los huesos en el patio trasero del Comercial. Camila estaba adentro del galpón de depósito, buscando una caja con guirnaldas y afiches, cuando la puerta de chapa crujió.

Al darse la vuelta, se chocó de frente con Bruno. Llevaba unos guantes de lona gastados y la campera azul desabrochada sobre los hombros anchos. Se congeló al verla. El espacio era chico, lleno de olor a aserrín y humedad. No había nadie más ahí adentro.

Bruno amagó con dar media vuelta y salir, pero la bronca acumulada durante dos meses le dio a Camila una fuerza que no sabía que tenía. Caminó rápido y se paró frente a la puerta, bloqueándole el paso.

-No te vas a ir, Bruno. De acá no te movés -le dijo, con la voz firme pero con los ojos ya cristalizados por la angustia.

-Salí, Camila. Tengo que llevar los tirantes -respondió él, con esa voz gruesa y tosca, mirando hacia el techo para no clavar los ojos en ella.

-¡No me voy a salir! ¡Me vas a decir de una vez por todas qué te pasa conmigo! -explotó ella, dándole un empujón inofensivo en el pecho que a él ni lo movió, pero que sirvió para descargar la rabia-. Desde que empezó el año me tratás como si fuera una basura. Te di tu espacio, me banqué que me chocaras el hombro, que me dieras vuelta la cara delante de todo el mundo... ¡Soy tu mejor amiga, Bruno! Nos criamos en la misma vereda. ¿Qué te hice? ¡Decime qué mierda te hice!

Las lágrimas le resbalaron finalmente por las mejillas. Verla llorar así, con ese dolor tan real, le pegó a Bruno un latigazo en el medio del pecho. La coraza de chico rudo se le empezó a agrietar.

-¿Ah, ahora resulta que no sabés? -escupió Bruno, dando un paso adelante, acortando la distancia hasta que Camila tuvo que levantar la cabeza para mirarlo-. ¡No me vengas a hacer el papel de inocente, Camila! Te pasás el día riéndote con el cheto del centro, diciendo que los pibes del barrio somos unos brutos, unos infantiles de los que te querías despegar para progresar.

Camila abrió la boca, completamente descolocada. El piso pareció desvanecerse bajo sus pies.

-¿Qué estás diciendo? ¿De dónde sacaste esa locura? ¡Yo jamás diría algo así de vos! Si Thiago es solo un compañero...

-¡Mentira! -gritó Bruno, y por primera vez la voz se le quebró, mostrando el dolor crudo que escondía atrás de la rabia-. ¡Se lo dijiste a Milena! Le dijiste que estabas harta de mis escenas, que yo era un plomo y que ojalá no te hablara nunca más para no arruinarte la secundaria. ¿Te creés que no me entero? Me dolió, Camila. Me dolió acá -se golpeó el pecho con el puño cerrado- porque yo por vos daba la vida.

El silencio que siguió fue sepulcral. A Camila se le encajaron las piezas del rompecabezas en un segundo. La billetera olvidada, los consejos dulces de Milena, la cizaña en la vereda antes de empezar las clases... Todo había sido ella.

-Fue Milena... -susurró Camila, con la voz helada por la revelación-. Bruno, mirame a los ojos. Te lo juro por mi vida, por lo que más quieras en este mundo: yo nunca dije eso. Jamás. Milena te mintió.

Bruno la miró fijamente. En los ojos de Camila no había culpa, no había mentira; había un espanto y una desesperación tan puros que la duda lo barrió por completo. Sintió un frío espantoso recorrerle la espalda al darse cuenta de la trampa en la que había caído.

-¿Me estás diciendo la verdad? -preguntó Bruno, con la voz apenas en un hilo, dando un paso más. Estaba tan cerca que podía sentir el calor de la respiración de ella.

-Nunca te mentiría con algo así, Bruno. Vos sos... vos sos la persona más importante para mí -confesó Camila, dando el paso final que rompía la barrera física entre los dos. Le agarró la mano áspera con sus manos temblorosas-. Thiago es un amigo del colegio, nada más. Pero con el que quiero caminar por la vereda siempre es con vos.

A Bruno se le aflojaron las piernas. La mandíbula se le descontracturó y los ojos oscuros se le humedecieron. Todo el orgullo, la cizaña de Milena y los celos por Thiago se derritieron en ese galpón abandonado.

No aguantó más. Con un movimiento torpe pero lleno de una ternura contenida por años, Bruno soltó los guantes, le acunó la cara a Camila entre las manos y la besó.

Fue un beso apurado, con gusto a lágrimas y a alivio, el beso que venía madurando en secreto desde las tardes de juego en la plaza del barrio. Camila le rodeó el cuello con los brazos, pegándose a su campera azul, sintiendo que después de meses de tormenta, finalmente había vuelto a casa.

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