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Destinos Entrelazados

Destinos Entrelazados

Status: En proceso
Genre:Romance
Popularitas:389
Nilai: 5
nombre de autor: Orozco

Cuando Valentina Rojas, una joven fotógrafa que intenta reconstruir su vida después de una dolorosa traición, conoce a Alejandro Montenegro, un exitoso arquitecto marcado por secretos familiares, ninguno imagina que sus caminos terminarán unidos por el amor. Entre encuentros inesperados, malentendidos, rivales, sueños y sacrificios, deberán descubrir si el amor verdadero es capaz de superar cualquier obstáculo.

NovelToon tiene autorización de Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

primeras sombras

El aire pareció volverse más pesado en el instante en que Camila apareció frente a ellos.

Valentina mantuvo una sonrisa educada, aunque por dentro sentía una extraña incomodidad. No era celos exactamente. Era más bien la sensación de estar presenciando una historia que había comenzado mucho antes de que ella apareciera en la vida de Alejandro.

Camila era hermosa.

De eso no había duda.

Elegante, segura de sí misma y con una presencia imposible de ignorar.

Pero lo que más llamó la atención de Valentina fue la expresión de Alejandro.

Desde que se conocían, ella había aprendido a leer algunas de sus emociones.

Y en aquel momento no parecía feliz.

Ni sorprendido.

Parecía incómodo.

Muy incómodo.

—Ha pasado mucho tiempo —dijo Camila, sin apartar los ojos de Alejandro.

—Sí.

La respuesta fue breve.

Demasiado breve.

Camila pareció notarlo también.

—Veo que sigues siendo tan hablador como siempre.

Alejandro dejó escapar una sonrisa apenas visible.

—Algunas cosas no cambian.

—Otras sí.

Camila dirigió una mirada significativa hacia Valentina.

La fotógrafa sintió que el mensaje era claro.

Demasiado claro.

Y no le gustó.

La conversación continuó durante unos minutos más.

Minutos que parecieron horas.

Camila hablaba con naturalidad, pero había algo calculado en cada palabra.

En cada sonrisa.

En cada mirada.

Finalmente consultó la hora en su teléfono.

—Debo irme.

Alejandro asintió.

—Cuídate.

—Tú también.

Entonces volvió a mirar a Valentina.

—Fue un placer conocerte.

—Igualmente.

Camila sonrió una última vez antes de alejarse.

Pero incluso después de desaparecer entre la gente, la tensión permaneció.

Durante unos segundos ninguno habló.

Valentina observó las luces de la ciudad.

Alejandro se pasó una mano por el cabello.

Finalmente ella rompió el silencio.

—Ahora entiendo.

Él la miró.

—¿Qué entiendes?

—Por qué te pusiste tan serio.

Alejandro soltó un suspiro.

—Lo siento.

—No tienes que disculparte.

—No quería que nuestra noche terminara así.

Valentina sonrió suavemente.

—Todavía no ha terminado.

Aquellas palabras parecieron aliviarlo.

Sin embargo, ella sabía que había algo más.

Algo que seguía pesando sobre él.

—¿Te afecta verla?

Alejandro permaneció en silencio varios segundos.

—Menos de lo que antes me afectaba.

Era una respuesta honesta.

Pero incompleta.

Valentina lo percibió.

Y decidió no insistir.

Todavía no.

Continuaron caminando.

Las calles estaban tranquilas.

La mayoría de las tiendas ya habían cerrado.

Y el sonido lejano del tráfico acompañaba sus pasos.

—¿Puedo preguntarte algo?

—Claro.

Valentina lo observó.

—¿La amaste mucho?

Alejandro se quedó inmóvil.

La pregunta era sencilla.

Pero la respuesta no.

Finalmente habló.

—Sí.

La sinceridad de aquella palabra la sorprendió.

Porque muchas personas habrían intentado minimizarlo.

Negarlo.

Pero él no.

—Pensé que pasaríamos el resto de nuestra vida juntos.

Valentina bajó la mirada.

No porque estuviera triste.

Sino porque comprendía perfectamente ese sentimiento.

Ella también había amado así.

También había imaginado un futuro que nunca llegó.

—Debió doler mucho.

Alejandro soltó una pequeña risa sin alegría.

—Más de lo que me gusta admitir.

Por un momento ambos caminaron en silencio.

Compartiendo heridas similares.

Comprendiendo dolores que no necesitaban demasiadas explicaciones.

Aquella noche, cuando Alejandro dejó a Valentina frente a su edificio, permanecieron unos segundos junto al automóvil.

Ninguno parecía tener prisa por despedirse.

—Gracias por la cena.

—Gracias por venir.

Valentina sonrió.

—A pesar del encuentro inesperado.

—Especialmente por eso.

Ella arqueó una ceja.

—¿Especialmente?

—Porque me recordaste algo importante.

—¿Qué cosa?

Alejandro la observó.

Y durante unos segundos pareció debatirse entre hablar o guardar silencio.

Finalmente respondió.

—Que algunas personas llegan a tu vida justo cuando más las necesitas.

El corazón de Valentina se aceleró.

Porque aquellas palabras parecían tener mucho más significado del que él estaba dispuesto a admitir.

Y porque una parte de ella deseaba escuchar el resto.

Pero Alejandro no añadió nada más.

Simplemente sonrió.

Y ella hizo lo mismo.

—Buenas noches.

—Buenas noches, Valentina.

Esta vez, mientras caminaba hacia la entrada del edificio, no se volvió.

Porque sabía que si lo hacía, le costaría aún más despedirse.

A la mañana siguiente, Camila observaba la ciudad desde la ventana de su apartamento.

Había dormido poco.

Muy poco.

El encuentro de la noche anterior no dejaba de repetirse en su cabeza.

La forma en que Alejandro miraba a Valentina.

La tranquilidad que transmitía estando a su lado.

Y sobre todo...

La manera en que había vuelto a sonreír.

Hacía años que no veía esa sonrisa.

Y eso la inquietaba.

Porque durante mucho tiempo creyó que Alejandro jamás superaría completamente lo que había ocurrido entre ellos.

Sin embargo, ahora comenzaba a sospechar que estaba equivocada.

Tomó su teléfono.

Buscó un número.

Y realizó una llamada.

—Necesito información sobre alguien.

Mientras tanto, Valentina llegó temprano a la revista.

Laura ya estaba revisando varios documentos cuando la vio entrar.

—Buenos días.

—Buenos días.

La directora levantó la vista.

Y sonrió inmediatamente.

—¿Qué pasó?

—¿Qué quieres decir?

—Tienes cara de haber vivido algo interesante.

Valentina dejó su bolso sobre el escritorio.

—Me encontré con la exnovia de Alejandro.

Laura abrió los ojos.

—Eso sí es interesante.

—No tanto como parece.

—¿Era horrible?

Valentina pensó unos segundos.

—No.

—¿Era desagradable?

—Tampoco.

—Entonces ¿cuál es el problema?

Valentina suspiró.

—Que todavía forma parte de su historia.

Laura la observó atentamente.

—Valentina.

—¿Sí?

—Todas las personas tienen pasado.

Aquellas palabras la hicieron reflexionar.

Porque sabía que eran ciertas.

Ella también tenía uno.

Uno que todavía dejaba cicatrices.

—Lo sé.

—La pregunta importante es otra.

—¿Cuál?

Laura sonrió.

—¿Qué lugar quieres ocupar en su futuro?

Valentina permaneció en silencio.

Porque nunca se había planteado la situación de esa manera.

Y porque la respuesta comenzó a aparecer antes de que pudiera evitarlo.

Una respuesta que la asustó.

Y al mismo tiempo la hizo sonreír.

Aquella tarde, mientras revisaba las fotografías tomadas durante los últimos días, encontró una imagen de Alejandro.

Era una de las fotografías capturadas en el campo de flores.

Él estaba mirando hacia el horizonte.

Sonriendo ligeramente.

Feliz.

Valentina observó la imagen durante varios segundos.

Y entonces comprendió algo.

Ya no esperaba sus mensajes únicamente porque disfrutaba conversar con él.

Ya no sonreía cada vez que escuchaba su voz solo porque le parecía agradable.

Y ya no pensaba en él constantemente por casualidad.

Estaba comenzando a enamorarse.

La realización llegó como una ola suave.

Inevitable.

Hermosa.

Y aterradora.

Porque después de todo lo que había vivido, volver a entregar el corazón requería más valentía de la que imaginaba.

Sin embargo, lo que Valentina no sabía era que mientras ella comenzaba a aceptar sus sentimientos, alguien más estaba decidido a impedir que aquella historia avanzara.

Y Camila acababa de dar el primer paso

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