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Bajo La Sangre Del Cuervo

Bajo La Sangre Del Cuervo

Status: Terminada
Genre:Mafia / Acción / BL / Completas
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: jaritzy mendoza

Durante años, las familias mafiosas más poderosas han mantenido un frágil equilibrio de poder. Sin embargo, una traición rompe esa paz cuando Noah Salvatore, el estratega de una organización rival, es entregado a Adrián De Luca, el temido líder de la mafia Cuervo Negro.
Todos esperan una ejecución inmediata. Adrián, en cambio, decide mantener con vida a aquel hombre de mirada desafiante que parece esconder secretos capaces de destruir el imperio criminal de la ciudad.
Obligados a colaborar para sobrevivir, la desconfianza pronto se convierte en respeto, el respeto en deseo y el deseo en un amor tan peligroso como la guerra que amenaza con consumirlos. Pero en el mundo de la mafia, amar a la persona equivocada puede costar la vida.

NovelToon tiene autorización de jaritzy mendoza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12: La primera puerta

La lluvia comenzó a caer con fuerza cuando tres camionetas negras abandonaron la mansión De Luca.

Nadie hablaba.

El ambiente dentro del vehículo principal era tan tenso como el cielo que cubría Valdoria.

Adrián conducía con una mano firme sobre el volante. Vestía un traje completamente negro, pero debajo llevaba un chaleco antibalas. La venda de su brazo aún permanecía oculta bajo la manga de la camisa.

A su lado viajaba Noah.

Desde la conversación en la biblioteca, ninguno de los dos había mencionado lo ocurrido.

Las palabras de Adrián seguían resonando en la mente de Noah.

"Ahora... eres alguien que no estoy dispuesto a perder."

Cada vez que recordaba aquella frase, el corazón le latía con fuerza.

—¿Estás nervioso? —preguntó Adrián sin apartar la vista del camino.

Noah sonrió apenas.

—Solo estoy pensando.

—Eso suele ser peligroso.

—¿Para mí o para ti?

Adrián dejó escapar una leve risa.

—Para cualquiera que esté cerca de nosotros.

Aquella pequeña broma logró aliviar un poco la tensión.

Desde el asiento trasero, Matteo los observó en silencio.

Nunca había visto a Adrián comportarse así con nadie.

Y eso le preocupaba.

Porque el amor siempre había sido el punto débil de los hombres poderosos.

Después de casi una hora de viaje llegaron a las afueras de la ciudad.

La antigua catedral se levantaba entre árboles secos y muros cubiertos por la vegetación.

Había sido abandonada hacía más de treinta años.

Las enormes puertas de madera estaban abiertas.

Demasiado abiertas.

Adrián apagó el motor.

—Todos atentos.

Los hombres descendieron de los vehículos desenfundando sus armas.

Noah observó cuidadosamente el lugar.

No había pájaros.

No había viento.

Ni un solo sonido.

Era un silencio antinatural.

—No me gusta esto... —murmuró.

Adrián asintió.

—A mí tampoco.

El interior de la catedral estaba completamente destruido.

Las bancas permanecían rotas.

Los vitrales habían desaparecido hacía años.

Solo quedaban restos de piedra cubiertos de polvo.

Mientras avanzaban, Noah comenzó a observar el piso.

Algo llamó su atención.

—Esperen.

Todos se detuvieron.

Noah se agachó lentamente.

Había marcas recientes sobre la tierra.

No eran huellas.

Parecían...

—Movieron algo pesado.

Matteo iluminó el suelo con una linterna.

Entonces lo descubrieron.

Debajo de una alfombra vieja había una enorme trampilla de hierro.

Adrián sonrió por primera vez en toda la misión.

—La encontramos.

La trampilla descendía por una escalera de piedra iluminada únicamente por pequeñas lámparas antiguas.

El aire era frío.

Y el olor a humedad hacía difícil respirar.

Noah caminaba justo detrás de Adrián.

—¿Sigues bien del brazo?

Adrián lo miró de reojo.

—¿Eso te preocupa?

—No respondas con otra pregunta.

—Estoy bien.

Noah suspiró.

—Nunca admites cuando algo te duele.

—Los líderes no pueden hacerlo.

—Los líderes también son humanos.

Aquellas palabras hicieron que Adrián guardara silencio.

Porque Noah era el único que insistía en recordárselo.

Al llegar al final de las escaleras encontraron una enorme sala subterránea.

En el centro había una puerta de piedra de casi cuatro metros de altura.

Sobre ella estaban grabados trece cuervos formando un círculo.

Y, justo en el centro...

La cerradura.

Noah sintió un vuelco en el pecho.

Sacó lentamente la llave número trece del bolsillo de su saco.

Encajaba perfectamente.

—Hazlo —dijo Adrián.

Noah respiró profundamente.

Introdujo la llave.

La giró.

Durante unos segundos no ocurrió absolutamente nada.

Después..

Un fuerte estruendo sacudió todo el lugar.

La enorme puerta comenzó a abrirse lentamente.

Tras ella apareció una habitación llena de estanterías antiguas.

Miles de documentos permanecían perfectamente conservados.

Libros.

Mapas.

Fotografías.

Registros financieros.

Información suficiente para destruir cualquier organización criminal del país.

—Dios mío... —susurró Matteo.

Noah avanzó lentamente.

Sobre un pedestal de piedra descansaba un pequeño cofre negro.

Adrián se acercó.

Cuando estaba a punto de abrirlo...

Una voz comenzó a aplaudir.

—Excelente trabajo.

Todos levantaron sus armas.

Desde las sombras aparecieron varios hombres vestidos completamente de negro.

Llevaban máscaras blancas con un cuervo rojo pintado sobre ellas.

Al frente caminaba un hombre alto.

Su rostro permanecía oculto.

Solo podían verse sus ojos.

—La Orden Carmesí... —murmuró Noah.

El desconocido sonrió.

—Gracias por abrir la puerta por nosotros.

Sin previo aviso comenzaron los disparos.

El eco de las balas retumbó por toda la cámara subterránea.

Los hombres de Cuervo Negro respondieron inmediatamente.

El lugar se convirtió en un campo de batalla.

Adrián tomó a Noah del brazo.

—¡Escóndete!

—¡No pienso dejarte solo!

Uno de los atacantes apareció detrás de Adrián con un cuchillo.

Noah reaccionó antes que nadie.

Empujó a Adrián hacia un lado.

El cuchillo rozó el hombro de Noah.

La tela de su traje se rasgó y la sangre comenzó a correr lentamente.

—¡Noah!

Adrián disparó dos veces.

El atacante cayó al suelo.

Los ojos grises del líder se llenaron de furia.

Nunca antes había sentido un impulso tan intenso de proteger a alguien.

Tomó la mano de Noah.

—¿Puedes caminar?

—Sí...

—No me sueltes.

Noah asintió.

Y, por primera vez desde que se conocieron, entrelazó sus dedos con los de Adrián.

No por estrategia.

No por necesidad.

Sino porque, en medio del caos, aquella mano era el único lugar donde se sentía seguro.

Después de varios minutos de combate, la Orden Carmesí comenzó a retirarse.

El líder enmascarado observó a Noah por última vez.

—Nos volveremos a ver... Heredero.

Desapareció entre los túneles.

Cuando todo terminó, el silencio volvió a reinar.

Solo se escuchaba la respiración agitada de los

sobrevivientes.

Adrián soltó lentamente la mano de Noah.

Entonces vio la sangre.

—Estás herido.

—Es superficial.

Pero Adrián no escuchó.

Tomó con cuidado el rostro de Noah entre sus manos.

Lo observó con una preocupación imposible de ocultar.

—¿Por qué hiciste eso?

Noah sonrió con cansancio.

—Porque no estoy dispuesto a perderte tampoco.

Aquellas palabras rompieron el último muro que Adrián había construido alrededor de su corazón.

Sin pensar en Matteo.

Sin pensar en sus hombres.

Sin pensar en la guerra.

Se inclinó lentamente hacia Noah.

Y, por primera vez...

Sus labios se encontraron en un beso suave, breve, pero lleno de todo lo que ninguno de los dos había sido capaz de decir.

Cuando se separaron, ambos seguían respirando con dificultad.

Noah apoyó la frente contra la de Adrián y sonrió.

—Creo que eso ya no fue parte del plan.

Adrián, con una sonrisa que muy pocos habían visto en su vida, respondió en voz baja:

—No...

—Fue mucho mejor.

Pero la paz apenas duró unos segundos.

Dentro del cofre negro comenzó a sonar un antiguo mecanismo.

Elías abrió los ojos con sorpresa.

—¡Aléjense!

Todos retrocedieron.

El cofre se abrió solo.

En su interior no había documentos.

Solo una fotografía.

En ella aparecían dos niños de aproximadamente seis años sonriendo frente a una casa de campo.

Uno era Adrián.

El otro...

Era Noah.

Los dos se quedaron completamente inmóviles.

Ninguno recordaba aquella fotografía.

Pero era evidente una cosa.

Sus destinos habían sido unidos mucho antes de que la mafia los convirtiera en enemigos.

Continuará...

1
Beisy Antunez
Me gustó esta historia a veces todos los enemigos no son los malos😉
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