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Derritiendo El Ducado

Derritiendo El Ducado

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / Mundo de fantasía / Época / Completas
Popularitas:133.3k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Yamila22

El Ducado de Valerius es conocido como la tierra del invierno eterno, y su gobernante, el gran Duque Cédric, como un hombre despiadado que combate a los monstruos de las fronteras con magia de hielo. Tras la muerte de su esposa, el ducado se volvió aún más frío, y su pequeño hijo, Theo, crece imitando la severidad de su padre, privado de toda infancia.
Por un antiguo pacto de sangre y gratitud, el Conde Kalen ofrece la mano de su amada hija, Alissa, una joven tímida pero rebosante de alegría y una sutil bendición de luz. Cédric acepta: él necesita una madre perfecta para su heredero, y ella desea proteger a su padre.
Alissa llega a un palacio gris decidida a cumplir una misión: devolverle la sonrisa al pequeño Theo y demostrarle que la calidez puede derretir incluso el hielo más grueso.

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CAPÍTULO 9: Hielo, luz y espadas de madera

El Patio de Armas del ducado de Valerius era un espacio imponente, rodeado de murallas de piedra gris y cubierto por una capa perenne de nieve fina. El viento soplaba con fuerza esa mañana, levantando ráfagas heladas que habrían hecho retroceder a cualquier adulto del sur. Sin embargo, en el centro del patio, el pequeño Theo permanecía de pie, temblando levemente pero esforzándose por mantener la compostura.

A sus escasos seis años, portaba una pesada espada de madera de roble y un jubón de cuero rígido que limitaba sus movimientos. Frente a él, Cédric lo observaba con los brazos cruzados tras la espalda, su uniforme militar impecable y su rostro desprovisto de cualquier rastro de indulgencia.

—La magia de hielo elemental no nace de la comodidad, Theo —la voz profunda de Cédric resonó en el patio, fría como el ambiente—. Nace de la disciplina. Si no puedes mantener el equilibrio con el peso de la madera, la energía de la frontera te consumirá antes de que puedas alzar un escudo. Levanta la guardia. Otra vez.

Theo apretó los dientes. Sus pequeñas manos, entumecidas por el frío, se aferraron al mango de la espada de entrenamiento. Con un gemido de frustración y cansancio, intentó levantar el arma, pero sus pies resbalaron en la nieve acumulada y cayó de rodillas, soltando la madera que rodó por el suelo. El niño se quedó allí, con la cabeza baja, respirando de forma agitada y luchando desesperadamente por contener las lágrimas de frustración que amenazaban con traicionar su entrenamiento militar.

Desde el corredor porticado que rodeaba el patio, Alissa observaba la escena con una mezcla de indignación y dolor en el pecho. Llevaba una capa abrigada sobre su vestido azul, pero el frío real lo sentía en el corazón al ver la dureza con la que Cédric trataba a su propio hijo. Sin pensarlo dos veces, bajó los escalones de piedra a paso rápido, desafiando la nieve acumulada.

—¡Ya es suficiente, Cédric! —la voz de Alissa cortó el aire del patio con una firmeza que hizo que los caballeros de la guardia que vigilaban desde los muros se tensaran.

Cédric se giró despacio, entornando los ojos al ver a su esposa irrumpir en el campo de entrenamiento.

—Duquesa Alissa, este no es lugar para usted —sentenció el duque en un tono gélido, intentando imponer su autoridad—. El entrenamiento del heredero de Valerius es un asunto militar y de seguridad. Theo debe estar preparado para los monstruos de la frontera.

—¡Theo tiene seis años! —replicó Alissa, plantándose directamente entre el duque y el niño, quien la miraba desde el suelo con los ojos abiertos de par en par—. Los monstruos no van a atacar el ducado hoy, pero tú estás destruyendo su espíritu ahora mismo. El entrenamiento de un niño no debe ser un castigo. Míralo, está exhausto, congelado y frustrado. Así no va a aprender a dominar su magia, solo va a aprender a odiarla.

Cédric dio un paso al frente, la diferencia de altura marcando una clara línea de intimidación, pero Alissa no retrocedió ni un milímetro. Sostuvo la mirada azul del duque con una valentía indomable.

—A mí me entrenaron de esta forma desde que tengo uso de razón, Alissa —dijo Cédric en voz baja, una tensión peligrosa en su mandíbula—. Es la única manera de asegurar que sobreviva en el norte.

—Pues se equivocaron contigo, porque te convirtieron en una estatua —le espetó ella, con los ojos dorados centelleando de indignación—. Pero no voy a permitir que hagas lo mismo con él. Si Theo va a aprender a usar el hielo, lo hará de una forma que no lo lastime.

Sin esperar la respuesta del duque, Alissa se dio la vuelta y se agachó frente a Theo. Le quitó con cuidado el jubón de cuero rígido, permitiendo que el niño respirara aliviado, y le frotó las manos entumecidas para transmitirle calor.

—Theo, mírame —le pidió con una sonrisa dulce—. La magia de tu papá es el hielo, y la mía es la luz, ¿recuerdas? El hielo no solo sirve para hacer espadas pesadas. También puede ser hermoso. Vamos a intentar algo diferente.

Alissa cerró los ojos y extendió sus manos sobre la nieve. Concentrando su sutil flujo mágico, hizo brotar pequeñas partículas de luz dorada que comenzaron a danzar en el aire. Las esferas de luz flotaron alrededor de Theo, entibiando el ambiente y devolviéndole el color a sus mejillas.

—Ahora, Theo, intenta tocar una de mis luces con tu magia de hielo —le propuso Alissa, guiñándole un ojo—. Pero no con fuerza. Imagina que quieres atrapar una mariposa de cristal. Deja que el frío de tus manos cree una pequeña red suave.

El niño, fascinado por el juego y sintiendo la calidez de la luz de Alissa, extendió su pequeña mano derecha. Se concentró, ya no con el miedo a ser reprendido por su padre, sino con la curiosidad de un niño que juega. Un sutil brillo azulino, suave y controlado, comenzó a emanar de sus dedos. Cuando su magia tocó la partícula dorada de Alissa, la luz no se extinguió; en su lugar, el hielo de Theo envolvió la esfera, creando una perfecta y reluciente canica de cristal helado que brillaba con un núcleo de oro en su interior.

—¡Lo hice! —exclamó Theo, una sonrisa genuina y desdentada rompiendo por completo su habitual máscara de mini duque—. ¡Mira, padre! ¡La atrapé!

El niño saltó de alegría, mostrando la pequeña esfera flotante en su palma. Alissa soltó una risita limpia, aplaudiendo el logro del pequeño.

Cédric se quedó mudo en su lugar. Observó la esfera mágica en la mano de su hijo, una combinación perfecta de hielo y luz que requería un control preciso que Theo no había logrado conseguir en toda la mañana mediante la fuerza bruta. Pero lo que realmente impactó al duque no fue la técnica médica; fue la risa de Theo. Cédric no recordaba la última vez que había visto a su hijo sonreír de esa manera, con la pureza y la ligereza que le correspondían a su edad.

El Gran Duque bajó la guardia, sus brazos cayendo a los costados mientras miraba a Alissa, quien se ponía en pie limpiándose la nieve del vestido, con el rostro encendido por el esfuerzo pero con una expresión de absoluto triunfo.

Cédric comprendió en ese instante que su rigidez no era protección, sino aislamiento. El método de Alissa, basado en el juego y la complicidad, había logrado en diez minutos lo que sus estrictas órdenes no habían conseguido en meses. Ella no solo estaba protegiendo al heredero; le estaba enseñando a él, al temido señor del norte, cómo ser un verdadero padre.

—Un control impresionante, Theo —pronunció Cédric, su voz perdiendo toda la aspereza militar y adquiriendo una sutil calidez que hizo que el niño ensanchara la mirada—. Parece que tu nueva mamá tiene mejores estrategias de entrenamiento que las mías.

Theo miró a su padre, asombrado por el elogio, y luego abrazó la pierna de Alissa con fuerza. Cédric avanzó lentamente por la nieve, deteniéndose frente a su esposa. La miró fijamente, con los ojos azules suavizados por una profunda gratitud y un respeto que iba mucho más allá del contrato.

—Mañana... dejaremos que tú dirijas la primera mitad del entrenamiento, Duquesa —admitió Cédric en voz baja, una sonrisa imperceptible pero real asomándose en sus labios—. Al norte le hace falta aprender a jugar.

Alissa le devolvió la mirada, sintiendo que, tras esa pequeña batalla en el patio, otra gran capa de hielo se había derretido en el corazón del duque.

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Anya Forger
siiii y yo, quiero ser su elegida...💕😅🙈Bueno ya se que no se puede, pero que tenga un amor bonito, 😄
Anya Forger
A exigir? Bueno denle su audiencia el próximo año, va
Anya Forger
Ah caray, mi distinguida autora, desconozco porque le han dicho semejante insulto, sin embargo yo estoy tan emocionada con la trama de la lectura, que no he salido a mirar los v
comentarios, en este caso vamos, en lo que a mí respecta ignoraré, esas aportaciones inútiles 😄 usted ni se aflija, continuemos porque ha llegado Lady Elene, dejen le voy a dar su bienvenida jijijiji
Anya Forger
Ah super inteligentes, 💕además están consolidando su hogar
Anya Forger
bueno pues Zas! cáigase con el plan, pues
Anya Forger
Pos en primera, mi bien amado príncipe... Pa' que invitó a la duquesa a la dichosa, fiestecita del té ☕🫖, osea bueno son obligaciones, que tal que no invitaba a la ex incómoda o cásela por orden real, y a que se iba a otro reino, y que en las clausulas, se impide llevarse al Duquesito
Anya Forger
Que bonito
Anya Forger
Es lo que iba a preguntar, el niño, no tendrá frío, hambre y luego... Ay que bonito!
Anya Forger
Excelente, No te calles nada, duquesa, cierra fila y haz frente común con tu marido
Anya Forger
Ex... excuñada, no existe la esposa se acabó el parentesco... Pero rápido contéstale, sofoca su patético intento de humillarte
Anya Forger
uhhhh era contestar, no fulminarla... jijiji
Anya Forger
Se me hace que su palacio tendrá otro tipo de frío... Pero que igual puede congelar ❄️☃️
Anya Forger
Y lo estará, pero con cariño
Anya Forger
Que bonita escena, tan militar y familiar
Anya Forger
Siiiii así se hace Alissa, primero contacto visual, luego sus manitas y luego ya el juego
Anya Forger
Concuerdo contigo Alissa
Anya Forger
Uh yo que ella tomo la espada, y órale retas a tu esposo y le imprimes humor cuando te toca con la espada, haces que te ríes, te caes exagerando para reír y así de firma lúdica, se aprende muy fácil, mira el toque de la espada debe ser así sino no le atinas a oponente, etc
Anya Forger
¡Ayyyy, gritos, gritos! muero de amor💕 amo al niño
Anya Forger
¿Porqué se Abanicaban? 😳 pos luego que no estamos en el mero frío? ☃️❄️🌨️
daya murillo
hermosa historia escritora👏
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