NovelToon NovelToon
La Reina del CEO Loco

La Reina del CEO Loco

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Equilibrio De Poder / Juego de roles
Popularitas:107.6k
Nilai: 4.6
nombre de autor: Irin_Kokh

Tras años de haber estado perdida, Valentina Rojas aparece misteriosamente en la estación de policía asegurando que apenas recordó quien era. Ante esto sus tíos, quienes se habían quedado con toda la fortuna de sus padres, la buscan, pero solo para ser el reemplazo de su hija en un matrimonio acordado con los Alcorta, ya que todos saben que Dante Alcorta, su futuro esposo, se había vuelto loco después de un accidente.
Valentina acepta el matrimonio y al llegar a la mansión lo primero que hace es descubrir que en realidad Dante no está loco como todos creen y que todo se trata de una conspiración para apoderarse de toda la herencia Alcorta, pero valentina no permitirá esto, porque lo que nadie sabe, es que Valentina desde un inicio tenía planeado aceptar ese matrimonio y su regreso no fue una coincidencia. ¿Quién es realmente Valentina? ¿Por qué acepto el matrimonio con Dante?

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

Capítulo 9

Zorra Ártica y los parientes

—No te pases —repitió Sofía, con los ojos desorbitados.

Valenntina sopló una pelusa inexistente de sus uñas.

—Si yo quisiera abusar de vos, ¿qué podrías hacer?

El mundo siempre había sido así con gente como Sofía: si no caían de una vez, volvían a morder.

—¡Perra!

Sofía levantó la mano para pegarle.

Valenntina le atrapó la muñeca y, con esa misma mano, le dio varias cachetadas seguidas.

La cara dolía.

La mano también.

Lo peor era la humillación de golpearse a sí misma.

Camila quiso intervenir.

—Valenntina, basta. Es de los Sanmartín. Ni los Alcorta...

—¿Querés cumplir por ella?

Camila cerró la boca.

Valenntina volvió a Sofía.

—¿Si yo perdía, me perdonabas por ser esposa de Dante? No. Ibas a decir que mi marido estaba loco y que nadie me respaldaba. Entonces no me pidas piedad por tu apellido.

Sofía lloró de rabia.

—Aunque sea... que gatee ella por mí.

Señaló a Camila.

Camila saltó.

—¡La apuesta la hiciste vos!

—Qué linda amistad —dijo Valenntina—. Pero Camila es mi prima. No voy a dejar que mi familia de origen pase vergüenza por vos, ¿no?

Camila entendió tarde.

—Lo hiciste a propósito. Querés que Sofía me odie.

Valenntina ni le contestó.

Empujó a Sofía al piso.

—¿Gateás o no? No tengo tanta paciencia.

Sofía terminó gateando hasta la entrada de LL, llorando, con celulares grabando. Apenas cruzó el local, se levantó y salió corriendo.

Camila huyó detrás, dejando una amenaza floja:

—Esto no termina acá.

Para ella, sí empezaba otro problema: Sofía ya le había cargado la cuenta.

Rocío abrazaba la bolsa de venta como si fuera un diploma.

—Madre mía... Usted es tremenda.

—Guardame bien la compra. Y cobrá tu comisión.

Valenntina compró bastante más ese día. Ropa, zapatos, básicos, lo necesario para dejar de depender de las sobras de Graciela o de la falsa generosidad de Patricia.

Al volver a la mansión, encontró a Dante en una reposera mirando el atardecer, tan paciente que daba sospecha.

—Qué obediente.

Él había pasado el día en videollamadas. Apenas seguridad avisó que ella entraba por el portón, cerró la notebook y se tiró en la reposera.

—Descansé mucho.

—Mentiroso.

Valenntina dejó las bolsas sobre el banco al pie de la cama y fue a lavarse la cara.

Dante ya sabía por Ramiro lo ocurrido en LL. No le importaba si eso molestaba a los Sanmartín. Le daba curiosidad qué prenda había hecho pelear a Valenntina como una gata orgullosa.

Vio la bolsa de LL.

No recordaba qué vendía LL.

La levantó.

Valenntina salió del baño.

—¿Qué hacés tocando mis cosas?

Dante se sobresaltó. La bolsa cayó. El corpiño negro, con forma de mariposa y piedras azules, aterrizó sobre su pantufla.

El silencio se volvió raro.

—Buscaba... un regalo.

—Claro. Tropezaste con un corpiño de medio millón. Pasa todos los días.

Valenntina también estaba incómoda, pero jamás iba a admitirlo. Recogió la prenda y caminó al vestidor.

Dante, suicida, soltó una risa baja.

—Es lindo. Valía la pena pelearlo.

Valenntina se frenó.

—Dormí en tu sofá, Dante.

Esa noche, al cerrar los ojos, Dante vio la prenda negra.

Y después, en sueños, la vio puesta en Valenntina.

El sueño cambió de golpe.

Ya no había encaje negro ni sonrisa de Valenntina.

Había mar.

Sal.

Disparos.

Cinco años atrás, el barco donde viajaba Dante fue tomado por hombres armados en aguas extranjeras. Sus custodios murieron uno tras otro. Él quedó con sangre ajena en la camisa y la certeza seca de que iba a morir.

Entonces apareció ella.

Uniforme de combate. Cara cubierta con pintura de camuflaje. Un arma en las manos. Detrás, un equipo entero que obedecía sus gestos sin que ella alzara la voz.

No gastaba balas de más.

No gastaba palabras.

Cuando todo terminó, lo miró con esa sonrisa insolente que él nunca pudo olvidar.

—¿Viniste con tres custodios a esta zona? ¿Sabés lo peligrosa que es o el instinto de supervivencia te vino decorativo?

Por ser compatriota, aceptó escoltarlo hasta una ruta segura.

Fueron tres días.

Dante quiso pagarle. Ella se rio.

—No todo se compra, Alcorta. Qué tragedia para vos.

A veces le preguntaba por Argentina. Por Buenos Aires. Por comidas simples. Por calles que no veía hacía años. Decía que extrañaba, pero no volvía.

—Si querés volver, volvés —le dijo él una noche.

Ella miró el mar oscuro.

—Defender la casa también es quedarse lejos de ella.

Dante sintió respeto antes que deseo.

Nunca supo su nombre real. Tampoco edad, familia, país exacto de operación.

Solo un alias.

Zorra Ártica.

Al tercer día, cuando el barco tocó puerto, él giró para buscarla.

Ya no estaba.

Como si el mar se la hubiera tragado.

Dante despertó en el sofá cama con el pecho apretado. Cinco años buscándola. Viajes, contactos, recompensas. Nada. Ni una foto.

Una voz lo arrancó del recuerdo.

Valenntina se retorcía en la cama.

—Sacame... tengo miedo...

De día era feroz. De noche, esa fragilidad aparecía sin permiso.

Dante recordó la patada de la mañana anterior. Esta vez dejó el celular grabando sobre la mesa, por pura supervivencia.

—Valenntina —susurró—. Estoy acá.

Ella lo abrazó como a una tabla en medio del agua.

—Llevame...

Él la sostuvo con cuidado.

—No te suelto.

A la mañana siguiente, otra patada lo tiró al piso.

—¡Dante Alcorta, sos un hipócrita!

—Tengo pruebas —dijo él, levantando el celular antes de que volara una almohada.

Valenntina vio el video. Él no había hecho nada. Solo la había sostenido.

La furia bajó apenas.

—Borrá eso.

Dante lo borró delante de ella.

—No vuelvas a filmarme.

—No vuelvas a acusarme sin pruebas.

—¿Me estás negociando?

—Estoy intentando sobrevivir a mi matrimonio.

Valenntina quiso seguir enojada, pero se le escapó una risa.

En Rosario, Camila llegó llorando a la casa Rojas esa misma noche.

Graciela la abrazó, furiosa.

—Ese pedazo de ingrata se atrevió a hacerte eso. Mañana voy a la casa Alcorta y le arranco la cara.

Héctor escuchó otra cosa.

—¿Dijiste que Dante Alcorta se recuperó?

Graciela frenó.

—Eso. ¿Cómo se recuperó? Un loco no se cura así.

—Ramiro Vera dijo que estaba recuperándose —respondió Camila—. Pero quién sabe. Capaz lo inventaron. Capaz Valenntina se arregló con ese gerente para humillarnos.

Graciela apretó la boca.

—O quizá es una última mejora antes de morirse. A mí me dijeron que no duraba.

Héctor pensó largo.

Si Dante estaba bien, la oportunidad era enorme. Valenntina se había convertido en puente hacia una familia que podía salvarlo de todos sus problemas.

—Mañana vamos a Buenos Aires —decidió—. Soy su tío. Ahora también soy familia política de los Alcorta. Si Dante despertó, hay que aprovechar. Y vos —miró a Camila—, nada de gritos. Tratá bien a tu prima.

Al día siguiente, Patricia salía de la mansión cuando vio un auto desconocido en la entrada.

Los guardias iban a avisar.

Ella los frenó.

—¿La familia política? ¿Y todavía preguntan? Abran.

No necesitaba saber mucho. Con una mirada le alcanzó para entender que esa gente venía a pedir, molestar o ambas cosas. Perfecto. Si Dante cuidaba tanto a su esposa pobre, que viera también a sus parientes.

Incluso le escribió a Ricardo para que volviera.

1
Maria Gonzalez Gonzalez
pinches viejas ponzoñosas 🤔😡😡😡
Maria Gonzalez Gonzalez
ay David que no entiendes que NO es NO🤔🤔
Shirley Quesada
y yo estoy emparejando a Milena con Jorge
Piedad Quintana
😳😳😳😳
Piedad Quintana
😂😂esto si que me hizo reír 😂😂
Maria Gonzalez Gonzalez
hasta yo llore de la regañada del abuelito Lorenzo, eso quiere decir que está bien el viejito loco 🤔😃😂😂😂
paula andrea perez noreña
Pobre Dante 🤣🤣
Yareni Ahumada
.
paula andrea perez noreña
🤦‍♀️
Lennys Ariannys
es muy buena, de principio a fin, la disfrute al máximo, tiene de todo comedia romance acción, de todo... los personajes excelentes las interacciones muy buenas.../Angry//Angry//Angry//Angry/
Maria Gonzalez Gonzalez
que bonito detalle lo de las rosas ❤️❤️😍
Maria Gonzalez Gonzalez
es difícil no tener por todo lo que pasó Valenn a todo lo que se enfrenta 🤔😃😍😍
Patty Zenemij
excelente me encantó saludos y bendiciones 🙏🙏
paula andrea perez noreña
🤣🤣🤣
DJM 💜
😣😭😭😭😢😢
H. Parra
ja🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
H. Parra
cómo te quedó el ojo? 😂🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣👏👏👏👏
Maria Gonzalez Gonzalez
bueno ella solita se lo buscó y el rey ni la defenderá
Maria Gonzalez Gonzalez
jajajaja pobre su "amiguito" no aguanto la presión 😍😃😂😂😂
Maria Gonzalez Gonzalez
jajajaja bien lo dice el dicho " Dios los hace y ellos se juntan" jajajaja jajajaja
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play