Ella renace decidida a cambiar su futuro, sin perder su sonrisa.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Ducado Dempster 2
El primer año de Amber en el ducado Dempster pasó más rápido de lo que alguna vez imaginó.
Ya no era “la nueva”.
Ya no era “la chica de la academia”.
Ahora… era parte del funcionamiento del lugar.
Sabía quién hacía qué, dónde fallaban los sistemas, qué detalles nadie más veía. Se movía con naturalidad, con esa mezcla de precisión y energía que la había definido desde el inicio.
Y, por primera vez desde que llegó a ese mundo…
Había planeado algo solo para ella.
Vacaciones.
—No puedo creer que realmente vaya a descansar —murmuró mientras cerraba su maleta.
Había organizado todo.
Dejado instrucciones.
Delegado tareas.
Incluso Rebecca, entre una cosa y otra, le había insistido..
—Ve. Te lo mereces.
Amber había sonreído.
—Volveré en unos días.
Todo estaba listo.
Todo…
excepto una cosa.
Al principio fue sutil.
Demasiado fácil de ignorar.
Rebecca llegaba un poco más tarde de lo normal.
Se veía… cansada.
—¿Durmió bien? —preguntó Amber una mañana, intentando sonar casual.
—Sí —respondió Rebecca, ya revisando documentos—. Solo fue una noche larga.
Amber no insistió.
Pero observó.
[ese duque no deja a nuestra duquesa descansar en las noches]
Y los días siguientes… no mejoraron.
Ojos ligeramente apagados.
Pequeños momentos de desconexión.
Una mano apoyándose más de lo normal en la mesa.
[esto no es normal]
Una tarde, mientras Rebecca organizaba sus notas médicas, Amber habló con más claridad.
—Lady Rebecca… debería descansar.
—Lo haré —respondió sin levantar la vista.
—No, en serio.
Rebecca suspiró.
—Amber, estoy bien.
Pero Amber no estaba convencida.
Porque había aprendido algo en ese lugar..
Rebecca siempre decía que estaba bien.
Incluso cuando no lo estaba.
La noche antes de su partida, Amber se quedó mirando su maleta.
Lista.
Perfecta.
Esperando.
Pero su mente… no estaba ahí.
[algo no esta bien]
Recordó la mirada cansada de Rebecca esa mañana.
Cómo había tardado un segundo más en responder.
Cómo había evitado el tema.
Amber apretó los labios.
[No quiero meterme donde no me llaman…]
Caminó un poco por la habitación.
[Pero tampoco puedo ignorarlo]
Se detuvo.
Cerró los ojos un instante.
[no quiero traicionar su confianza]
Porque Rebecca confiaba en ella.
La había traído.
Le había dado un lugar.
Y ahora… Amber estaba considerando hablar a sus espaldas.
[pero si me equivoco…]
Negó levemente.
[Y si no me equivoco…]
El pensamiento fue suficiente.
A la mañana siguiente, en lugar de irse… Amber tocó la puerta del despacho del duque.
—Adelante.
Entró.
Raphael estaba de pie, revisando unos documentos. Ya no era el hombre distante que había conocido al inicio… pero seguía siendo alguien difícil de leer.
Amber respiró hondo.
—Su excelencia… ¿puedo hablar con usted?
Él dejó lo que estaba haciendo.
—Habla.
Amber dudó.
Solo un segundo.
—Es sobre la duquesa.
El silencio cayó de inmediato.
Más denso.
Más serio.
Amber bajó un poco la voz.
—No creo que esté bien.
No exageró.
No adornó.
Solo dijo la verdad.
—Por las mañanas… se ve débil. Más de lo normal.
Raphael no la interrumpió.
No reaccionó de forma visible.
Pero algo en su postura cambió.
—Sé que ella es doctora.. Y sé que siempre dice que está bien…
Sus manos se tensaron ligeramente.
—Pero… no lo parece.
El silencio se alargó.
Amber sintió el peso de lo que acababa de hacer.
[ya está.. solo espero que mi jefa no me odie.. ya lo dije.. No puedo retirarlo]
Finalmente, el duque habló.
—…entiendo.
Nada más.
Ni sorpresa.
Ni enojo.
Solo eso.
Pero no era poco.
Amber bajó la mirada un segundo.
—Lo siento si me estoy entrometiendo.
—No.
La respuesta fue inmediata.
Amber levantó la vista.
—Hiciste bien.
Un pequeño alivio se instaló en su pecho.
—Tenías vacaciones ¿No te ibas hoy?
Amber dudó.
—Sí… pero…
—No te vayas aún.
La frase fue firme.
No como orden… pero casi.
—Me encargaré de que mi esposa descanse.. Pero necesitaré ayuda con algunas cosas del ducado.
Amber asintió sin pensarlo.
—Por supuesto.
—Recibirás un bono por estos días extra.
Amber parpadeó, sorprendida.
—No es necesario..
—Lo es.. Tu tiempo vale.
Amber sonrió levemente.
—Gracias.
Entonces, Raphael añadió, con un tono que no dejaba espacio a duda..
—Llama a un mago.
Amber entendió de inmediato.
No era una sugerencia.
Era una decisión.
—Sí, su excelencia.
No perdió tiempo.
En cuanto salió, fue directo a su escritorio.
Tomó papel.
Pluma.
Y comenzó a escribir.
Rápido.
Preciso.
Formal.
Dirigido al templo.
[esto ya no es solo cansancio]
Selló la carta.
La entregó.
—Envíen esto de inmediato.
—Sí, señorita Amber.
Cuando finalmente se quedó sola… exhaló.
Lentamente.
Miró su maleta, aún lista en su habitación.
Y luego desvió la mirada.
[las vacaciones pueden esperar]
Porque algo mucho más importante… acababa de empezar.
Amber no dudó.
En cuanto envió la carta al templo, cambió de ritmo por completo.
—Cancelen esto.
—¿Señorita?
—Todo —respondió, ya revisando la agenda de Rebecca—. Consultas, reuniones, visitas. Reprogramen o deriven con otros médicos.
Los asistentes se miraron entre sí, sorprendidos.
—Pero la duquesa…
—La duquesa va a descansar —dijo Amber con una calma firme que no dejaba espacio a discusión.
Su tono no era duro.
Era claro.
Y suficiente.
—Sí, señorita Amber.
En menos de una hora, lo que antes era una agenda imposible… quedó vacío.
Un silencio inusual cayó sobre las actividades de Rebecca.
Un silencio necesario.
Amber estaba terminando de dar las últimas indicaciones cuando el duque apareció.
Su presencia siempre era silenciosa… pero imposible de ignorar.
—Ya está hecho —dijo Amber sin rodeos.
—Bien.
No hubo elogios.
No los necesitaba.
Pero luego él añadió, con total naturalidad..
—He secuestrado a mi esposa.
Amber se quedó quieta.
Parpadeó.
Una vez.
—…¿perdón?
—Para que descanse —aclaró él, como si fuera lo más lógico del mundo.
Amber lo miró unos segundos.
Evaluando si hablaba en serio.
—…está hablando en serio.
—Cuando llegue el mago.. manda a avisarme.. Ellos sabrán dónde estamos.
Amber asintió lentamente.
—Entendido.
Y aunque por dentro tenía muchas preguntas… decidió no hacer ninguna.
[Confío en que tiene un plan… aunque suene un poco extremo.]
No pasaron ni unos minutos cuando el caos… o algo muy cercano a eso… apareció en el pasillo principal.
Amber levantó la vista.
Y lo vio.
El duque.
Cargando a Rebecca en brazos.
Literalmente.
Rebecca estaba claramente… consciente.
Y no precisamente en silencio.
—¡Raphael, bájame! —decía entre risas, intentando mantener algo de dignidad—. ¡Estoy perfectamente bien!
—No.
Respuesta simple.
Directa.
Irrefutable.
Amber se quedó observando la escena, completamente inmóvil.
[esto es nuevo]
Rebecca lo miraba, entre frustrada y divertida.
—¡La gente está mirando!
—Que miren.
—¡No puedes simplemente… secuestrarme en medio del día!
—Puedo.
Y lo estaba haciendo.
Sin la más mínima duda.
Amber tuvo que morderse el labio para no reír.
[definitivamente ver esto no estaba en el manual de trabajo]
Rebecca giró la cabeza y vio a Amber.
—¡Amber! ¡Dile algo!
Amber parpadeó.
Un segundo.
Dos.
Y luego… inclinó ligeramente la cabeza.
—Su excelencia tiene razón.
Silencio.
Rebecca la miró, incrédula.
—¿Perdón?
Amber mantuvo una expresión completamente profesional… aunque sus ojos brillaban con un toque de diversión.
—La duquesa necesita descanso.
—¡Traición! ¡Esto es una conspiración!
—Correcto —añadió el duque, sin ningún tipo de vergüenza—. Y está funcionando.
Amber bajó la mirada un segundo, ocultando una sonrisa.
[me gusta cómo piensa]
Rebecca suspiró, pero no dejó de sonreír.
—Esto es absurdo…
—Y necesario.
El duque no se detuvo.
Siguió caminando con paso firme, como si cargar a su esposa por todo el ducado fuera una actividad perfectamente normal.
Rebecca, aunque seguía protestando, ya no se resistía realmente.
—Solo… avísame cuando esto termine —murmuró.
—Cuando hayas descansado.
—Eso puede tomar días.
—Entonces serán días.
Amber observó cómo se alejaban.
La escena… extraña.
Cómica.
Pero también… extrañamente cálida.
[la quiere mucho]
Y eso… la tranquilizó.
Cuando desaparecieron por el pasillo, Amber exhaló lentamente.
—Bien.
Volvió a su postura habitual.
A su rol.
—Cuando llegue el mago… mandar a buscarlos con los guardias. Mantener la agenda despejada. Y asegurarse de que nadie moleste a la duquesa.
Todo volvió a moverse.
Pero de una forma distinta.
Más enfocada.
Más cuidada.
Unos minutos después, Amber se quedó sola por un instante.
Y entonces… sonrió.
[definitivamente no me aburriré aquí]
Miró hacia el pasillo por donde habían desaparecido.
—Pero si eso es lo que necesita para descansar…
Cruzó los brazos, satisfecha.
—Entonces que el “secuestro” continúe.
Porque, en el fondo… sabía que había tomado la decisión correcta.
Y que, a veces… cuidar a alguien también significaba intervenir a tiempo.
Aunque fuera… de formas poco convencionales.