Ela una chica que era bondadosa y alegre se dará cuenta de que su familia no es lo que parece y perderá su vida . La vida o el destino le dará una oportunidad para hacer las cosas bien.
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Capítulo 15: El Festival Imperial
La capital parecía haber despertado dentro de un sueño.
Banderas color escarlata, azul y dorado adornaban las calles principales. Los comerciantes decoraban sus negocios con flores frescas y cintas brillantes. Músicos ambulantes llenaban las plazas con alegres melodías mientras nobles, comerciantes y viajeros recorrían la ciudad.
Había comenzado el Festival Imperial.
El acontecimiento más importante del año.
Y también uno de los más peligrosos.
Desde una ventana de la mansión Valmont, Ela observaba la ciudad.
Un extraño sentimiento recorría su pecho.
Sabía que algo importante estaba por ocurrir.
En la novela original, aquel festival marcaba el inicio de varias tragedias.
Pero ahora la historia había cambiado tanto que ya no estaba segura de qué podía suceder.
Y eso era precisamente lo que más le preocupaba.
—Estás pensando demasiado.
Ela se giró.
Alexander acababa de entrar.
Vestía un elegante uniforme negro con detalles plateados que resaltaban su figura imponente.
A pesar de los años seguía siendo uno de los hombres más respetados del imperio.
—Buenos días.
—Eso intento.
—¿Nervioso?
—Mucho.
—¿Por el festival?
—Por llevarte al festival.
Ela comenzó a reír.
—Exageras.
—No.
—Un poco.
—Definitivamente no.
Alexander se acercó.
—Escúchame bien.
—Eso nunca termina bien.
—Julian es un problema.
—Lo sé.
—Leonard también.
—Lo sé.
—Y si ambos están juntos...
—Lo sé.
—Entonces ya entiendes mi sufrimiento.
Ela terminó riendo nuevamente.
Una hora después, varios carruajes avanzaban hacia el palacio imperial.
La familia Valmont había sido invitada a la ceremonia de apertura.
Miles de personas se reunían alrededor de la plaza principal.
El ambiente estaba lleno de emoción.
Cuando llegaron, Julian ya los esperaba.
Por supuesto.
Y también estaba haciendo algo sospechoso.
—¿Qué estás haciendo?
—Nada.
—Julian.
—Absolutamente nada.
Diana apareció detrás de él.
—Está apostando.
—¡Traición!
—Lo estabas haciendo.
—Eso no significa que debías contarlo.
Alexander comenzó a sentir dolor de cabeza.
La ceremonia inició poco después.
El emperador apareció en el balcón principal acompañado por la familia imperial.
Los asistentes guardaron silencio.
El anciano gobernante pronunció un discurso sobre unidad, prosperidad y futuro.
La mayoría escuchó atentamente.
Julian bostezó tres veces.
Diana lo golpeó discretamente con un abanico.
Después comenzaron las actividades.
Torneos.
Competencias.
Espectáculos.
Exhibiciones militares.
La ciudad entera parecía una celebración gigantesca.
—¡Evelina!
Ela escuchó una voz conocida.
Leonard apareció corriendo.
—Tengo una excelente noticia.
—Eso me preocupa.
—Habrá una competencia de tiro con arco.
—¿Y?
—Julian apostó que puede ganar.
—¿Y?
—Nunca ha tocado un arco en su vida.
Ela comenzó a reír.
—Eso explica muchas cosas.
Minutos después encontraron a Julian.
Efectivamente sostenía un arco.
Al revés.
—Creo que estás sujetándolo mal.
—Es una técnica avanzada.
—Vas a herir a alguien.
—Eso también es posible.
Diana cubrió su rostro con ambas manos.
Cedric observaba la escena desde cierta distancia.
Y por primera vez en mucho tiempo parecía divertido.
La competencia terminó exactamente como todos esperaban.
Julian perdió.
De manera espectacular.
—He sido víctima de una conspiración.
—La gravedad no es una conspiración —respondió Diana.
—Eso es lo que quiere que creas.
Mientras todos reían, Ela sintió un extraño dolor de cabeza.
Un recuerdo apareció de repente.
Fragmentos.
Imágenes.
Voces.
Una mujer llorando.
Un incendio.
Una torre derrumbándose.
Y una voz desconocida.
"Corre."
Ela se llevó una mano a la cabeza.
—¿Evelina?
Cedric fue el primero en acercarse.
—¿Te encuentras bien?
—Sí...
Pero no estaba segura.
Aquello no pertenecía a la novela.
Era algo diferente.
Algo nuevo.
La sensación desapareció tan rápido como había llegado.
Sin embargo, dejó una inquietud profunda.
Porque cada vez estaba más convencida de algo.
La novela que leyó jamás contó toda la verdad.
Aquella noche tendría lugar el gran baile del festival.
Y mientras nobles de todo el imperio se preparaban para celebrar, una figura encapuchada observaba el palacio desde un edificio cercano.
—Todo está listo.
La voz apenas fue un susurro.
Otro hombre apareció detrás.
—¿Comenzamos esta noche?
—Sí.
—¿Y el objetivo?
Una sonrisa apareció bajo la capucha.
—Evelina Valmont.
Muy cerca, sin saberlo, la protagonista de aquella historia estaba a punto de convertirse nuevamente en el centro de una conspiración.
Y esta vez...
El enemigo se encontraba mucho más cerca de lo que imaginaba.