Sophia Clarkson, 17, heredera de Luna Plateada.
Kael Drevon, 24, rey de reyes de Colmillo Negro.
No se conocen. Pero el hilo los encontró.
A 600 kilómetros, ella se quema las manos para no correr hacia él.
Él apoya la frente en vidrio frío para no decir su nombre.
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*Si tocan mi casa*
Hola buenas noches. Disculpen que estuve perdida unos días, me siento mal, estoy enferma pero bueno. ya les pongo algunos capítulos. Disculpen y espero que sigan. disfrutando.
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Despierto antes del sol y el pecho me arde. De rabia.
Los Alfa sanamos rápido. A veces quisiera que doliera. Que me recuerde que soy de carne. Pero no. La piel se cierra y yo sigo de pie. Como si nada.
Me miro en el espejo de acero. La cara limpia. El pelo trenzado pegado al cráneo. Sin nada suelto. Sin nada que me delate. Los ojos no son de nena. No hace falta decir cuántos inviernos pasaron para que sean así.
El agua helada me despierta. Me quema la piel. Me obliga a estar acá, en este cuerpo, en esta mañana. El hilo bajo las costillas tira al norte. Constante. Sordo.
*Me visto despacio. Como si fuera a misa.*
La túnica negra pesa. La cota pesa más. La coraza con el lobo de Luna Plateada pesa más todavía. No por el cuero. Por lo que significa. Si me matan con esto puesto, que sepan a qué manada tocaron. Que sepan quién defiende esta tierra.
El brazal me aprietan las muñecas. Metal frío contra hueso. Mis manos están limpias. Cerradas.
Cecilia, la curandera. Está en la sala, junto al fuego. Vieja, flaca, manos que curan y ojos que ven demasiado. Me mira un segundo.
"No dormiste" dice. No es pregunta. Es sentencia.
"No" respondo. No miento.
"Kael no es de piedra" dice bajito, solo para mí. "Es hielo. Si él se rompe, vos te apagás. Si vos te apagás, él se vuelve bestia."
Asiento. Lo sé mejor que nadie. Por eso no me puedo romper. Por eso no me puedo equivocar.
Afuera se escucha. Primero lejos. Después cerca. Pasos. Voces que no son de acá. Órdenes secas. Alguien rompió el perímetro de Luna Plateada como si no haya nadie. Como si esta fuera su casa. Como si yo no existiera.
Cecilia se me pone delante un segundo. Me toca la muñeca con dedos fríos.
"Son de Cenizas" susurra.
En mi casa. Me río.
Abro la puerta y el frío me pega en la cara como golpe. Nieve hasta los tobillos. Cruje bajo mis botas. Huele a limpio. Todavía. Por ahora. Por unos minutos más.
Bajo los escalones. No corro. Los Clarkson no corremos. Caminamos. Y cuando caminamos, la gente se muere. Mi padre me enseñó eso sin palabras. Me enseñó con el peso de su mano en mi hombro y el silencio después de cada batalla.
Capas negras hasta el piso. Marcas rojas en el hombro. Caballos negros que soplan vapor.
Me miran y uno escupe en la nieve y se ríe.
"Miren, una nena con armadura de juguete."
Nena. Me dicen nena. En mi tierra. Con el lobo de mi padre quemado en el pecho. Con la daga de mi madre en la mano.
Saco la daga. El filo suena al salir de la vaina. Bonito. Limpio. El último sonido bonito que van a escuchar. Después solo va a haber ruido. Ruido de carne, de hueso, de gente que deja de respirar.
El primero viene gritando, espada en alto, creyendo que me da miedo. Se equivoca. Me corro un paso, la coraza chilla contra su espada y le rompo la muñeca con el brazal. El crujido me llega al alma. Grita tarde, cuando ya es tarde. Mi daga ya está en su cuello. Siento la piel abrirse, la resistencia, y después nada. La sangre caliente me salta a la cara. Salada. Con olor a hierro. Me da alivio. Alivio porque es mi casa. Se arrodilla escupiendo burbujas y cae de cara en la nieve. La nieve deja de ser blanca. Se vuelve sopa roja. Empieza a derretirse alrededor de su boca.
No miro. No hay tiempo para mirar. El segundo viene por atrás. La cota aguanta el tajo. El metal vibra contra mi espalda. Giro y le clavo la daga por la mandíbula hasta el ojo. No tiene cara cuando cae. No hace ruido. Mejor. No quiero escuchar. No quiero recordar sonidos esta noche cuando cierre los ojos.
"¡Es la heredera de los Clarkson!" grita uno. Y los que quedan se me vienen encima todos juntos. Idiotas. Creen que en grupo me ganan. No saben con quién se meten. No saben lo que es una Clarkson defendiendo su tierra. No saben lo que pesa un lobo en el pecho.
El tercero corre derecho, como toro. Le meto la rodilla donde más duele y mientras se dobla con las manos entre las piernas le hundo la daga en la espalda, abajo de las costillas. Busco el punto blando. Lo encuentro. Vomita sangre sobre mis botas. Caliente. Espesa. Me salpica la cara. Se cae encima del primero y los dos se hacen un solo charco rojo. Dos cuerpos, un solo muerto. Así de rápido.
El cuarto me alcanza el hombro con la espada. La coraza se rompe un poco pero mi piel ya está cerrando abajo. No me detengo. Le rompo la nariz con el brazal hasta que queda hecha papilla y antes de que entienda que no puede respirar le abro la garganta. El sonido que hace cuando se ahoga... me da satisfacción. Me da bronca. ¿Cómo se atreven a venir acá a hacer ruido? ¿Cómo se atreven a tocar mi puerta y esperar salir vivos?
El quinto me agarra por atrás. Me aprieta fuerte. Cree que soy flaca. Cree que no tengo fuerza. Le clavo la daga en el muslo hasta que choca con el hueso y le abro la panza de un lado al otro. Las tripas se le caen al piso con humo. Mierda, sangre, miedo.
Satisfacción
El sexto me tira una lanza desde lejos. La parto con el brazal y astillas me cortan la cara. Arde y cae sangre. Le clavo la daga abajo del brazo y le abro el pecho hasta que veo el corazón. Late dos veces y se apaga. Dos veces. Como si dijera adiós. Como si pidiera perdón. No se lo doy.
El séptimo y el octavo se me vienen juntos. Uno alto, uno bajo. Me tiro al piso y la nieve fría me quema la cara. Le corto los tendones de las rodillas al séptimo y cuando cae gritando le paso la daga por el cuello. El octavo me patea las costillas. Me saca el aire pero no me detengo. Soy la heredera. Le agarro el pie cuando patea de nuevo y se lo tuerzo hasta escuchar cómo cruje tres veces. Cuando se desploma le meto la daga por la boca hasta el cerebro. Deja de patalear. Deja de existir. Deja de ser problema.
Quedan cinco y ya se les nota el miedo en la cara. Sudor frío pese al hielo. Manos que tiemblan. Uno tira la espada y se arrodilla en la nieve roja.
"Por favor... tengo hijos..." dice. Voz rota.
Lo miro. De verdad lo miro. Y me da bronca. Me dan ganas de creerle. Me dan ganas de ser la que no mata. Pero no. No acá. No en mi casa. No después de que rompieron mi perímetro. No después de que me llamaron nena en mi nieve.
"Yo también tengo manada" le digo. Voz ronca por el frío. "Y la tocaste."
Le clavo la daga en el pecho, busco el corazón entre las costillas y lo giro. Sus ojos se ponen vidriosos. Aliviados.
Quedan cuatro y ya no atacan juntos. El miedo los separó. Uno intenta abrazarme por atrás otra vez. Le clavo la daga en la pierna hasta el hueso y le abro la panza. Las tripas le caen y el vapor me pega en la cara. Caliente. Huelo a muerte ahora. Huelo a lo que soy cuando tocan mi casa. Huelo a Clarkson.
Otro me va al cuello con la espada. La coraza aguanta. Le rompo la nariz y le clavo la daga por la nuca hasta que deja de moverse. El cuerpo pesa cuando cae. Pesa más muerto que vivo. Siempre pesa más.
El anteúltimo sale corriendo. Me da la espalda. Cobarde. Le tiro la daga. Vuela diez metros y se le clava entre los hombros. Cae de cara. Muerto antes de tocar nieve. Que muera como cobarde. Que sepa que huir no sirve en tierra Clarkson. Que sepa que de acá no sale nadie que entró a matar.
Queda uno. El último. Tira la lanza y se queda quieto. Temblando. Ya sabe que llegó tarde para arrepentirse. Ya sabe que Luna Plateada no perdona invasores.
Camino hasta él. La nieve roja me chupa las botas. Huele a cobre y a mierda. Huelo a eso también ahora. Me paro frente a él. Él es más grande que yo. Y tiembla como niño frente a su madre. Frente a su verdugo.
Alzo la daga. Despacio. Le paso el filo por la garganta de oreja a oreja. La piel se abre fácil, como tela vieja. La sangre sale a borbotones, caliente, y me baña las manos. Tarda ocho segundos en caer. Los cuento. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis. Siete. Ocho. Doce en total. Doce hombres que entraron riéndose a Luna Plateada. Doce que no van a salir.
Silencio. Solo viento. Solo mi respiración agitada. Solo el goteo de mi daga en la nieve.
JALÓN. EXPULSA. JALÓN. EXPULSA. Como me enseñó mi padre. Controla el aire. Pero nadie me enseñó a controlar las ganas de más. Nadie me enseñó a controlar el asco que me da mi propia mano manchada de rojo. Nadie me enseñó a controlar la rabia que me quema el pecho.
Miro alrededor. Doce cuerpos tirados como bolsas de basura. La nieve ya no es nieve. Es barro espeso, rojo oscuro, con pedazos que no quiero identificar. Las paredes salpicadas hasta arriba. Mi coraza goteando. Mi daga goteando. Mis botas rojas hasta el tobillo. Por abajo del cuero mi piel está limpia. Cerrada. Sin cortes. Sin sangre mía. Mato y sigo sana. Mato y sigo de pie. A veces eso da más miedo que morir. A veces desearía sangrar yo también.
Arriba, en el escalón, Cecilia baja con seis guerreros. Pisan despacio. Se quedan quietos a tres metros. Me miran. A mí. Bañada en sangre ajena hasta el pelo. Temblando. No de frío. De rabia que todavía no se me fue del cuerpo. De orgullo que me quema las venas. De todo junto. De ser humana y Heredera Alfa al mismo tiempo.
Nadie dice nada. ¿Qué van a decir? ¿"Bien hecho"? ¿"Estás bien"? No estoy bien. Maté a doce hombres. Pero tampoco estoy rota. Y eso es peor. Eso me asusta más que ellos. Que pueda hacer esto y seguir de pie.
Levanto la cara al norte. El hilo bajo las costillas tira fuerte. Alguien allá sintió todo. Sintió la rabia. Sintió el deseo de más. Sintió que Luna Plateada no se toca. Sintió que su pareja no pide permiso para matar.
No soy una nena con armadura de juguete.
Soy Sophia Clarkson. Heredera al trono. Hija de Luna Plateada. Y si tocan mi manada, los entierro a todos.
Sana. De pie. Temblando de bronca. Lista.
voy a estar subiendo capitulos día por medio. así tengo tiempo de planificar y crear. espero que le guste. estaba haciendo otra novela. pero no me convencio, asiq espero que está si puedan disfrutar. muchas gracias y cualquier cosa que quieran decirme bienvenido sea❤️❤️❤️❤️🥰🥰🥰🥰