NovelToon NovelToon
Secretos Y Pecados.

Secretos Y Pecados.

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Reencuentro / Amor-odio / Mundo de fantasía / Amor a primera vista / Romance
Popularitas:324
Nilai: 5
nombre de autor: Estefaniavv

Tres casi hermanos, una finca cargada de sombras y un destino que se escribe en la sangre. Sofía, una científica brillante cuya única pasión es un laboratorio que la aísla del mundo; Julián, un hombre de un temperamento volcánico que oculta un poder devastador; y Esmeralda, la calma necesaria en medio de la tormenta familiar. En un lugar donde la tierra parece estar viva, los tres se verán arrastrados por deseos prohibidos y amores que desafían su lógica, mientras el misterio científico de su legado amenaza con consumirlos a todos.

NovelToon tiene autorización de Estefaniavv para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: Esmeralda

A veces, el silencio no es una ausencia de sonido, sino un refugio. Me observo en el espejo antes de salir y veo lo que todos ven: una chica de diecinueve años, de cabellera rubia que cae en ondas disciplinadas, piel de porcelana y facciones que mamá define como "angelicales". Pero detrás de esta cara perfilada y mis elecciones de ropa sobria, hay un mundo que nadie se molesta en cartografiar. Me cohíbo, lo sé. Hay un límite interno, una valla invisible que yo misma he construido y que me impide ser esa mujer explosiva y espontánea que parece ser el estándar en la familia Videla.

Me molesta que me llamen "la frágil Esmeralda". No soy de cristal, simplemente tengo gustos que no encajan con la estridencia de mi edad. Mientras mis primas y hermanos se pierden en el caos de sus pasiones o en la rigidez de sus ambiciones, yo encuentro la paz en la estructura de una hoja o en el ciclo de vida de un hongo. Vivo acompañada, rodeada de una familia numerosa y vibrante, pero me siento profundamente sola.

Mis padres, Verónica y Damian, me aman, no tengo duda de ello. Pero viven en sus propios universos. Mamá está volcada en su fundación para niños huérfanos en las afueras de la ciudad, un proyecto noble que a veces la consume.

Papá, aunque dice que llevo la naturaleza en la sangre, no terminó de comprender por qué elegí estudiar Botánica. Esperaban que fuera abogada o que me uniera a la gestión administrativa de la hacienda, pero mi pulso solo se acelera cuando descubro una especie que no ha sido catalogada en nuestros mapas.

A diferencia de Sofía y Julián, que tienen ese código secreto entre hermanos, o de Gabriela y Esteban, que son un torbellino de complicidad, yo no tengo ese "compinche". Soy el satélite que orbita alrededor de sus dramas. Sofía está demasiado enfocada en sus isótopos y el litio para notar que existo, y los otros tres... bueno, ellos son un caos fascinante pero agotador.

Hoy, aprovechando que aún me quedan tres meses de vacaciones antes de volver a la universidad, decidí que necesitaba aire. Ensillé a Azabache, mi caballo de confianza, y me dirigí hacia las zonas menos transitadas de la hacienda. Mi objetivo era simple: identificar la flora de un sector boscoso que siempre me ha parecido intrigante. El calor del hogar es reconfortante, pero la humedad del bosque es mi verdadera casa.

Cabalgar por estas tierras es como leer un libro antiguo. Identificaba especies a medida que avanzaba: helechos arborescentes, orquídeas salvajes ocultas en la sombra de los samanes. Me adentré en una zona donde el follaje se cerraba sobre mi cabeza como una catedral verde. Estaba llegando a un punto especialmente denso cuando, de la nada, la atmósfera cambió.

Azabache bufó. Sus orejas se plegaron hacia atrás y sus músculos se tensaron como cuerdas de violín. Antes de que pudiera calmarlo, algo —una sombra, un ruido, un olor extraño— lo asustó de muerte. El caballo se levantó sobre sus patas traseras con un relincho de puro terror. No tuve tiempo de reaccionar. El mundo giró violentamente y caí de un solo golpe contra la tierra dura y las raíces expuestas.

—¡Aush! —el grito salió de mis pulmones mientras el aire me abandonaba.

Escuché el galope frenético de Azabache alejándose como alma que lleva el diablo. Me quedé allí, tendida sobre un manto de hojas secas, sintiendo cómo el dolor irradiaba desde mi cadera hacia toda mi espalda. Genial. Sola, herida y a kilómetros de la casa principal. Me quedé inmóvil un momento, no solo por el dolor, sino alerta. ¿Qué había asustado al animal? El bosque estaba inusualmente silencioso ahora.

Justo cuando reunía valor para intentar incorporarme, el crujido de unas ramas rompió la quietud. Mi corazón golpeó contra mis costillas.

—Señorita, disculpe, ¿se encuentra bien? —Una voz masculina, profunda y desconocida, rompió el aire.

Abrí los ojos y lo vi. No era un rostro que hubiera visto antes entre los trabajadores. Tenía una presencia sólida, una calma que contrastaba con mi agitación interna.

—Hola —logré decir, intentando recuperar la dignidad—. Mi caballo se asustó con algo. Estoy esperando a que el dolor disminuya un poco para intentar levantarme.

—¿Me permite ayudarla a reincorporarse? —Se acercó con movimientos lentos, como si no quisiera asustarme a mí también. Sus manos eran grandes, pero cuando me sostuvo, sentí una delicadeza inesperada.

—¿Usted es nuevo por aquí? —pregunté, apoyándome en su brazo mientras lograba ponerme en pie.

—Algo así —respondió con una sonrisa enigmática—. Déjeme llevarla hasta la orilla del río. Está a unos metros. Necesita limpiarse esa tierra y beber un poco de agua. El impacto ha sido fuerte.

Acepté su ayuda. Normalmente soy desconfiada, pero este hombre emanaba una energía que me hacía sentir segura, una especie de confianza instintiva que no suelo otorgar a los desconocidos. Caminamos lentamente hasta el borde del arroyo. El sonido del agua corriendo me ayudó a centrarme.

—Su caballo no debe estar lejos —dijo él, observando el rastro que dejó Azabache—. Mientras descansa aquí y se limpia, daré una vuelta para ver si lo encuentro. No es seguro que camine tanto con ese golpe.

—Es usted muy amable —murmuré, sentándome en una roca lisa—. No quisiera molestarlo, seguro tiene sus propios asuntos.

—No es ninguna molestia, señorita —dijo él antes de desaparecer entre la maleza con la agilidad de alguien que conoce el terreno mejor de lo que admite.

Me quedé sola, mojando mi pañuelo en el agua fría para limpiar las raspaduras de mis brazos. Y bebí un poco, el dolor empezó a ceder más rápido de lo esperado. Al revisar mis piernas, solo noté unas pequeñas equimosis —moratones, como diría cualquier persona normal— que no impedirían mi regreso. Me sumergí en mis pensamientos científicos para distraerme: ¿por qué este hombre parecía tan fuera de lugar y tan en casa al mismo tiempo?

Cuando las preguntas empezaban a agobiarme, lo vi emerger de los árboles. Traía a Azabache por la rienda, y el animal, curiosamente, caminaba con una mansedumbre que rara vez mostraba ante extraños.

—¡Hola, chico! —exclamé con un alivio genuino, levantándome para acariciar el belfo de mi caballo—. Gracias por volver conmigo.

Miré al desconocido. Él me observaba con una expresión indescifrable, una mezcla de cortesía y curiosidad.

—Muchas gracias —le dije sinceramente—. No sé qué habría hecho si no lo encontraba. Ya puedo irme.

—¿Se siente mejor realmente? —preguntó, evaluando mi postura.

—Perfecta. El agua fría hizo milagros. Gracias por ayudarme.

—Vale, es un placer —respondió él, dando un paso atrás—. Sin embargo, le sugiero que al llegar se haga un chequeo rápido. Las caídas de caballo pueden ser engañosas. Un gusto conocerla, señorita.

—Gracias, sería lo más correcto. ¡Nuevamente gracias e igual, un gusto! Que tenga un feliz día.

Me monté en Azabache con cuidado. Inicié el camino de regreso a paso lento, disfrutando de la brisa que secaba el sudor de mi frente. Mi mente, sin embargo, se quedó atrás, en la orilla del río. Repasé el encuentro una y otra vez, analizando su voz, su porte, la forma en que manejó al caballo. Y de repente, un vacío me golpeó en el estómago.

Qué descortesía la mía.Nunca le pregunté su nombre. Yo, la que siempre analiza cada detalle, la que estudia la taxonomía de todo lo vivo, fui muy poco educada.

—Bueno —susurré para mí misma, acariciando el cuello de Azabache—, quizás otro día me lo encuentre. Debe ser un nuevo trabajador de las tierras.

Pero en el fondo de mi corazón, sabía que un hombre con esa presencia no era simplemente un trabajador más. Había algo en él que no encajaba con el paisaje, pero que, de alguna manera, lo completaba perfectamente.

Esmeralda 23 años

1
Estefaniavv
🥰🥰👏
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play