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Amor Hasta El Último Aliento

Amor Hasta El Último Aliento

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Amor eterno / Completas
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: maite lucía

Si me hubieran dicho que conocer y amar a ese hombre me llevaría hasta la muerte… aun así lo elegiría, una y mil veces, hasta mi último aliento.

NovelToon tiene autorización de maite lucía para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23

Pasaron los días, y luego las semanas, convirtiéndose en un mes que pareció durar un siglo para Alejandra. Desde que decidió alejarse de Francis y cerrar esa puerta que tantas ilusiones le había abierto y luego destrozado, se había propuesto seguir adelante con su vida al pie de la letra.

No quería ser la mujer rota que se queda encerrada llorando por un hombre que no supo valorarla ni decirle la verdad. Así que se enfocó al cien por ciento en su trabajo en la sucursal bancaria.

Se desempeñaba de maravilla, casi de manera sobrenatural. Cada expediente que revisaba, cada cliente que atendía, cada decisión que tomaba era impecable. Demostraba con hechos que era una profesional de primera, no solo por haber sido la novia de nadie, ni por el apellido o las conexiones.

Su talento era suyo, y eso se lo estaba demostrando a sí misma y a todos los que la rodeaban. Sin embargo, por más que su mente estaba ocupada y su voluntad era de acero, el cuerpo humano es sabio, y a veces habla antes que la mente, enviando señales que no se pueden ignorar por mucho tiempo.

Hacía ya varios días que Alejandra se sentía un poco extraña. Al principio, como es lógico, pensó que era por el estrés acumulado, por la tristeza que intentaba esconder bajo una sonrisa profesional, por los nervios de empezar de cero. Pero las señales empezaron a ser muy claras, muy insistentes, y su intuición, esa voz interna que nunca falla, le empezó a susurrar que algo más estaba ocurriendo.

Todo comenzó con náuseas por las mañanas. Al principio eran leves, casi imperceptibles, pero pronto se volvieron intensas, especialmente al cepillarse los dientes o al oler ciertos alimentos que antes le encantaban. El simple aroma del café que tanto le gustaba ahora le revolvía el estómago.

Luego vinieron los mareos repentinos, una sensación de pesadez en todo el cuerpo y un sueño excesivo que la vencía a cualquier hora. Se cansaba con facilidad; subir dos pisos por las escaleras, algo que antes hacía corriendo, ahora la dejaba sin aliento.

Y lo más evidente, lo que no podía ser explicado por el estrés o la tristeza: su ciclo menstrual se había retrasado ya bastante tiempo, mucho más de lo que le había ocurrido nunca, incluso en las épocas más difíciles de su vida.

Un día, estaba en la oficina, sentada frente a su escritorio revisando unos contratos importantes, cuando sintió una debilidad repentina que le recorrió las piernas y el torso, como si alguien le hubiera quitado el suelo de debajo. La obligó a sentarse rápidamente, agarrándose con fuerza al borde del mueble para no caer. Su rostro perdió el color, volviéndose pálido como la cera.

—¿Te pasa algo, Alejandra? —le preguntó Maritza, su compañera de trabajo, que estaba pasando por ahí y se detuvo al verla, con el rostro lleno de preocupación—. Estás blanca como el papel. ¿Quieres que te traiga agua o llamo al médico?

—No... no, es nada... solo que me sentí un poco mal del estómago de repente —respondió ella, poniéndose instintivamente una mano sobre el vientre, un gesto automático, casi protector, que ni siquiera ella comprendió en ese momento—. Ya se me pasa, seguro fue algo que comí ayer.

Maritza se fue no muy convencida, y Alejandra se quedó allí, respirando hondo, intentando calmar el zumbido que tenía en los oídos. Y entonces, como un rayo que cayera del cielo en medio de un día soleado, la idea cruzó su mente con una fuerza aterradora, paralizándola por completo: "¿Y si estoy embarazada?".

Se quedó helada en su asiento. El corazón le empezó a latir a mil por hora, tan fuerte que escuchaba sus propios latidos en los oídos. Su mente viajó atrás en el tiempo, recordando esos días de pasión loca, de amor intenso y ciego que vivió con Francis.

Recordó los momentos en los que, ciegos como estaban por lo que sentían, o por lo que ella creía que sentían, no siempre tomaban precauciones. Confianza, eso era lo que ella había puesto, o mejor dicho, mentira. Todo había sido una mentira construida sobre la base de que él era libre, cuando en realidad estaba atado a Isabel.

—No... no puede ser... no ahora... no de él... —murmuró ella, y su voz se quebró, mientras sus manos empezaban a temblar sin control.

Esa tarde no pudo trabajar concentrada ni un solo minuto más. Su cabeza daba vueltas y vueltas, un torbellino de pensamientos contradictorios. Si era verdad... si llevaba un hijo suyo en el vientre... todo se complicaba de una manera inimaginable. Francis estaba casado.

Francis le había mentido durante todo el tiempo que estuvieron juntos. Francis le había hecho daño y la había dejado con el corazón roto. Francis ya no era nada en su vida, o al menos eso intentaba decirse a sí misma todos los días... pero un hijo... un hijo sería el lazo eterno que los uniría para siempre, más fuerte que cualquier divorcio, más fuerte que cualquier odio o distancia.

Salió temprano del trabajo, diciendo que aún se sentía mal, y fue directo a la farmacia más alejada de su zona, para no ser vista por nadie que la conociera.

Compró varias pruebas de embarazo de distintas marcas, escondiéndolas bien en el fondo de su bolso, entre papeles y objetos personales, sintiéndose nerviosa como una criminal que está a punto de cometer un delito, aunque lo único que había hecho había sido amar con demasiada intensidad.

Llegó corriendo a su apartamento, cerrando la puerta con doble cerrojo, con el corazón en la boca y el miedo instalado en cada rincón de su ser.

Entró al baño y cerró también esa puerta, creando un pequeño mundo aislado donde solo estaba ella y la verdad que estaba a punto de revelarse. Hizo la prueba siguiendo las instrucciones al pie de la letra, con manos temblorosas que apenas podían sostener el pequeño dispositivo. Y luego vino la espera.

Esos minutos que parecieron eternos, interminables, se sentaron con ella en el borde de la taza del baño.

Lloraba en silencio, con la mano en la boca para que nadie la escuchara, rezando pidiendo a Dios que no fuera cierto, que fuera solo un susto, un desajuste hormonal... pero al mismo tiempo, una parte muy profunda de su ser, esa que albergaba el instinto de mujer, rezaba pidiendo que sí lo fuera, que esa pequeña vida existiera. No sabía ni lo que quería, estaba perdida entre el miedo y la esperanza.

Y entonces levantó la vista y vio el resultado.

POSITIVO.

Las dos rayitas rojas marcadas con claridad, inconfundibles. No había margen de error, no había dudas posibles. Estaba embarazada. Esperaba un hijo de Francis.

Alejandra soltó la prueba como si quemara, y se deslizó hasta el suelo frío del baño, llorando desconsoladamente.

Era una mezcla de sentimientos explosivos, una tormenta dentro de su pecho: miedo a lo que vendría, incertidumbre sobre su futuro, tristeza por la situación en la que se encontraba... pero también, muy en el fondo, escondida entre todas esas emociones dolorosas, había una pequeña, diminuta chispa de algo parecido a la alegría y al instinto maternal que despertaba de golpe.

Esa vida que crecía dentro de ella era parte de ella, y a pesar de quién fuera el padre, era suya.

—Mi bebé... —susurró, y al hablar su voz sonó suave, diferente, mientras levantaba la mano y se tocaba el vientre con una ternura infinita, casi sagrada—. Estás aquí... tú y yo contra el mundo... lo prometo.

Pero la realidad golpeó fuerte poco después, como una ola que se lleva todo a su paso. ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Cómo iba a sacar adelante a un hijo sola? ¿Cómo se lo iba a explicar a su familia, a su hermano Javier que ya estaba furioso por lo que Francis le había hecho? ¿Cómo iba a enfrentar a la sociedad, a los comentarios? Y lo más difícil de todo, la pregunta que le dolía más en el alma: ¿Tenía la obligación de decírselo a Francis?

Por un lado, odiaba a ese hombre con toda su alma. Le había arruinado la vida, le había robado su inocencia y su confianza, la había engañado y la había dejado llorando en el suelo. Sentía que no merecía saber nada de ella ni de lo que fuera suyo. Pero por otro lado, ese niño también era de él.

Biológicamente, legalmente, moralmente... ¿tenía derecho a saber? ¿O acaso al mentirle y engañarla había perdido cualquier derecho sobre ella y sobre lo que viniera? Y si se lo decía, ¿qué pasaría? ¿Y si usaba al bebé para manipularla otra vez? ¿Y si intentaba quitárselo? Y lo que le daba más pánico:

¿Y si Isabel se enteraba? Sabía quién era Isabel, o al menos tenía una idea de su poder y su carácter. Si esa mujer se enteraba de que existía un hijo de Francis fuera de su matrimonio, era capaz de cualquier cosa, de hacer daño, de usar la ley, de la violencia.

Tenía el mundo cayéndole encima otra vez, sentía que el destino se ensañaba con ella. Pero esta vez no estaba sola del todo. Ahora llevaba una vida dentro de ella que dependía de su fuerza, de sus decisiones y de su protección. Ese pensamiento fue el que le dio el valor para secarse las lágrimas y levantar la vista.

—No voy a dejarte solo, mi amor —le dijo, acariciándose el vientre con determinación, mientras se levantaba poco a poco del suelo—. Aunque tu padre sea un cobarde y un mentiroso, aunque el mundo entero se ponga en nuestra contra, yo voy a ser fuerte por los dos. Vamos a salir de esto, te lo prometo. Nosotros somos más fuertes que todas sus mentiras.

Sabía, sin embargo, que la tormenta no hacía más que empezar. Esa pequeña prueba de embarazo había cambiado el destino de todos, y la noticia iba a remover los cimientos de la vida de Francis, de Isabel, de su familia y de la suya propia para siempre.

...****************...

Mientras Alejandra luchaba con su nueva realidad, a kilómetros de distancia, la vida de sus amigos y seres queridos también seguía su curso, con sus propias alegrías y dificultades.

Tomás y Lucía estaban en una etapa hermosa de su relación. Se habían mudado juntos hace poco, y aunque al principio los muebles no encajaban, los horarios chocaban y las costumbres de cada uno parecían de mundos diferentes, el amor que se tenían era el pegamento que lo unía todo. Esa tarde, llegaron cansados del trabajo, pero al verse en la puerta de su casa, el cansancio se transformó en ganas.

—Te extrañé todo el día —dijo Tomás, acercándose a ella y rodeándola con sus brazos, atrayéndola hacia su pecho.

—Y yo a ti —respondió Lucía, levantando la cara para besarlo, un beso que empezó suave y pronto se llenó de pasión—. Aunque te aviso que hoy cocino yo, porque lo que hiciste ayer casi nos manda al hospital —bromeó ella, riendo.

—Oye, fue un experimento culinario, ¡tienes que apoyar la creatividad! —él se defendió, mordiéndole suavemente el lóbulo de la oreja, lo que hizo que Lucía soltara una risita temblorosa.

Se dejaron llevar, entre risas y caricias, demostrándose que a pesar de los problemas cotidianos, de las facturas que pagar o los días malos, su relación era un refugio. Hubo momentos de intimidad, de esos donde el mundo se detiene y solo existen ellos dos, donde se prometen sin palabras que siempre van a intentar mejorar, a entenderse, a escucharse.

Sabían que no eran perfectos, que a veces discutían por tonterías, pero cada discusión terminaba en un abrazo y en la promesa de hacerlo mejor al día siguiente.

Algo parecido vivían Marcos y Rosa. Ellos ya llevaban más tiempo juntos, con una relación más asentada pero que requería igual de cuidados. Marcos, que era un hombre de pocas palabras pero de hechos grandes, había tenido un problema importante en su puesto, unas cuentas que no cuadraban y una traición de un compañero en el que confiaba.

Había estado estresado, distante, y eso había generado tensión en casa. Pero Rosa no era mujer que se rindiera. Esa noche, mientras él estaba sentado en el sofá con la mirada perdida y el ceño fruncido, ella se sentó a su lado y le tomó la mano.

—Marcos, mi vida, no puedes cargar con todo tú solo —le dijo suavemente—. Estamos juntos en esto. Si el trabajo va mal, buscamos soluciones. Si hay que empezar de cero, empezamos. Pero no te alejes de mí, eso es lo que más me duele.

Marcos miró a su novia, y la dureza de su mirada se ablandó, llenándose de culpa y de amor.

—Perdóname, mi cielo. Es que siento que te he fallado, que no te estoy dando la estabilidad que te prometí.

—Tú me das amor, y eso es lo único que necesito —ella se acomodó en su regazo, abrazándolo del cuello—. Juntos hemos superado cosas peores. Recuerda que somos un equipo.

Y entonces, entre palabras de aliento y miradas que lo decían todo, la pasión también surgió, como una forma de sanación, de recordarse que su unión era más fuerte que cualquier problema económico o laboral. Se amaron con ternura y con fuego, prometiéndose que sin importar lo que viniera, siempre se tendrían el uno al otro.

Pero no todo era amor y armonía en todos los ámbitos. Mientras Alejandra descubría su maternidad y las otras parejas fortalecían sus lazos, Isabel, la esposa de Francis, estaba lejos, disfrutando de lo que ella consideraba su libertad.

Continuará ✨

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mere sanchez
buenisima, me tiene atrapada
Michica Omegavers: Gracias por su comentario significa mucho para mí 🥰
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Myriam ValRoc
Después de sufrir, enfadarme pasar por un sube y baja de emociones, quedé conmovida con tu novela.
Felicidades escritora. Una novela con matices que hacen cada capítulo interesante.
Michica Omegavers: Muchas gracias Myriam por tus palabras 💖 Me alegra mucho saber que la historia logró emocionarte 🥰
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Myriam ValRoc
Y con todo lo que puede hacer, cómo no pone detectives que también tengan vigilada a esa mujer o bien contratar un hacker para pincharle el telefóno para saber los movimientos de ella y así atraparla o hacer una conferencia a los medios y así dejarla en evidencia???? Tantas cosas que se pueden hacer...en fin. Es una novela ☺️
Michica Omegavers: Tu idea es muy buena 🤭
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Myriam ValRoc
Qué miserable tipo, le daba aún un voto de confianza en que lucharía por su amor...pero ya eligió. Ni modo se merece lo que le suceda. Lo triste es que arrastrará a la otra pobre.
Myriam ValRoc
El Francis decepciona, sólo es un títere e inútil. No pone a vigilar a la tipa también, si tanto quiere regresar con Alejandra y que lo perdone, primero hay que buscar cualquier prueba que le pueda ayudar a separarse de Isabel.
Michica Omegavers: Claro que si pero más adelante 🥰
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Myriam ValRoc
Así es, afrontar su estupidez, por lo menos para despedirse le hubiera dicho lo que le dijo la esposa sobre la amenaza y decirle que cómo la ama, la dejará para que no le hagan daño o bien buscar alternativas para poder separarse de Isabel. Claro si es que realmente está dispuesto a vivir sin lujos y enfrentar todo lo que se le quitaría si se divorcia. Ahí se comprobará su amor o su ambición.
Myriam ValRoc
Mmm qué fácil se deja manipular.
Debería de ponerse al tú por tú con Isabel y no dejarse amedrentar.
Al final será un cobarde que vivirá con amargura por no saber defender sus ideales y su amor.
Myriam ValRoc
No, fuiste tú con tus mentiras. Hazte responsable del gran daño que causaste.
Myriam ValRoc
Vaya amigo, puedo entender que no quiera involucrarse en ese problema, aunque también debería de ser honesto y contar qué aunque Francis actuó de manera cobarde, realmente ama a Alejandra. Abogar un poco para que hablen.
Myriam ValRoc
El dolor de la traición es muy fuerte.
Debería dejar pasar unos días y reflexionar sobre sus sentimientos. Y si el amor por ella misma le da el valor de escucharlo, que sobre eso decida qué elige.
Michica Omegavers
Gracias me alegra mucho que te haya gustado.Tu comentario significa mucho
Jenny Jimenez
Pobre Alejandra que no valla a perder su bebé que se valla lejos de esa mujer mala
Michica Omegavers: Más adelante vas a saber que pasará 🥰
total 1 replies
María Ramona Escobar
Hermosa novela, 😭
Jenny Jimenez
Que bueno que ella fue firme en su decisión eso me gustó aunque esta sufriendo mucho
Jenny Jimenez
Por favor suba más capitulo esta maravillosa su novela
𝓔𝓻𝓲𝓲𝓲 𝓑𝓸𝓰𝓭𝓪𝓷𝓸𝓿𝓪⚔
😆💕
𝓔𝓻𝓲𝓲𝓲 𝓑𝓸𝓰𝓭𝓪𝓷𝓸𝓿𝓪⚔
quisiera ser tan guapa como tus personajes 😭
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