⚠️🔞🚫La Trampa de la Dulzura.
Christopher es impecable. Cocina para Tayler, lo cuida durante sus celos y lo defiende. Tayler se enamora perdidamente. Sin embargo, detrás de cámaras, el alfa está destruyendo las rutas de suministro del padre de Tayler y manipulándolo para que confiese secretos de la organización "sin querer". El maltrato aquí es la mentira: Christopher desprecia la inocencia de Tayler, viéndola como una debilidad de la sangre de un asesino. CONTIENE MALTRATO EMOCIONAL.🚫🔞⚠️
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Disfruta de tu sueño mientras dure
Un mes después de la noche en que el invierno reclamó la carne, el veredicto médico resonó en las paredes de la fortaleza como un eco de victoria. Tayler estaba encinta. En su vientre, una pequeña chispa de vida, el heredero de un imperio construido sobre cadáveres, comenzaba a crecer, alimentándose de la poca energía que le quedaba al omega.
Christopher estaba transformado. La noticia del cachorro había despertado en él un instinto de protección alfa que rozaba la locura. Ya no era solo el carcelero o el vengador; ahora era el guardián. Había llenado la habitación de Tayler con las frutas más frescas traídas por avión desde el sur, con mantas de la lana más suave y con el aroma a nieve y pino más calmado que podía producir.
-Come, Tayler.- Dijo, sentado al borde de la cama, sosteniendo una cuchara con caldo nutritivo -Tienes que hacerlo por él. Por nuestro hijo.-
Tayler estaba recostado contra las almohadas, viéndose más pálido que nunca. Sus ojos, que el mafioso esperaba ver brillar con el instinto maternal del omega, estaban más muertos que antes. Miró la cuchara y luego a su esposo con una indiferencia que helaba la sangre.
-No tengo hambre.- Respondió Tayler. Su voz era un susurro seco.
-No es una pregunta, es una orden.- Siseó Christopher, aunque sus ojos mostraban una desesperación que intentaba ocultar -El médico dice que estás perdiendo peso. Si tú no comes, él no sobrevive.-
Tayler soltó una risa pequeña, un sonido carente de alegría que hizo que Christopher se tensara.
-Ese es el punto, ¿no es así? Tú mataste a todo lo que yo amaba. Verónica, Roman, mi libertad… incluso al hombre que creía que eras. Y ahora quieres que yo alimente la única cosa que te daría felicidad.-
Tayler bajó la mirada a su vientre, todavía plano, y puso una mano sobre él. No fue una caricia de cariño, sino una de posesión absoluta.
-Este niño está en mi cuerpo. Es lo único que todavía no puedes controlar con tus armas o tus hombres. Si yo decido marchitarme, él se marchará conmigo. Es mi última libertad.-
Christopher sintió que el vínculo de la marca vibraba con una nota de crueldad que no esperaba de Tayler. La "pequeña violeta" había aprendido a usar el veneno.
-¡No te atrevas!- El mafioso tomó a Tayler por las muñecas, apretando con fuerza, pero Tayler ni siquiera parpadeó -No dejaré que lo mates. Te alimentaré por sonda si es necesario. Te mantendré encadenado a esta cama hasta que nazca.-
-Hazlo- desafió Tayler -Átame. Muéstrale a tu hijo, desde el vientre, qué clase de monstruo es su padre. Enséñale que su madre es una esclava y que él es solo un trofeo.-
Christopher soltó las muñecas de Tayler como si quemaran. Se levantó y caminó hacia el ventanal, mirando la nieve eterna. El maltrato emocional había cambiado de bando. Ahora era el omega quien torturaba al mafioso con el silencio y la autodestrucción. Chao, por primera vez, intentó usar el afecto real, o lo que él creía que era afecto.
Regresó a la cama y, con una lentitud que buscaba no asustar, metió la mano bajo la túnica de Lian para tocar su vientre. Tayler se tensó, un escalofrío de asco recorriendo su columna, pero no se alejó.
-Siente esto.- Susurró, dejando que sus feromonas de alfa rodearan al omega en un intento de calmarlo -Es nuestra sangre. Es la oportunidad de empezar de nuevo. Olvidemos el pasado. Olvidemos a los Michelle, a la isla… Construiremos un mundo solo para nosotros tres aquí.-
Christopher comenzó a acariciar la piel suave del abdomen de Tayler, sus dedos trazando círculos lentos. El contacto, que en otra situación sería tierno, se sentía como una profanación para el joven. El mafioso se inclinó y besó la marca en el cuello de su esposo, aspirando su aroma neutro, suplicando en silencio una respuesta biológica que no llegaba.
-Te daré lo que quieras.- Prometió contra su piel -¿Quieres flores de verdad? Traeré un invernadero entero. ¿Quieres música? Traeré a los mejores músicos. Pero por favor… cuida de él.-
Tayler cerró los ojos. En la oscuridad de su mente, le habló a la pequeña vida que crecía dentro de él. No te preocupes, pequeño, pensó con una amargura infinita. Nunca dejaré que seas como él. Antes de que abras los ojos y veas este infierno, nos iremos a un lugar donde la nieve no pueda alcanzarnos.
-¿Me oyes?- Insistió , desesperado por el silencio -¿Qué quieres?-
Tayler abrió los ojos y lo miró fijamente.
-Quiero que Verónica y Roman vuelvan a la vida. Quiero que mi padre no sea un asesino. Quiero que tú no existas.-
Christopher retrocedió, su rostro endureciéndose. El arrepentimiento tóxico se convirtió de nuevo en furia.
-Ellos están muertos. Y yo soy lo único que tienes. Si no vas a comer por las buenas, lo harás por las malas.-
Christopher llamó a los guardias y ordenó que un equipo médico se instalara permanentemente en la habitación contigua. Tayler sería monitoreado cada segundo. Cada caloría sería contabilizada. La jaula de oro se convirtió en un hospital de alta seguridad.
Esa noche, mientras Christopher dormía abrazado a la cintura de Tayler, protegiendo el vientre que contenía su futuro, el omega se quedó mirando la luna. Su cuerpo estaba siendo alimentado a la fuerza, su piel era acariciada por el hombre que odiaba, y su hijo crecía en un nido de espinas.
Tayler sabía que el mafioso no se rendiría. Pero Chan no entendía que un omega que ya lo ha perdido todo no tiene miedo a la oscuridad.
-Duerme, alfa.- Susurró al viento que golpeaba el cristal -Disfruta de tu sueño mientras dure. Porque el hijo que tanto esperas será la mano que finalmente cierre tus ojos para siempre.-