Jessica trabaja como secretaria en una empresa de comida enlatada. Su vida es rutinaria, predecible… segura.
Aquella mañana, como cualquier otra, estaba en el comedor desayunando junto a sus compañeros, ajena a lo que estaba a punto de ocurrir.
Entonces, un escándalo estalló en la recepción.
Gritos. Golpes. Algo no estaba bien.
Movida por la curiosidad, Jessica se acercó con los demás, sin imaginar que ese sería el último momento de normalidad en sus vidas.
Porque lo que vieron… no era humano.
Ese día, el mundo cambió.
Y nadie estaba preparado para sobrevivir.
NovelToon tiene autorización de Ruczca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 10
El silencio se extendió unos segundos más, pesado, incómodo… hasta que Enrique finalmente habló.
—Yo iré —dijo con firmeza—. ¿Quién se ofrece como voluntario?
Sus palabras quedaron suspendidas en el aire.
Nadie respondió de inmediato.
Podía sentir el miedo en todos… ese mismo miedo que también me apretaba el pecho.
Pero entonces Omar dio un paso al frente.
—Yo también iré.
Enrique sonrió levemente, como si ya lo esperara.
—Sabía que podía contar contigo. Gracias, Omar.
Los observé a ambos.
Yo también debería ir…
El pensamiento apareció con claridad, aunque mi cuerpo no dejaba de recordarme el miedo que sentía.
Aun así, reuní valor.
Iba a hablar.
Pero Omar se adelantó.
—Jackson debería venir con nosotros.
Mi atención se desvió de inmediato hacia él.
Jackson se tensó.
—¿Eh…? ¿Yo? —respondió, confundido—. ¿Por qué?
Omar lo miró con esa expresión suya, fría, calculadora.
—Hay muchos de esos muertos… en los pisos inferiores. Tu habilidad en combate es única. Nos sería de mucha utilidad.
El ambiente cambió.
No fue brusco… pero sí evidente.
Las miradas comenzaron a dirigirse hacia Jackson de otra forma.
No como a un compañero.
Sino como a algo más.
Jackson bajó la mirada, claramente incómodo.
—Yo… no puedo…
Su voz era débil.
Insegura.
Sentí un nudo en el estómago.
Omar tenía razón… su ayuda podría marcar la diferencia.
Pero aun así…
no me gustaba.
No me gustaba cómo lo estaban viendo.
Como si fuera un arma.
Como si no importara lo que él quisiera.
Iba a intervenir.
Pero Enrique habló primero.
—Omar tiene razón, Jackson. Nos vendría bien tu ayuda.
Jackson dudó.
—Pero eso significaría que él tendría que…
Enrique frunció el ceño y lo interrumpió.
—Si no bajamos… no tendremos comida.
Sus palabras fueron directas.
Frías.
Inevitables.
Sentí que la situación se estaba saliendo de control.
Esto no está bien…
Iba a decir algo.
Pero entonces—
Jackson levantó la cabeza.
Y algo en su expresión cambió.
Sus ojos se endurecieron.
Su postura se tensó.
—Detén la mierda.
Su voz ya no era la misma.
Fue más baja.
Más pesada.
Más peligrosa.
Antes de que alguien pudiera reaccionar, bajó ligeramente los brazos… y de sus mangas cayeron los cuchillos, deslizándose con precisión hasta sus manos, como si siempre hubieran estado ahí.
En un solo movimiento—
desapareció de donde estaba.
Y apareció frente a Enrique.
Todo fue tan rápido que apenas pude procesarlo.
El filo de su cuchillo izquierdo quedó apoyado contra el cuello de Enrique.
Mi respiración se detuvo.
Enrique se quedó inmóvil, sorprendido.
Nadie se movió.
Nadie habló.
Porque todos entendimos lo mismo al mismo tiempo.
Ese…
ya no era Jackson.
La presencia frente a nosotros era otra.
Más fría.
Más peligrosa.
Más… oscura.
Una sonrisa torcida se dibujó en su rostro.
—Parece que tienes muchas ganas de unirte a los muertos… —dijo con un tono casi divertido—. Si quieres, puedo ayudarte con eso.
Sentí un escalofrío recorrerme por completo.
Dos… había regresado.
Enrique no se movió.
Ni un centímetro.
El filo del cuchillo seguía presionando su cuello, tan cerca que bastaba un ligero movimiento para abrirle la piel… pero aun así, se mantuvo firme.
—No te tengo miedo, Dos —dijo, con una seguridad que me hizo contener la respiración—. Lo que necesito es tu ayuda.
El silencio que siguió fue pesado.
Denso.
Como si el aire mismo se hubiera detenido.
Dos dejó escapar una risa baja, suave… pero cargada de algo oscuro.
—¿Ayuda? —repitió, inclinando ligeramente la cabeza, como si la palabra le resultara absurda—. Lo que tú llamas ayuda no es más que pedirme que les despeje el camino… para que luego puedan escabullirse como los cobardes que son.
Sentí cómo algo dentro de mí se tensaba.
No solo por lo que decía…
sino por la forma en que lo decía.
Había verdad en sus palabras.
Y eso dolía más.
Enrique no retrocedió.
No apartó la mirada.
—Te equivocas —respondió—. Nosotros también pelearemos.
Su voz era firme… pero podía percibir el esfuerzo detrás de ella. No era miedo lo que sentía… era responsabilidad. El peso de todos nosotros sobre sus hombros.
Antes de que Dos respondiera, Omar avanzó.
Su paso fue tranquilo.
Controlado.
Como si aquella situación no lo alterara en lo más mínimo.
—Tienes razón —dijo con su tono serio habitual—. Necesitamos una ventaja… y tú eres esa ventaja.
Dos giró lentamente el rostro hacia él.
Lo observó en silencio.
Durante un segundo… dos… tres…
Nadie respiraba.
Y entonces sonrió.
Pero no fue una sonrisa amable.
Fue afilada.
—Eres franco… me agradas.
Luego volvió su atención a Enrique, sin retirar el cuchillo de su cuello.
—No es la verdad más agradable… ¿cierto, Enriquito?
Mi mirada se clavó en Enrique.
Vi cómo una gota de sudor descendía lentamente por su sien.
No dijo nada.
No porque no pudiera…
sino porque sabía que, en el fondo, Dos no estaba completamente equivocado.
Ese silencio…
pesó más que cualquier respuesta.
Dos soltó una risa corta, burlona.
Y entonces—
giró la cabeza hacia mí.
Sentí su mirada antes de verla.
Fría.
Directa.
Ineludible.
Mi cuerpo se tensó de inmediato.
El tiempo pareció ralentizarse.
Vi cómo levantaba el otro cuchillo…
cómo lo giraba con facilidad…
y luego—
me señaló.
Directamente a mí.
—Los ayudaré —dijo con una calma que me heló la sangre—. Pero ella… viene con nosotros.
Mi corazón se detuvo por un instante.
Un escalofrío me recorrió de pies a cabeza, como si algo invisible me hubiera tocado.
—¿Yo…?
Mi voz apenas salió.
Sentí todas las miradas sobre mí.
El peso de ellas.
El juicio.
El miedo.
La sorpresa.
Y algo más…
algo que no supe nombrar.
Enrique reaccionó de inmediato.
—Ni lo pienses.
Su voz fue firme.
Más dura que antes.
Dio un paso hacia adelante, ignorando por completo el cuchillo en su cuello, como si protegerme fuera más importante que su propia vida.
Eso hizo que algo dentro de mí se estremeciera.
Dos no apartó la mirada de mí.
Ni siquiera parpadeó.
solo sonrió más.
Una sonrisa lenta.
Peligrosa.
Como si estuviera disfrutando cada segundo.
—Es mi única condición… —dijo con calma, como si lo que estaba proponiendo fuera lo más natural del mundo—. Tú sabrás si la tomas… o la dejas.
Sus palabras quedaron suspendidas en el aire.
Pesadas.
Irreversibles.
absurdo pelearle a la mujer que básicamente se salvó sola de morir en último minuto.
😒😒
en fin, se creen que la mujer es de hierro.
que goze hasta que se transforme otra vez
es que tonsentia que iba a estar con Jackson alias dos
bello
autora aaaaa necesitamos más capitulos, en qué altar te ponemos ? 🤣🤣🤣
cómo me dejas con semejante evento 🤩🤩🤩🤩🤩
necesito más capitulos esto está intensoooo