Me llamo Dayana Gamez. Y en este libro plasmo los recuerdos de mi vida, cada palabra, cada estrofa, cada párrafo y cada capítulo son las líneas que se fueron escribiendo en mi cuerpo y luego en mis recuerdos.
Sin embargo todos ellos se fueron convirtiendo en raíces convirtiendo mi vida en un gran árbol fuerte.
En un momento sentí que mi vida no valía la pena, pero llegó esa luz que me hizo ver el propósito de mi vida.
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C-24
Capítulo 24
En un momento en medio del forcejeo mi mano callo a un lado golpeándose con algo duro, lo palpe y se trataba de una roca grande, la tomé e instintivamente lo golpeé en su oído.
Ocasionando que me soltará, mientras el se tocaba la parte lastimada, salí corriendo, en la entrada encontré a la novia de Angel con Joiner y sus amigos.
Mi respiración era agitada, no se de donde saqué el valor para correr de esa manera.
Joiner me tomó en sus brazos y alzó mi mentón preguntándome que ocurría y por que había venido sola a este lugar.
Mis lágrimas empezaron a caer aún más rápido de lo que lo hacían y el observo para el lugar de donde yo venía.
Lo abracé y en un susurro le pedí que no fuera que yo no quería que nadie se enterará y estuviesen hablando de mí.
Mi cuerpo temblaba mientras yo le suplicaba no intervenir.
La novia de Angel se burlo diciendo que si había visto un fantasma, que que me tenía así.
La respiración de Joiner se agitó y respiraba forzadamente.
Le respondió a la chica entre dientes que no era una broma, yo no fui criada en el pueblo por ese motivo no estaba acostumbrada a lugares así.
La chica quito su sonrisa y se disculpo por su imprudencia y poca empatia a mi temor.
Joiner me tomó de la mano y me guio a donde estábamos sentados desde que llegamos, me ofreció agua, agarre la botella y me tome toda el agua, de un solo sorbo sin respirar, me sentía seca por dentro, sentía mi cuerpo sucio.
Le pedí a Joiner que por favor quería irme a casa, él no se negó se levantó y dijo que me llevaría a casa.
Sus amigos vieron lo tenso que se encontraba y le preguntaron si todo estaba bien y el respondió que si, que solo le dio dolor de cabeza y me iba a llevar a acostar y el haría lo mismo.
Sus amigos se levantaron y dijeron que nos acompañarían, caminamos a donde estaban mis primos y les dijimos que nos iríamos, ellos dijeron que se quedaban otro rato más.
Caminamos por las calles, yo sentía que era un laberinto inmenso en el cual no encontraba la salida, Joiner se acercó y me preguntó si estaba bien, negué con mi cabeza, sentía nauseas, le dije que nos detuvieramos un instante.
Él me soltó y me dirigí a una cerca de un patio y me fui en vómito, sentía demasiada repulsión en ese instante, Joiner se acercó y me preguntó si me había hecho daño nuevamente.
Estiro su mano y me dio la botella de agua que traía en su mano, le dije que no que había una roca y lo golpeé en la cabeza cerca del oído.
Me ayudo a levantarme, ya que me encontraba agachada me abrazo, se disculpo por no estar a mi lado y descuidarme, le dije que no fue culpa de nadie, tome su mano y volvimos a caminar estábamos a dos cuadras de la casa de mi abuela.
Oscar me preguntó si me sentía bien, le respondí que no, que no estaba acostumbrada a comer mucho dulce y ese día había comido demasiado en la piscina.
Llegamos a casa de mi abuela faltaban veinte minutos para las doce y ella me había dado permiso hasta la una.
Tocamos y ella salió preocupada, preguntando si todo se encontraba bien, yo en el camino me venia preparando mentalmente para las respuestas que le daría.
Caminé a ella le di una sonrisa que la saque de un lugar de donde casi no quedaba nada, dije que estaba bien y nunca me había divertido tanto como ese día, era solo que algo de lo que comí en el transcurso del día me había caído mal y no quería arruinar la noche de los chicos.
Mi abuela sonrió y me abrazo ya tranquila.
Agradeció a Joiner y a los otros chicos por haberme traído a salvo, me despedí de ellos con un beso en la mejilla, el último fue Joiner quien me dijo que en la mañana hablaríamos mejor le dije que estaba de acuerdo.
Ellos se fueron y nosotras entramos a casa, me despedí de mi abuela fui por una pijama y entre al baño, me quite la ropa que traía, prendí la regadera y deje el agua caer en mi cuerpo y las lágrimas empezaron a mezclarse con el agua.
Apreté mis dientes ahogando el grito que quería que saliera a todo pulmón, donde pudiera expresar todo el odio que sentía mi corazón, empecé a sollozar no debía demorar tanto en el baño si no quería levantar sospechas, así que salí con el corazón aún oprimido.
Me puse la pijama con la toalla sequé mi cabello lo más que pude y me fui a la cama, sentía que me faltaba la respiración, que mi corazón dejaría de palpitar en cualquier momento.
Tratando de respirar en algún tramo de la madrugada me quedé dormida.
Al día siguiente la bulla de mi tía pequeña me despertaron, me senté en la cama, y los recuerdos de la noche anterior pasaban por mi mente como en cámara lenta dañando el corazón que había intentado mantener limpio sin odiar a nadie.
Me puse de pies, fui al baño me me lavé los dientes he hice mis necesidades y en el momento que iba a salir del baño sentí algo bajar de mi entrepierna y me revise mi menstruación había llegado, respire fui a la habitación, de mi bolso saqué una toalla y unas muda de ropa, fui al baño nuevamente me quite la pijama, me bañe, luego salí rápido y me vestí.
Cuando salí del baño mi abuela estaba barriendo el patio, la salude y le dije que la ayudaría mi madre estaba ahí sentada la salude y empecé a barrer el patio.
Las escuche hablar de que el pueblo estaba muy peligroso, que cada día habían más muertos bajo las manos de las fuerzas paramilitares que habían en el pueblo.
Mi abuela le comento que ella tenia mucho miedo a eso que estaba sucediendo en el pueblo, así que estuvo hablando con su esposo y habían decidido vender la casa y mudarse para la ciudad.
Mi madre dijo que ella estaba pensando igual, que esperaría que regrasara su marido que se encontraba raspando coca en un pueblo lejano que estaba aún más peligroso que este mismo.
Termine de barrer y me coloque a lavar los platos, mi abuela no quería que lo hiciera, pero al igual empecé hacerlo, mientras ellas seguían hablando.
Mi madre le comentó que a la enfermera que habían matado dos días antes, una persona les había pagado a los paramilitares y la habían matado.
Esa historia que mi madre contaba se taladro en mi ser, ¿entonces había una manera de acabar con una persona en el pueblo? Esa pregunta se instalo en mi mente en ese mismo instante.
Debía preguntar más y averiguar que tanto podría costar eso y con quien se podría hablar.
Me puse a pensar y a ver quien seria la persona idóneo para responder mis inquietudes, pero no encontraba la respuesta.
Cuando de repente se siente una bulla de él lado de afuera de todas las casas alarmando a mi madre y abuela.