NovelToon NovelToon
La Mano En La Sombra. Pimienta Rosa Y Poder

La Mano En La Sombra. Pimienta Rosa Y Poder

Status: En proceso
Genre:Mafia / Omegaverse / Reencarnación
Popularitas:9.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Hanabi Montano

Alessio De Luca compró un esposo omega para que fuera un adorno en su vida de capo, pero esa noche Renato Vieri murió de miedo. En su cuerpo despertó Dante, un alfa estratega que perdió su vida en otro mundo.

Ahora, fingiendo sumisión, Renato usará a Alessio para escalar hasta la cima del hampa. Su plan: ser la mano en la sombra que guíe cada movimiento de su alfa. Pero su verdadera naturaleza empieza a filtrarse en su aroma, lo que debería oler solo a algodón y flor de cerezo comienza a liberar pimienta rosa, un picante que Alessio no puede ignorar.

Entre la atracción de sus feromonas y la admiración por esa mente criminal, el alfa se verá obligado a replantearse todo lo que creía sobre los omegas, el poder y la lealtad. Juntos formarán una alianza letal. Pero cuando la máscara caiga y Alessio descubra que su esposo no es quien dice ser, ¿serán dueños de la ciudad o enemigos mortales?

NovelToon tiene autorización de Hanabi Montano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: La primera emboscada

Tres días después de la cena en casa de Rinaldi, Alessio volvió a necesitar un adorno.

Era la fiesta de cumpleaños de un naviero alemán con el que los De Luca hacían negocios desde hacía una década. Hombres de negocios, esposas enjoyadas, alfas de mediana edad compitiendo por ver quién tenía el puro más caro. Renato se pasó la velada de pie junto a la ventana, con una copa de prosecco que no bebió, sonriendo a desconocidos y sintiendo cómo el vacío de su propio papel le devoraba por dentro.

Alessio apenas lo miró en toda la noche, estaba ocupado cerrando un acuerdo con un griego que olía a sudor y a soberbia. De vez en cuando, su mirada se desviaba hacia Renato, comprobando que seguía allí, que su adorno no se había roto.

Salieron cerca de la medianoche, Alessio tomó el volante, Renato se sentó a su lado, en el copiloto. Detrás, Rocco —el guardia de confianza de Alessio, un alfa de cuello grueso y mandíbula cuadrada que llevaba una década protegiendo a los De Luca— se acomodó en el asiento trasero con la pistola al alcance de la mano. El coche de seguridad que solía seguirlos arrancó con un problema en el motor, Rocco llamó por radio para que enviaran otro, pero aún no llegaba.

Veinte minutos después, Alessio se desvió hacia el arcén, apagó el motor y salió sin decir palabra. Rocco entendió la orden y ocupó el asiento del conductor, Alessio se recostó en el asiento trasero, cerró los ojos y apoyó la cabeza en el reposacabezas.

—Conduce —dijo, con la voz cansada.

Renato, desde el asiento del copiloto, observó el intercambio sin comentar. Un gesto insignificante, un fallo mecánico, una decisión de cansancio.

Los Calabresi planeaban acabar con De Luca esa noche. El resto fue azar.

 

El primer disparo reventó el neumático delantero.

El coche se sacudió con violencia, Rocco maldijo, aferrando el volante, el vehículo derrapó sobre el asfalto, girando sin control hasta estrellarse contra un pino. El impacto lanzó a Alessio contra el asiento delantero, su cabeza golpeó el respaldo con violencia, la sangre le brotó de la ceja. Parpadeó, desorientado, el mundo giraba, oero sus reflejos no desaparecieron.

Sacó la pistola de la sobaquera y abrió la puerta trasera.

—¡A cubierto! —gritó Rocco, saliendo por su lado y arrastrando a Alessio hacia fuera.

Renato salió por el lado del copiloto; las piernas le temblaban, el ruido de los disparos le perforaba los oídos. Olía a pólvora, a gasolina, a resina de pino. Un olor que conocía, el olor de su otra vida.

Agáchate. Busca cobertura. Evalúa.

La voz en su cabeza era fría, precisa, la voz de quince años de experiencia. Rocco había arrastrado a Alessio detrás del coche y disparaba hacia los árboles, los fogonazos iluminaban la noche como relámpagos.

—¿Cuántos son? —preguntó Alessio, con la voz pastosa. Se llevó una mano a la cabeza, la sangre le empapaba los dedos, pero no soltó la pistola.

—No sé —respondió Rocco—. Tres, quizás cuatro.

—Son cuatro —dijo Renato.

Rocco lo miró. Un omega dando información era una pérdida de tiempo.

—Dos en la loma de la derecha —continuó Renato, señalando sin levantar la mano—. Uno detrás de ese coche abandonado en la cuneta. El cuarto se está moviendo hacia nuestra izquierda, entre los árboles, si no lo detenemos, nos flanqueará en menos de un minuto.

Rocco parpadeó, Alessio, a pesar del golpe, levantó la cabeza y miró a Renato. Sus ojos negros, nublados por el dolor, intentaron enfocar.

—¿Cómo sabes eso? —preguntó.

Renato no respondió, su mente ya estaba en otra parte. En el flanco. En la loma. En el rifle.

Alessio se obligó a enfocar, vio un fogonazo en la loma de la derecha., levantó la pistola, disparó dos veces. Se escuchó un grito y un cuerpo rodó ladera abajo.

—Uno menos —murmuró, casi sin sentido. Luego sus ojos se nublaron y tuvo que apoyarse contra la rueda para no caer.

Rocco seguía disparando hacia el coche abandonado, vio un fogonazo desde la chatarra. Disparó. La bala impactó en algo metálico, una maldición desde el otro lado. Herido, pero no muerto. Rocco apretó el gatillo otra vez, pero solo quedaban un par de balas.

—¡El flanqueador! —apremió Renato—. Por la izquierda. ¿Lo ves? Pasó junto al abedul de corteza blanca.

Rocco giró, vio una sombra deslizándose entre los troncos. Apuntó con cuidado, disparó una vez, dos veces. La sombra se desplomó.

—Cayó —dijo Rocco. Apretó el gatillo de nuevo, un clic metálico. Nada.

—¡Mierda! —soltó, mirando la pistola—. Se acabaron.

No llevaba más cargadores, para un trayecto de vuelta a casa, después de una cena tranquila, no los había considerado necesarios. Renato ya lo sabía, su mente había contado los disparos. Quince, el cargador estándar. Vacío.

El rifle. Bajo la rueda de repuesto. En el maletero.

La orden era clara, su instinto la gritaba. Él podía hacerlo, él lo había hecho cientos de veces.

Se dejó caer al suelo, el asfalto estaba frío, áspero. Apoyó las palmas, flexionó los brazos, impulsó las piernas.

Y el cuerpo no respondió.

Los brazos temblaron al recibir su peso, las rodillas rozaron el asfalto con torpeza. Avanzó medio metro, jadeando, los antebrazos le quemaban como si hubiera estado horas haciendo flexiones. El maletero estaba a tres metros; en su otra vida, un parpadeo. Ahora, una distancia insalvable.

En mi otra vida, ya estaría de pie, ya tendría el rifle, ya estaría apuntando. Ahora no puedo ni arrastrarme tres metros.

Apretó los dientes. El sabor a sangre le llenó la boca, la rabia le quemó la garganta.

—¡El rifle! —gritó a Rocco, con la voz rota por el esfuerzo—. ¡Bajo la rueda de repuesto, en el maletero! ¡Tráelo!

Rocco lo miró un segundo, vio al omega en el suelo, temblando, con los ojos brillando de una forma que no entendía. No preguntó, gateó hasta el maletero, apartó la rueda y sacó el arma.

Se apostó junto al coche, rifle en mano.

—En la loma —dijo Renato, con la voz tensa—. El que quedaba se movió, está detrás del segundo pino desde la izquierda. ¿Lo ves?

—No.

—Dispara a la derecha del tronco. Un metro. Allí.

Rocco obedeció. Apuntó. Disparó.

Un grito. Un cuerpo cayó entre los árboles.

—Queda uno —dijo Rocco—. El del coche, está herido, pero sigue allí.

—Espera —dijo Renato.

Sus ojos recorrían el terreno, la chatarra, las sombras. El instinto le decía que el herido no se quedaría quieto. Estaba acorralado, y los animales acorralados atacan o huyen.

—Se va a mover —murmuró—. Por la izquierda del coche, querrá sorprenderte. Aguanta.

Rocco apuntó hacia la chatarra. Los segundos se estiraron.

—Tres —murmuró Renato.

Rocco contuvo la respiración.

—Dos —susurró.

El guardia apretó el gatillo hasta la mitad.

—Uno —dijo en voz baja.

Una sombra brotó de detrás del coche abandonado. Rápida. Desesperada. Rocco disparó. El cuerpo cayó a plomo, con un agujero en el pecho.

Silencio.

 

El tiroteo cesó, el humo flotaba entre los pinos, el olor a pólvora lo impregnaba todo.

Rocco sacó la radio, la pantalla estaba rota, los cristales del impacto la habían destrozado.

—No hay cobertura —dijo, con la voz tensa—. Los muy cabrones nos cortaron.

Renato no respondió, ya lo sabía, los Calabresi no habrían atacado sin aislarlos primero. Alessio seguía en el suelo, apoyado contra la rueda, la sangre le resbalaba por la sien, mezclada con el polvo del asfalto, tenía los ojos entrecerrados, pero miraba. Miraba a Renato.

Ese omega que había comprado para que fuera un adorno, que había intentado suicidarse, que había estado callado y sumiso durante semanas. Ese omega acababa de intentar arrastrarse hacia el maletero como si supiera lo que hacía. Había fracasado y luego había dirigido la defensa como un estratega, había contado los segundos, había anticipado el movimiento del enemigo.

Y ahora estaba en el suelo, temblando, con los ojos brillando de una forma que Alessio no reconocía.

 ———

El coche de refuerzo llegó veinte minutos después. Demasiado tarde, como siempre. Cargaron a Alessio en el asiento trasero, un médico le examinaría la brecha en la mansión. No era grave, solo necesitaba unos puntos y reposo. Renato se sentó a su lado. El cuerpo le dolía, no por heridas, por el esfuerzo absurdo de haberse arrastrado tres metros. Las manos aún le temblaban, el corazón aún galopaba.

Alessio no habló durante el trayecto, pero sus ojos, entrecerrados, se posaban en Renato de vez en cuando. Evaluando. Preguntándose.

Cuando llegaron a la mansión, antes de que los guardias lo ayudaran a bajar, Alessio se volvió hacia él.

—¿Dónde aprendiste eso? ¿Y cómo sabías lo del rifle?

No era una acusación, era una pregunta. Curiosidad. Desconcierto.

Renato sostuvo su mirada un segundo, sus ojos avellana, agotados, no parpadearon.

—He leído mucho —dijo.

Alessio no respondió, algo en esa respuesta no le gustó, y la segunda pregunta seguía sin respuesta. Pero no insistió. Los guardias lo ayudaron a entrar.

Renato se quedó en el coche un momento más.

 

Cuando subió a su habitación, cerró la puerta, apoyó la espalda contra la madera. Las piernas le fallaron, se deslizó hasta el suelo, abrazándose las rodillas. El temblor no cesaba, la rabia, tampoco.

No puedo permitirme esto otra vez. Si hoy hubiera estado solo, estaría muerto. Sé qué hacer, pero este cuerpo... este cuerpo es una jaula.

Levantó las manos, pequeñas, pálidas, débiles. Las cerró en puños, apenas sintió la fuerza.

Tengo que entrenar, tengo que recuperar lo que fui. No será hoy, ni mañana, pero pronto. Y cuando este cuerpo responda, nadie volverá a subestimarme.

Se levantó con esfuerzo, se sentó en el borde de la cama. Afuera, los sirvientes seguían vigilando, los guardias patrullaban. Pero había notado algo: durante el cambio de turno, al amanecer, los pasillos quedaban vacíos unos minutos. Todos estaban relevándose.

Ahí empezaré.

Se recostó, cerró los ojos. El cuerpo le dolía, la mente no dejaba de girar. Cuatro atacantes, un coche averiado, una pregunta de Alessio.

"¿Dónde aprendiste eso?"

No había respondido la verdad, no podía. Pero algo había cambiado. Alessio lo había mirado de otra forma, con curiosidad. Era una grieta, una pequeña grieta en la armadura del alfa.

Y pensaba ensancharla.

1
Amantedelpan
Espero con ansias cuando Renato y Ale se besen apasionados sin soltarse, y Renato se de cuenta de su atracción sin remedio por Renato 😁
Gracias por el cap🫶🫂
☆Nanu☆
me encanta esta tensión!!!😏 Ya quiero que Ren lo deje sin aliento, que Ale sienta lo que quiere provocar!!! un pequeñín cambio de roles 🤪🤓
Nerezka Martinez
claro que si , interesante muy interesante 👌😉😉
Maru19 Sevilla
Se están acercando 🤭
Marlucha💋
El café que yo tomo tiene Cardamomo!, sabroso!💜
Nidia Mojica
Renato Y Alessio ahí van. Con Marco y Rocco creo es mas complicado.
☆Nanu☆
los secundarios duros se ablandan!!! 😅😏
Ale cada día me gusta más, está aprendiendo a coexistir con todo lo que es y significa Ren. Todavía falta pero va por buen camino🤓🤓🤓
ILikeYourFather
👀
Nidia Mojica
Renato sabe lo que hace y Alessio poco a poco empieza a ceder.
Amantedelpan
Ya cayooooo😝
☆Nanu☆
que se traen Rocco y Marco???🤓
ILikeYourFather: sabia q no solo yo lo habia pensado
total 3 replies
Maru19 Sevilla
Quiera o no va ha reconocer la valía de Renato
🔪Rachell Foster 💕🇲🇽
Tension~
Nidia Mojica
Leo el capituoo casi sin respirar cuando esos dos se enfrentan 😱 pero me encanta.
Nidia Mojica
Masoquistas ambos 🤔.
Hanabi Montano: Dígamos que los atrae el desafío 🤭🤭 Les gusta lo que no pueden controlar fácilmente
total 1 replies
Marlucha💋
Eso si debió contarte admitirlo y decirlo Alessio!, pero es un gran paso sigue por ahí mijo☺️
Hanabi Montano: Poco a poco va reconociendo el valor de Renato, todavía le cuesta, pero ya es algo
total 1 replies
Marlucha💋
Uyyÿ! Renato eso si que fue un certero golpe al orgullo de Alessio🤭🤭
Marlucha💋
Ha!, aunque te duela Alessio? necesitas el consejo o estrategias de Renato
Marlucha💋
Pensarlo? si chiruli!, vas a consultarlo con Renato 🤭🤭
Rockxxo
me encantaaaaa🤭🤭🤭🤭
Hanabi Montano: Me alegra que estés disfrutando la historia 🥰🥰
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play