Florencia tuvo que sacrificarse por salvar a su hermano menor, vender su cuerpo por dinero, pero su sacrificio fue en vano.
Pero, esa noche tuvo consecuencias, y termina embarazada.
Ella lucha por salir adelante con sus hijos y su madre, sin saber que el hombre de aquella noche no puede olvidarla.
Shane Hillings estaba deprimido por su exnovia, quien le engañò de una forma cruel, estbaa tan mal que se sentía impotente como hombre, sin embargo, una noche con una mujer lo cambia todo, ahora obsesionado, solo quiere encontrarla, pero cuando piensa que ella no existe, decide olvidarla, hasta que un día la encuentra de nuevo ante él, como su empleada y con dos secretos de sangre que no puede ocultar, ¿puede el amor nacer de una noche de pasión?
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Capítulo: Mentirosa
Florencia se quedó congelada por un instante.
Fue solo un segundo, pero para ella el tiempo pareció detenerse por completo. Lo supo de inmediato.
No necesitó escuchar su voz ni verlo moverse demasiado. Bastó con esa mirada, con ese rostro que su memoria había guardado durante años, para que un escalofrío recorriera su espalda.
“Es él…”, pensó. Su corazón comenzó a latir con violencia.
“No… no puede ser.”
El miedo apareció primero. Un miedo profundo, antiguo, que creía enterrado para siempre.
Shane también se había quedado inmóvil.
Su rostro, que segundos antes había estado tranquilo, se volvió pálido como una hoja de papel. La expresión de sorpresa fue imposible de ocultar, y aquello no pasó desapercibido para Eugenio, que estaba de pie cerca del escritorio.
—¿Shane, estás bien? —preguntó con curiosidad.
Shane tardó un momento en responder. Parecía estar recuperando el aliento.
—Lo estoy… lo estoy —dijo finalmente, aclarando su garganta, como si necesitara reorganizar sus pensamientos.
Eugenio lo observó un segundo más, algo intrigado, pero luego suspiró.
—Llamaré a limpieza para que se encarguen del desastre —añadió, mirando los restos del café que se habían derramado en el suelo durante el pequeño incidente de hacía unos minutos.
Tomó el teléfono del escritorio y habló brevemente con recepción para pedir que enviaran a una empleada de limpieza.
Mientras tanto, Florencia permanecía en silencio.
Seria. Con la mirada baja.
Su mente estaba en otro lugar. Sabía perfectamente quién era él.
Y jamás… jamás había imaginado volver a verlo en su vida.
Una sensación de vértigo le recorrió el cuerpo. Sentía las manos frías, el pecho apretado, como si le faltara el aire. Durante un segundo temió que su cuerpo la traicionara, que sus piernas no pudieran sostenerla.
Pero se obligó a calmarse. Respiró profundamente. Se contuvo con todas sus fuerzas. No podía permitirse perder el control.
Cuando finalmente levantó la mirada, sus ojos se encontraron con los de él.
Ese azul grisáceo. Ese mismo azul que había sido imposible de olvidar.
En ese instante supo algo más. Él también la había reconocido. ¿O tal vez no?
Esa duda apareció como una chispa desesperada en su mente.
“Tal vez no…”, pensó con ansiedad.
“Tal vez para él solo soy una extraña.”
¡Cómo deseaba que así fuera!
Florencia se enderezó un poco y habló con una calma que no sentía.
—Mucho gusto, señor Hillings.
Su voz salió clara. Firme. Como si nada ocurriera.
Shane no respondió de inmediato.
Sus ojos permanecieron fijos en ella, con una mezcla de incredulidad y severidad. Parecía estar intentando descifrar algo invisible, algo que se escondía detrás de su rostro tranquilo.
Había algo más en su mirada.
Shane tragó saliva. Necesitaba recuperar el control.
No era un hombre que se dejara dominar por emociones repentinas. Había aprendido a dominarse. Siempre.
Pero en ese momento, algo dentro de él se agitaba con fuerza. Era una mezcla peligrosa de sorpresa, recuerdos y una extraña sensación que no lograba definir.
Se sentía como un adolescente enfrentado a una tormenta de emociones. Finalmente habló.
—Tome asiento.
Florencia obedeció de inmediato y se sentó frente a él. La mesa del despacho los separaba.
Shane tomó su currículo. Sus ojos lo recorrieron rápidamente.
Leía con rapidez, pero también con atención. No parecía haber nada extraño en su historial.
Era impecable. Aun así, buscó.
Buscó cualquier cosa que pudiera delatarla. Algo que confirmara sus sospechas. Pero no encontró nada.
Después de unos segundos levantó la vista.
Hizo preguntas sobre su vida, relativamente comunes en entrevistas de trabajo.
Shane apoyó el currículo sobre la mesa.
—Bien.
Sus ojos volvieron a recorrer el documento.
—Se graduó en la escuela de Monterrey con una beca académica de alto rendimiento.
Levantó ligeramente una ceja.
—Por lo que veo, es muy inteligente.
Florencia sintió que su cuerpo temblaba por dentro. Pero no dejó que se notara.
—Sí —respondió con serenidad—. Obtuve una beca y la mantuve gracias a mi promedio.
Shane la observó fijamente.
—Fue la mejor de su generación.
—Así es.
La respuesta salió firme. Sin vacilar. Shane volvió a bajar la mirada al documento.
—Después trabajó en Industrias Clare.
Hizo una pequeña pausa.
—¿Por qué motivo se fue de ahí?
Florencia guardó silencio durante unos segundos. Su mente buscaba la respuesta adecuada.
Pero antes de que pudiera hablar, el teléfono de Eugenio sonó. El hombre contestó rápidamente y luego se levantó.
—Debo atender esto afuera —dijo antes de salir del despacho.
En ese mismo momento, la empleada de limpieza que había entrado para recoger el café derramado terminó su trabajo y también salió.
La puerta se cerró suavemente. Y por primera vez…
Florencia y Shane quedaron completamente solos.
El silencio que se formó entre ellos era pesado. Florencia tomó aire y respondió.
—Decidí que no tenía más que aprender en Industrias Clare —dijo con seguridad—. Necesitaba un desafío mayor para crecer profesionalmente, y esta empresa me pareció la mejor opción.
Era una respuesta sólida. Convincente.
Pero Shane no parecía satisfecho. Sus ojos se estrecharon ligeramente.
Observaba cada detalle. Cada gesto. Cada respiración.
Era como si estuviera analizando cada palabra, cada movimiento de su rostro, cada matiz en su voz.
Su mirada era intensa. Demasiado intensa.
Florencia sintió un ligero escalofrío. Pero sacó fuerza de lo más profundo de su interior para mantenerse firme.
Shane finalmente habló.
—No parece lógico, señorita Florencia.
Sus palabras fueron frías.
—Según este documento, usted se postuló a nuestro puesto cuando ya estaba desempleada.
Dejó el currículo sobre la mesa.
—Eso me indica que dejó Industrias Clare por alguna razón que está ocultándome. Sus ojos se clavaron en los de ella.
—Y a mí no me gusta la gente que miente.
Florencia sintió cómo un escalofrío le recorría el cuerpo.
Su mente quería huir de los recuerdos. De las emociones.
De todo aquello que la conectaba con él.
Sabía que estaba nerviosa. Si sus manos no estuvieran escondidas bajo la mesa, Shane habría notado que temblaban como hojas frágiles movidas por el viento.
—Estaba agotada de ese trabajo —respondió—. Quería nuevos desafíos…
—¡No me mienta!
La voz de Shane resonó con fuerza en el despacho.
Florencia se quedó completamente inmóvil. La sorpresa la dejó sin palabras por un segundo.
Shane la miraba con dureza.
—Odio a las mentirosas —añadió con un leve tono de sarcasmo.
Florencia sintió un nudo en la garganta. Pero se obligó a mantener la cabeza en alto.
—Yo no miento.
😡😡😡
Ella lo hizo una sola vez, no se dedicó a eso y lo hizo por necesidad
Respiro con un solo pulmón... 🎵🎶😭