✅️Tras ser traicionado y reducido a una sombra, el brillo de Ian se apagó. Pero Ronen, un alfa de fuerza serena, llega para ser su escudo. Entre acordes rotos y traumas del pasado, su amor incondicional será la melodía que cure al omega, devolviéndole su voz y su lugar bajo el sol.
Esto puro amor😍✅️
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El eclipse no se había ido del todo
El edificio de la agencia se levantaba como un gigante de cristal y acero, un lugar que Ian solía considerar su templo y que ahora sentía como una jaula. Mientras caminaban hacia la entrada, Ian sentía que sus pulmones se cerraban. El aire acondicionado del vestíbulo estaba demasiado frío, o quizá era su propio miedo el que le helaba la sangre.
-Respira, Ian. Tu aroma te delata.- Susurró el guardaespaldas a su lado.
El alfa no vestía de traje como los ejecutivos, llevaba una chaqueta de cuero oscuro y una mirada que hacía que los guardias de seguridad se hicieran a un lado sin preguntar. Su aroma a eucalipto no era una caricia esta vez. Era un muro de advertencia, una fragancia eléctrica que decía: “No se acerquen”.
Al entrar en la sala de juntas, el olor lo golpeó antes que la imagen. Tierra mojada y cedro. Era un aroma denso, que recordaba a un bosque podrido después de una tormenta. Ian sintió un mareo súbito. Era el olor de su trauma. Allí, sentado con arrogancia a la cabecera, estaba él: Samuel, el alfa que le había robado todo.
-Vaya, vaya… pero si el pequeño omega ha decidido salir de su agujero.- Dijo Samuel con una sonrisa cínica, sin levantarse -Y viene con compañía. ¿Un nuevo juguete, Ian?-
Ian se quedó paralizado en la puerta. Sus dedos buscaron instintivamente algo a lo que aferrarse, y encontraron el antebrazo de Ronen. El alfa no se movió ni un milímetro, pero Ian sintió cómo los músculos bajo la chaqueta se tensaban como cuerdas de acero.
-Soy Ronen, su jefe de seguridad.- Su voz no era un grito, era un trueno bajo que silenció el aire acondicionado de la habitación -Y tú vas a cuidar tu lengua si no quieres que esta reunión termine antes de empezar.-
Samuel soltó una carcajada, liberando una ráfaga de sus feromonas de tierra mojada para intentar intimidar. Era una técnica de alfa común: marcar el territorio con olor para someter a los omegas presentes. Ian bajó la cabeza, su aroma a lavanda volviéndose agrio, casi desapareciendo bajo el peso del aroma de Samuel.
Pero entonces, ocurrió algo que Ian nunca había presenciado.
Ronen dio un paso al frente, colocándose directamente entre Ian y Samuel. No hizo falta que gritara. Simplemente liberó su presencia de alfa dominante inusual. El aroma a sol de primavera se volvió un calor abrasador, un estallido de luz que barrió la humedad podrida del cedro de Samuel. Fue una limpieza sensorial instantánea.
-Tu truco de feria no funciona conmigo.- Ronen a Samuel a los ojos con una intensidad ámbar que hizo que el otro alfa retrocediera involuntariamente en su silla -Estás en presencia de un alfa dominante de verdad. No vuelvas a intentar someter a Ian con tu basura.-
Milo, el manager, que estaba sentado a un lado sudando frío, aprovechó el silencio para intervenir.
-Samuel, la demanda que pusiste no tiene pies ni cabeza. Los registros de composición de "Eclipse" están a nombre de Ian.
-Yo ayudé a escribirla.- Mintió Samuel, recuperando algo de compostura pero evitando mirar a Ronen- Ian no es nada sin mí. Es un omega roto que no puede ni mirarse al espejo. ¿Quién le va a creer a él?-
Ian, escondido tras la espalda de Ronen, sintió una rabia que empezaba a arder bajo su miedo. El calor que emanaba de el alfa lo estaba alimentando. Por primera vez, en lugar de hundirse, Ian dio un paso hacia afuera, asomándose por el costado del brazo de su protector.
-Tú no escribiste ni una sola nota.- Dijo Ian. Su voz temblaba, pero no se rompió -Me robaste el dinero, me robaste la paz, pero la música salió de mi dolor, no del tuyo.-
Samuel se levantó, enfurecido por el desafío. El olor a cedro se volvió picante, agresivo.
-¡Cállate! Eres propiedad de esta agencia y…-
Antes de que Samuel pudiera dar un paso hacia Ian, la mano de Ronen se estampó contra la mesa de cristal, provocando una vibración que hizo saltar las tazas de café.
-Él no es propiedad de nadie.- Sentenció. Su aroma a eucalipto ahora era tan frío como el hielo y tan cortante como una navaja -La reunión ha terminado. Los abogados de la agencia hablarán con los tuyos. Y si vuelves a acercarte a menos de cien metros de él, te aseguro que el aroma a tierra mojada será lo último que sientas antes de que te entierre en ella.-
La autoridad en la voz de Ronen era absoluta. Samuel, humillado y superado biológicamente por un alfa mucho más poderoso, guardó sus papeles con manos temblorosas y salió de la sala sin mirar atrás.
Cuando la puerta se cerró, el silencio regresó, pero esta vez era un silencio de victoria. Ian se dejó caer en una silla, sintiendo que sus huesos se volvían gelatina. El aroma de la habitación ya no era podrido. El alfa lo había purificado todo.
El alfa se arrodilló frente a él, ignorando a Milo y a los abogados. Tomó las manos frías de Ian entre las suyas y sopló aire caliente sobre ellas.
-Lo hiciste muy bien, pequeño.- Sus ojos volvieron a su marrón suave y cálido -Le hablaste de frente. Eso es más valiente que cualquier canción.-
Ian miró a Ronen y, por primera vez, el aroma a miel volvió de forma natural, inundando el espacio con una dulzura pura y vibrante. Era una miel que ya no estaba escondida.
-Me protegiste.- usurró Ian, apretando las manos del alfa -Nadie me había protegido así antes.-
-Es lo que hace la familia.- Respondió Ronen, poniéndose de pie y ayudándolo a levantarse -Y hablando de eso, mi madre ya preparó la cena. Creo que es momento de que salgas de esta oficina y vengas a un lugar donde el aire sea limpio de verdad.-
Ian asintió. Mientras salían del edificio, el joven omega se dio cuenta de que, aunque el eclipse no se había ido del todo, la sombra ya no le impedía ver el camino. Tenía a un alfa a su lado que olía a sol, y por primera vez en años, Ian no tenía miedo de quemarse.