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“Cuando La Luz Se Rompe”

“Cuando La Luz Se Rompe”

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Venganza / Fantasía épica
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: kingofcurses_rb.

Magia, traición y un juramento silencioso marcan el inicio de una historia donde la inocencia se convierte en determinación. En un reino construido sobre mentiras, incluso las almas más puras pueden oscurecerse.

NovelToon tiene autorización de kingofcurses_rb. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: La Semilla de la Traición

La noche había caído sobre la residencia del clan Sato.

Las lámparas de aceite iluminaban los pasillos de mármol con una luz elegante y fría, reflejándose en paredes pulidas y adornos de oro que parecían más símbolos de arrogancia que de riqueza.

Todo en esa casa hablaba de poder.

Pero no de paz.

Nunca de paz.

 El Orgullo Herido

Sato estaba de pie frente a la gran ventana de la sala principal, con una copa intacta sobre la mesa y los puños cerrados a su costado.

No había podido soportarlo.

No la pelea.

No la derrota.

Ni siquiera los golpes.

Lo que realmente lo estaba destruyendo…

Era la humillación.

La voz de Himari seguía resonando en su cabeza.

“Mi hermano es más hombre de lo que tú eres, Sato.”

Esa frase lo había cortado más profundo que cualquier puño.

Porque no había sido solo rechazo.

Había sido desprecio.

Y peor aún…

Había sido frente a otros.

Frente a testigos.

Frente a una academia entera.

Y Sato no era alguien que supiera perder.

Ni con dignidad.

Ni con silencio.

 La Decisión Más Cobarde

La puerta de la sala se abrió con suavidad.

Su padre entró sin prisa, con las manos detrás de la espalda y esa expresión de hombre que solo respetaba la utilidad.

No preguntó cómo estaba.

No preguntó qué sentía.

Solo lo miró.

Como si evaluara si seguía siendo digno de existir en su apellido.

Sato no se giró de inmediato.

Pero habló con la voz cargada de veneno.

—Ya fui humillado por esa maldita.

Su padre no respondió.

Sato finalmente volteó.

Sus ojos estaban llenos de rencor.

—Y no quedará así.

El hombre alzó apenas una ceja.

—¿Ah, no?

Sato dio un paso hacia adelante.

—Quiero que le digas al rey que hay un traidor en la casa de los Suzuki.

El silencio que siguió fue breve…

Pero pesado.

Porque esa frase no era una rabieta.

Era una sentencia.

Y ambos lo sabían.

Sato continuó, con una calma que daba más miedo que cualquier grito.

—Si los marcamos como enemigos del reino… nadie preguntará nada.

Sus ojos se afilaron.

—Y así acabaremos con ellos.

 El Padre Sonríe

Durante unos segundos, el padre de Sato solo lo observó.

Y luego…

Sonrió.

No con orgullo paternal.

No con aprobación sana.

Sino con esa clase de satisfacción torcida que solo siente alguien al ver crecer la crueldad en otro.

—Al fin tomas una buena decisión en tu vida, mocoso.

Sato no respondió.

Pero algo en su pecho se sintió más liviano.

No porque estuviera bien.

Sino porque por primera vez desde su humillación…

Sentía que recuperaba control.

Su padre caminó hacia la mesa y tomó la copa.

—En este reino —dijo con calma— la verdad no importa.

Le dio un pequeño sorbo.

—Importa quién habla primero.

Sato bajó apenas la mirada.

Escuchaba con atención.

Como si esas palabras fueran una lección más valiosa que cualquier clase de la academia.

—Un pobre no necesita ser culpable para morir —continuó el hombre—. Solo necesita no tener a nadie que lo defienda.

La frase cayó como una losa.

Cruel.

Simple.

Real.

Y por eso mismo…

Aterradora.

 La Mentira Perfecta

El padre de Sato se acercó a un pequeño escritorio donde descansaban varios documentos sellados.

Abrió uno.

Lo observó.

Luego habló sin mirar a su hijo.

—Tu familia tiene vínculos con la corte. Yo tengo acceso a ciertos oídos dentro del consejo del rey.

Levantó la vista.

—No será difícil sembrar la idea de que los Suzuki esconden información, recursos… o simpatías con enemigos de la corona.

Sato sonrió por primera vez esa noche.

Una sonrisa oscura.

Pequeña.

Pero llena de intención.

—No quiero solo que sufran —dijo—. Quiero que lo pierdan todo.

Su padre lo observó.

Y por primera vez en mucho tiempo…

Pareció verlo como un verdadero heredero.

No por talento.

No por poder.

Sino por algo peor.

Por haber aprendido a usar la podredumbre del sistema.

 Mientras Tanto…

Muy lejos de esa mansión…

En una casa pequeña del barrio bajo, la familia Suzuki dormía bajo el mismo cielo.

Sin saber que sus nombres ya estaban siendo manchados.

Sin saber que una mentira había sido elegida como arma.

Sin saber que, en una sala llena de lujo, se había decidido convertir su existencia en una amenaza para el reino.

Y eso era lo más cruel de todo.

No estaban en peligro por lo que habían hecho.

Estaban en peligro por lo que alguien poderoso había decidido decir de ellos.

 El Primer Paso Hacia la Tragedia

Antes de retirarse, el padre de Sato dejó una última frase en el aire:

—Prepárate.

Sato lo miró.

—¿Para qué?

El hombre acomodó su túnica con frialdad.

—Para ver cómo el reino destruye a quien se atrevió a tocarte.

La puerta se cerró detrás de él.

Sato quedó solo en la sala.

Y mientras la luz de las lámparas dibujaba sombras largas a sus pies…

Su sonrisa se hizo un poco más amplia.

Porque ahora ya no necesitaba ser más fuerte que Asahi.

Solo necesitaba que el reino lo aplastara por él.

Y eso…

Eso era mucho más cobarde que cualquier golpe.

 Capítulo 9 – Parte 2

La Noche de la Mentira

La sala quedó en silencio después de aquella decisión.

Solo se escuchaba el leve crujido de la madera en la chimenea y el sonido del vino moviéndose dentro de la copa del padre de Sato.

Sato seguía de pie.

Tenso.

Con la respiración más estable ahora, como si el simple hecho de imaginar la caída de los Suzuki le hubiera devuelto parte de su orgullo.

Su padre lo observó por unos segundos más.

Luego dejó la copa sobre la mesa con total calma.

—Mocoso… —dijo con voz baja— esto será esta misma noche.

Sato levantó la mirada.

Por un instante, incluso él pareció sorprendido.

—¿Tan rápido?

Su padre soltó una pequeña risa seca.

—¿Qué creías? ¿Que iba a dejar enfriar una oportunidad así?

Se acercó lentamente.

Cada paso suyo parecía más pesado que el anterior.

No por fuerza.

Sino por intención.

—La humillación solo sirve si se responde antes de que el mundo la olvide.

Sato apretó la mandíbula.

Tenía sentido.

En una academia, los rumores nacían rápido… pero también morían rápido si algo peor los reemplazaba.

Y si esa misma noche la casa Suzuki era marcada como sospechosa ante el reino…

Todo cambiaría.

Asahi dejaría de ser “el chico que lo golpeó”.

Pasaría a ser algo más útil.

Algo más despreciable para la corte.

Un posible enemigo.

Un posible traidor.

Y una vez que el reino ponía esa palabra sobre alguien…

Ya no necesitaba pruebas.

 Una Orden Fría

El padre de Sato se detuvo frente a él.

Su sombra cayó sobre el rostro de su hijo.

—Así que más te vale mantenerte callado.

Sato frunció levemente el ceño.

—¿Callado?

—Sí —respondió el hombre con frialdad—. No vas a hablar de esto con nadie. No con tus compañeros. No con tus tíos. No con los sirvientes.

Lo señaló con un dedo firme.

—Y mucho menos con esa chica.

El tono de desprecio con el que se refirió a Himari fue tan seco como habitual.

—Si alguien sospecha que esto nace de tu orgullo herido… perderá valor.

Sato cruzó los brazos.

—No soy estúpido.

El padre de Sato lo miró con una expresión vacía.

—No. Pero eres impulsivo. Y los impulsivos arruinan las mejores jugadas.

Sato guardó silencio.

Porque, aunque odiaba admitirlo…

Sabía que era cierto.

Él había intentado resolverlo con fuerza.

Con presencia.

Con intimidación.

Y había perdido.

Ahora estaba entrando en el terreno de su padre.

El de las sonrisas falsas.

El de las palabras medidas.

El de destruir sin mancharse las manos.

 Cómo Se Fabrica un Enemigo

El hombre caminó hacia su escritorio y abrió uno de los cajones.

Sacó un pequeño sello con el emblema de un funcionario menor de la corte.

Lo giró entre sus dedos como si no fuera más que una herramienta cualquiera.

—No se necesita una gran mentira para destruir a alguien —dijo sin mirar a Sato—. Solo una mentira creíble.

Tomó una hoja de papel.

—Basta con insinuar que el padre de familia ha estado ocultando información.

Escribió algunas líneas.

—Basta con decir que la casa Suzuki mantiene contacto sospechoso con personas del sur.

Otra línea.

—Basta con mencionar la palabra “traición” en el oído correcto.

Levantó apenas la vista.

—Y el resto lo hará el miedo del reino.

Sato lo observó en silencio.

No con admiración.

Sino con una especie de atención amarga.

Porque esa era la clase de hombre que lo había criado.

Y aunque lo despreciaba…

También estaba aprendiendo de él.

 El Precio de la Cobardía

—¿Y si preguntan por pruebas? —murmuró Sato.

Su padre sonrió apenas.

—Las pruebas llegan después.

Sato frunció el ceño.

—¿Y si no encuentran nada?

El hombre dejó la pluma.

Entonces dijo la frase más cruel de toda la noche:

—Si no encuentran nada… lo inventarán.

Silencio.

Pesado.

Brutal.

Simple.

Sato no respondió.

No porque estuviera sorprendido.

Sino porque esa respuesta le resultaba demasiado lógica para el mundo en el que había crecido.

Y eso…

Eso decía mucho más del reino que de ellos.

 Bajo el Mismo Cielo

Mientras la tinta se secaba sobre aquella mentira cuidadosamente escrita…

La familia Suzuki dormía sin saber que su nombre ya estaba siendo arrastrado hacia la oscuridad.

Kenji, cansado del trabajo. Aiko, aferrada a la rutina. Himari, inquieta por su hermano. Asahi, consumiéndose en silencio por un poder que apenas comprendía.

Todos bajo el mismo techo.

Todos todavía juntos.

Todos todavía humanos.

Sin saber que en unas pocas horas…

El reino empezaría a mirarlos como si no lo fueran.

Y lo peor de todo…

Era que ni siquiera sería por algo que hubieran hecho.

Sino por el orgullo podrido de un cobarde incapaz de aceptar una derrota.

Fin del Capítulo 9 – Parte 2

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